jueves, 16 de enero de 2014

Pedagogía del insulto

ACERCA DEL INSULTO COMO DOCENCIA.

Notable cambio de ruta iba a denotar, para la Iglesia, aquel discurso inaugural del Concilio Vaticano II en el que Juan XXIII, recordando la severidad con la que el magisterio hubo siempre condenado los errores, propuso para «nuestro tiempo [...] usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad». La increíble razón de este viraje la expuso el propio Papa a continuación: «no es que falten doctrinas falaces, opiniones y conceptos peligrosos, que [se] precisa prevenir y disipar; pero se hallan tan en evidente contradicción con la recta norma de la honestidad, y han dado frutos tan perniciosos, que ya los hombres, aun por sí solos, están propensos a condenarlos».
La experiencia posterior dio acabada cuenta de cuán prestos se hallan los hombres para condenar por sí solos el error. La Iglesia infestada, que no ya el mundo, señala el tenor de la clarividencia de este Papa, próximo a ser elevado a los altares. Pero el objeto de esta nota no es quitar las motas del ojo de Roncalli sino, comprobada la solícita aplicación del programa expuesto por aquél en todo el magisterio posterior -que conoce menos de anatemas que un bacalao las altas cumbres-, constatar, bajo Francisco, un tan inopinado como nervioso "retorno al viejo estilo". Entiéndase: no es que Bergoglio se muestre dispuesto a repetir, con Gregorio XVI, ni la menor acusación contra «aquel falaz sistema de filosofía, ciertamente reprobable, no ha mucho introducido, en el que por temerario y desenfrenado afán de novedades, no se busca la verdad donde ciertamente se halla, y desdeñadas las santas y apostólicas tradiciones, se adoptan otras doctrinas vanas, fútiles, inciertas y no aprobadas por la Iglesia...» (Enc. Singulari nos, DZ 1617), ni a embestir con León XIII a la masonería, previniendo a los fieles contra la apariencia de honestidad de algunos de los adscritos a la misma: «puede, en efecto, parecer a algunos, que nada exigen los masones que sea contrario abiertamente a la santidad de la religión y de las costumbres; mas como la razón y causa toda de la secta está en el vicio y la infamia, justo es que no sea lícito unirse con ellos» (Enc. Humanum genus, DZ 1859). Ni el objeto de los ataques del Neopapa es afín al usitado, ni el lenguaje que emplea se parece en nada al de los Papas de antaño. Pero con Bergoglio, cosa perimida desde el advenimiento del «Papa bueno», vuelve la artillería oral por sus fueros.
Así lo demuestra, por si nuestros oídos no se hubieran aún percatado, la jocosa iniciativa de un inglés que hace honor al sense of homour de los de su raza. No bien comenzado el último Adviento, adelantó la salida para Navidad de un «Pequeño libro de los insultos del Papa Francisco» al costo de 6,99 libras esterlinas, pero con la posibilidad de obtener un 20% de descuento si se osara apostrofar al cajero de la librería con alguno de los insultos consignados abajo:
¡Vieja camarera!
¡Promotor de coprofagia!
¡Especialista del Logos!
¡Contador de Rosarios!
¡Funcionario!
¡Ensimismado, prometeico y neo-pelagiano!
¡Restauracionista!
¡Pelagiano!
¡Don y doña Quejido!
¡Triunfalista!
¡Cristiano líquido!
¡Momia de museo!
¡Príncipe renacentista!
¡Obispo de aeropuerto!
¡Ideólogo del Logos!
¡Cortesano leproso!
¡Ideólogo!
¡Cara larga, lúgubre cristiano de funeral!
¡Gnóstico!
¡Obispo carrerista!
¡Amargado!
¡Simulador!
¡Obsesivo de la liturgia!
¡Decidor de oraciones!
¡Autoritario!
¡Elitista!
¡Pesimista quejumbroso y desilusionado!
¡Cristiano triste!
¡Niños! ¡Temerosos de bailar! ¡Llorones! ¡Temerosos de todo!
¡Requeridor de certezas en todo!
¡Cristiano cerrado, triste, atrapado, no un cristiano libre!
¡Cristiano pagano!
¡Pequeño monstruo!
¡Cristiano derrotado!
¡Recitador del Credo, cristiano papagayo!
¡Cristiano de fe aguada, débil de esperanza!
¡Golpeador inquisitorial!
¡Seminaristas que aprietan los dientes y aguardan terminar, observan reglas y sonríen, revelando la hipocresía del clericalismo -uno de los peores males!
¡Ideólogo abstracto!
¡Fundamentalista!
¡Adorador de sacerdotes, zalamero!
¡Devoto del dios Narciso!
¡Cura vanidoso como mariposa!
¡Cura chanchullero!
¡Cura magnate!
¡Religioso que tiene un corazón ácido como el vinagre!
¡Patrocinador del veneno de la inmanencia!
Por supuesto que hay muchos más, que extenderían la lista fatigosamente. Importa advertir, con el compilador, que este volumen no debe ser confundido con «El pequeño libro de los indultos del Papa Francisco», a editarse en el curso del corriente año, primero en Alemania y luego en el resto de Europa.
Tomado de:

martes, 14 de enero de 2014

¿Perón masón?


3. EL GALLO DE LA VELETA.
¿Perón masón...? Habrá opiniones diversas. Por nuestro lado nos inclinamos por la hipótesis de Ubaldini ("ni lo uno ni lo otro"). Perón era peronista; el primer peronista. Ni católico, ni masón, ni liberal (10), ni fascista,(11) ni tercer-mundista, ni socialista. Sólo peronista; es decir: narcisista, ególatra. El deseaba todo el poder posible para sí. Como, además, era maquiavelista y amoral, (12) había resuelto que le convenía tener a mano en su entorno a católicos y masones, por partes iguales, con el fin de controlarlos. Otro tanto hizo con los comunistas, vgr., los casos de Puiggrós y Gelbard(13).
Empero, maguer su defensa del terrorismo (14) con la guerrilla montonera se equivocó en el juego, y el castrismo lo superó.
En ese orden egocentrista, existe también un relato digno de releer.
Lo proporciona el novelista de izquierda Tomás Eloy Martínez en un libro que lo hizo famoso. En él expone que habiendo ido a Puerta de Hierro, en Madrid, para entrevistarse con Perón, con la presencia del secretario José López Rega, se planteó el tema de la posición del Líder durante la Revolución del 6 de setiembre de 1930.
A raíz de ello, Martínez preguntó cuál de las dos versiones escritas de Perón era la verdadera, de si estuvo a favor o en contra de aquella Revolución. Entonces, narra Martínez:
“¿Se da cuenta mi General? López apaga el grabador. Con tanto zigzag es fácil desorientarse... Lo que quiero es que elija una sola versión para los hechos. Una sola: la que fuere.
Ahora el General suelta una carcajada. Tranquilícese, hombre. ¿Eso era todo? Vea cómo son las cosas. Si he vuelto a ser protagonista de la historia una y otra vez, fue porque me contradije. Ha oído ya la estrategia de Schliefen. Hay que cambiar de planes varias veces al día y sacarlos de a uno, cuando nos hace falta. ¿La patria socialista? Yo la he inventado. ¿La patria conservadora? Yo la mantengo viva. Tengo que soplar para todos lados, como el gallo de la veleta. Y no retractarme nunca, sino ir sumando frases. La que hoy nos parece impropia puede servirnos mañana. Barro y oro, barro y oro... Usted bien sabe que yo no digo malas palabras, pero para la historia no hay sino una. La historia es una puta, López. Siempre se va con el que paga mejor".(15)
No dos, sino tres versiones diferentes, aunque sean contradictorias entre sí. Ese era Perón. De lo cual se infiere que el tema abordado queda inmerso en ese tembladeral del "gallo de la veleta". Sólo sobrevive una certeza. La Masonería estuvo muy cercana a Perón. Punto; o mejor dicho: tres puntos.

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(10) El Dr. Hugo Esteva ha aclarado: "He sido primo hermano de César de la Vega, Grado 33 y Gran Maestre de la Masonería local en los años setenta... Poco después de la guerra de Malvinas, de la Vega me transmitió que había sido expulsado de su logia por haber apoyado la posición argentina" en "Patria ArgentinaBuenos Aires, marzo de 2012, pág. 7.
(11) González, Julio: "Isabel Perón. Intimidades de un GobiernoBuenos Aires, El Ateneo, 2007, págs. 218, 275; cfr. Sequeiros, Octavio Agustín: "Nota bibliográfica" en "Gladius", Buenos Aires, n° 71, Pascua 2008, pág. 195.
(12) Hay, por cierto, para escándalo de fascistas y marxistas, un Perón liberal. Ver al respecto: Quatrocchi-Woisson, Diana: "Los males de la memoria" Buenos Aires, Emecé, 1995; Castro, Jorge: "Las raíces liberales de Perón" en "La Nación", Buenos Aires, 6 de setiembre de 2012, Opinión, pág. 33; Chaves, Claudio: "Perón liberal", Buenos Aires, La patria grande, 1999; Rein, Raanan: "Peronismo, populismo y política", Buenos Aires, Universidad de Belgrano, 1998.
(13) El TCnl. Augusto Serafín Maidana reveló en alguna oportunidad que hacia 1940 había estado comisionado en el norte de Italia, en regimientos alpinos, junto a Perón. Aseguró que jamás bajaron a Roma, y que, por lo tanto, no pudieron ver a Mussolini en ninguna oportunidad. Al empezar la guerra, salieron directamente hacia España, desde donde regresaron a la Argentina. Luego, toda esa versión de Perón de haber aprendido el sentido del fascismo, en conversación directa con el Duce, era otro de los inventos de ese gran fabulador que engañó con su histrionismo a tantos argentinos.
(14) El Padre Hernán Benítez, asesor de Eva Perón, juzgaba a Juan Domingo Perón de la siguiente manera: "Visto el hombre a la distancia desaparecen en él sus contradicciones, su narcisismo, su infantilismo, su cobardía, su terror al sufrimiento, a la indigencia, a la enfermedad, a la muerte... Como hombre un cobarde, un cobarde memo... Perón es un peligro... El Perón-mito, el que el pueblo defiende defendiéndose, ¿se da de patadas con el Perón real? Dolorosamente así dicen. Yo sin embargo no me resigno a convencerme del todo... Todo lo ve con la pasmosa superficialidad de su libro «La Fuerza»... Si mañana vuelve, ¿volverán con él los babosos Méndez San Martín, Mendé y la Parodi? ¿Volverán las motonetas, los casquetes y las cascabeladas? ¡Ah, no! Entre ese Perón y este Aram buru... me meto a cartujo. Pone frío pensar que aquél pueda volver y éste continuar... En resumen: el pueblo está encariñado con Perón-mito (Primer hecho). Perón-real es ya la negación del Perón-mito (Segundo hecho)". Por su parte, Arturo Jauretche le escribía al Padre Benítez que en Perón "no hay el menor tono de austeridad y grandeza" en Cichero, Marta: "Cartas PeligrosasBuenos Aires, Planeta Espejo de la Argentina, 1992, págs. 95, 93, 120, 121, 115.
(15)  "Notablemente Perón, cuando retorna de su exilio en 1973, insiste en mirar a Moscú como apoyo político-económico... Cuenta para la propuesta tan audaz con un operador confiable, tanto para él como para los soviéticos: José Ber Gelbard... Perón sabía con quién operaría la apertura al Este europeo cuando pensó en Gelbard como futuro ministro de Economía del peronismo. Gelbard fue la garantía. El viejo general no podía desconocer que su antiguo aliado en la Confederación General Económica (CGE) de los años 50 era un hombre del aparato económico-financiero-informativo del PCA (Partido Comunista Argentino)... El astuto general no podía ignorar el prontuario del elegido... Gelbard fue parte... del grupo de finanzas comunistas más sofisticado y secreto... el acercamiento de Gelbard a Perón es parte de un proyecto político que encuentra eco en Moscú" cfr. Gilbert, Isidoro (ex jefe de la Agencia Tass en Buenos Aires): "El oro de Moscú. Historia secreta de la diplomacia, el comercio y la inteligencia soviética en la Argentina", Buenos Aires, Sudamericana, 2007, págs. 13, 349- 350, 352.
(16) Conviene tener presente estas epístolas: a José Alonso, sobre Vandor: "En política no se puede herir hay que matar. Deberá haber solución definitiva, sin consultas", "La sociedad de consumo debe morir de muerte violenta" (27 enero 1966). A Carlos Maguid: "Ya el pueblo argentino se encargará de liberarlo junto con la patria y entonces faltarán árboles en Buenos Aires para hacer efectiva una justicia... La guerra revolucionaria en la que estamos empeñados contra la canalla dictatorial, se intensificará cada día" en Baschetti, Roberto (compilador): "Documentos 1955-1973. De la guerrilla peronista al gobierno popular", La Plata, De La Campana, 1995, pág. 135. Tal como apunta María Matilde Ollier: "Jamás Perón desautorizó ningún acto de ¡os grupos guerrilleros durante el período previo al triunfo electoral de 1973" en "El fenómeno insurreccional y la cultura política (1969-1973)", Buenos Aires, CEAL, 1986, págs. 61, 60.
(17) Martínez, Tomás Eloy: "La novela de Perón", Buenos Aires, Legasa, 1985, págs. 217-218.

Tomado de:
DIAZ ARAUJO, E. Perón a tres puntos. En rev. Cabildo, n. 106, (2013), Bs. As., pp. 29-30.

domingo, 12 de enero de 2014

Bruckberger: María Magdalena

El amigo Jack Tollers ha concluido su traducción de un libro de Bruckberger. Su introducción se ha publicado en Wanderer y la reproducimos aquí:


¡Qué libro! ¡Qué tema! ¡Qué santa! Se trata de "María Magdalena", escrito por el P. Bruckberger O.P. y publicado en 1952, después de lo cual… no se reeditó (hay una versión electrónica de 1992, pero me parece que no cuenta).
¡Desapareció! Son una de esas cosas que si no existiese el demonio no se podría entender. Por ejemplo, "Los cuatro amores" de Lewis estuvo"out of print" durante más de 20 años, explíquenme eso, semejante librazo… y "Ortodoxia", quizá el libro más importante de Chesterton, ha sido pésimamente traducido al castellano, no menos de cinco veces (al punto de convertirlo en prácticamente ilegible). Sí, el diablo existe.
Pero Dios también, no vayan a creer.
Yo vengo leyendo al viejo Bruck desde que descubrí su "Carta abierta a Jesucristo" hace cosa de treinta años atrás (publicado por Emecé, o tempora, o mores). Después leí su "Vida de Jesucristo" (que se encuentra en www.conoze.com y que se puede descargar gratis) y algunas cositas más, algunas perfectamente horribles como su defensa del Capitalismo y otras yerbas de las que no me quiero acordar.
Pero, Bruck es Bruck, tiene un genio incomparable para las cosas del Evangelio, para la interpretación de la Escritura, sabe de psicología, de exégesis, de moral y de hombres, de pueblos y de regiones, de lenguas y de lugares; sabe con un saber y un sabor enteramente originales…
Yo sabía de su afición por María Magdalena y que algo había escrito sobre la gran santa, pero no había caso, este libro que les cuento, estaba agotado (y no había descubierto la versión para el Kindle). Entonces, se me ocurrió buscarlo en inglés y ¡arripoa!, apareció en una librería de viejo en Ohio que me lo envió a casa en menos de lo que canta un gallo, milagro del ciber-espacio.
Ahora, ¿traducir un texto francés, a su vez traducido al inglés, para ponerlo en castellano? Bueno… como verán, si quieren, se puede hacer si la primera versión es tan buena como la de H.L. Binsse.
La mía, me parece, tampoco está mal y salvo en el caso de un párrafo, presumo haber entendido perfectamente lo que Bruck quería decir (el párrafo ese, de apenas dos renglones, terminó suprimido, qué le vamo'a hacer).
Pero volvamos al libro. Quien lo lea verá que Bruck entiende cosas difíciles: la psicología de una mujer prostituída, la psicología de Cristo, cómo juegan los afectos en la vida espiritual, qué cosa es un exorcismo, en qué términos se convirtió María Magdalena, por qué Cristo la quiso tanto y mucho, muchísimo más. Este es, insisto, un libro genial.
Y atrevido. Como botón de muestra, fíjense cómo se dirige al asuntito este, tan traído y llevado, de la relación entre la santa y su Redentor:
Si hemos de hacer un retrato perfectamente honesto de María Magdalena, hay una cuestión que no podemos eludir. ¿Cuál era, exactamente, la naturaleza de eso que sentía, qué cosa era el sentimiento que la unía a Cristo? Está muy bien llamarla la Bienamada de "El Cantar de los Cantares", pero en el teclado de los afectos humanos, ¿qué nota estamos tocando al decir esto? Cuando, recurriendo al lenguaje poético, decimos que María Magdalena es la Bienamada del "Cántico", ¿acaso queremos expresar lo que en prosa equivale a decir que estaba enamorada de Cristo? A menos que convirtamos a Cristo en una figura enteramente abstracta y transformemos a María Magdalena en una criatura inerte, no podemos escaparle a este asunto. Y por cierto, sabemos perfectamente que con ser Dios, no por eso el Cristo dejaba de ser un hombre muy concreto, vivo, en verdad todo un hombre; y que María Magdalena era una mujer.
Y no, no pienso transcribir lo que sigue, cómo resuelve Bruck el espinoso tema, saliendo del laberinto por las alturas—y conservando todos y cada uno de los afectos humanos intactos.
Y cómo Cristo amó a esta mujer, y cómo la prefería…
Para ver eso, el lector tendrá que leer este libro.
Bruck, como hemos dicho, interpreta a la perfección cosas difíciles, por ejemplo qué cosa es el fariseísmo (y cómo se cuela entre nosotros):
Pascal nos dice que hay dos clases de hombres: pecadores que se creen justos y justos que se creen pecadores. Mediante sus hechos y el perdón que le fue concedido, esta mujer desencadenó el inmenso malentendido que hay respecto de la vieja y la nueva Ley, un malentendido que persiste en la conciencia de muchos bautizados que, por vocación, pertenecen a la Nueva Alianza, y que, sin embargo, por razón de su formación o quizá por una cuestión de reflejos, aún pertenecen a la Antigua. Son innumerables los cristianos de nuestras parroquias (y se los hallará incluso allí donde hay gente consagrada a la vida religiosa) que aún retienen la noción de una pureza legal que los dispensaría de toda humildad, cuando no de la caridad misma: con tal de que se sientan en paz en lo que a la observancia de reglas externas se refiere y si no por otra cosa, por lo menos que con eso se ganen la aprobación de la opinión pública de los piadosos.
En su caracterización de los fariseos, alcanza las alturas (y honduras) de Castellani, y mido mis palabras. Pero además, exhibe una inteligencia agudísima del Evangelio, de los modos de Cristo—y de los de Judas:
Mientras tanto, Jesús se acercaba a la casa de su amigo Lázaro que estaba muerto y cuyo cadáver comenzaba a descomponerse en su tumba. El comportamiento todo de Cristo en esta instancia fue paradojal, estaba más allá de la comprensión, se mostraba contrario al sentido común. Podríamos haber entendido que al viajar hacia el lecho de un amigo en agonía, Cristo se hubiera apresurado en el camino hacia Betania, aun a riesgo de caer en manos de sus enemigos: pero no, en ese momento, Cristo se mostró más bien moroso y deliberadamente se demoraba. Ahora, lo que se nos hace completamente incomprensible es que llegado el momento de la muerte de Lázaro, recién entonces Cristo se pone en camino, sabiendo perfectamente que al llegar no se encontraría sino con un sepulcro que había sido tapiado cuatro días antes. Debe haber sido entonces que Judas pensó que este hombre estaba completamente fuera de sí. Uno no arriesga la propia vida y la de los amigos para ir a meditar al lado de una tumba.
Y con todo, Cristo resolvió qué cosa haría no sobre la base de un normal sentido común: completar su misión, y ninguna otra cosa era lo que lo guiaba por entonces. Otros héroes encaran los acontecimientos, los enderezan según su voluntad y fuerzan su desenvolvimiento según sus propios deseos. Pero cuando un acontecimiento ya ha sucedido, nadie es capaz de hacer nada con eso. Cristo va más lejos. Si arriesga su vida, no es para impedir la muerte de Lázaro, ni siquiera es para cumplir con los deberes de piedad finales para con su cuerpo; es para tender un manto de duda sobre lo realmente sucedido, es para reabrir el debate acerca de la vida y la muerte, es para extender incluso hasta la muerte los dominios de la esperanza que hasta entonces se detenían exactamente ante ese umbral; es para poner seriamente en duda que la muerte sea un hecho incontestable que nadie puede modificar.
Para Cristo no había, nunca hubo, un hecho incontestable. Siempre y en todo lugar dominaba los acontecimientos, incluso los del pasado. Los interpelaba, los ponía en duda, e incluso los suprimía.
Judas se dijo: "Este hombre es un tonto de arriesgar así su vida por una persona muerta. Lo que pasó, pasó." Y ya no sentía obligación de lealtad ninguna hacia un hombre que se negaba a permanecer dentro de los límites de lo que es posible en este mundo.
Pero me estoy extendiendo en demasía, Wanderer, usurpando lugar de su blog de usted y haciendo perder tiempo a sus lectores cuando deberían estar descargando este libro ya mismo, desde aquí:
La descarga es gratuita y se puede elegir entre nueve formatos diferentes (PDF, Epub, Kindle, Doc, etc.). También se puede imprimir para leer en papel (en A-4 apenas si son 140 páginas).
Así es que sus lectores no tienen excusa alguna: tolle, lege.
Su traducción ha sido para mí algo así como una experiencia espiritual de la que he salido algo cambiado, de manera que ya mismo, le advierto que si alguno de los que tienen esto ante la vista no descargan y se ponen a leer el libro ya mismo, pues—voy a salir a buscarlos, uno por uno, para molerlos a palos, los muy miserables.
Para los demás, sólo dos palabras: Bon appétit!
Tomado de:

viernes, 10 de enero de 2014

"Gusanos" separados


El podcast puede escucharse aquí.
Alejandro Bermúdez Rossell es el director de ACIPRENSA un medio de (des) información, empeñado desde hace tiempo en difundir malas noticias sobre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y fomentar la hostilidad hacia sus miembros. Hace unos días, la agencia ACI informaba sobre la última entrevista al Prefecto de la CDF de la que extractaba unas declaraciones de Müller sobre la el “cisma sacramental” de la FSSPX. Pero como ACI no comparte los juicios laudatorios de Müller sobre Gustavo Gutiérrez, omitió mencionar las expresiones sobre la corrección doctrinal del peruano: “Gutiérrez siempre ha sido ortodoxo”. Un pequeño sesgo de selección... 
En continuidad con su estrategia de desinformación y hostilidad, Bermúdez ha calificado de "gusanos" a los miembros de la FSSPX. Un término que, por decir algo, no está muy en sintonía con el Vaticano II, cuya pastoral denomina "hermanos separados" a los cristianos no católicos. Nosotros no consideramos cismática a la FSSPX, y ya hemos dado los argumentos del caso, por lo que no vamos a repetirlos ahora.
En el audio que enlazamos en esta entrada el director de ACI tilda de "lefebvristas" a los hermanos Dimond. Lo cual es falso, porque estos sujetos -que no pertenecen a la Fraternidad- no sólo son sedevacantistas, sino que consideran herética a la institución fundada por el arzobispo Lefebvre. También alude a un amplio espectro de críticos del Papa, entre los cuales incluye, aunque sin nombrarla, a Lucrecia Rego de Planas. Y en un ataque de papolatría aguda, Bermúdez llega a sostener que no se puede criticar al Papa aunque se trate de cosas criticables. Por más que sea materia opinable, para Bermúdez, los fieles deben guardar silencio siempre para mejor sentire cum Ecclesia.
Es posible que un hombre mal informado razone mal. Pero cuando la ignorancia es tan crasa, y la amalgama de personas e instituciones tan burda, cuesta mucho salvar la intención de un “periodista católico” que incide en disparates como los del audio que encabeza esta entrada.

jueves, 9 de enero de 2014

¿Intransigencia o adaptación?


La entrevista a John Rao ha sido un aporte interesante para desmitificar el modelo norteamericano. En las décadas de 1950 y 1960, las falencias del modelo estadounidense eran menos visibles que en la actualidad. Ofrecemos hoy el fragmento de un libro que reflexiona sobre los pros y contras de dos actitudes fundamentales que pueden asumir los católicos en la vida política. Las reflexiones también parecen aplicables al ámbito intra-eclesial.

"…surgen diversas actitudes en los espíritus. A dos grandes géneros se pueden reducir, hablando en líneas generales.
Primera actitud: Es la de aquellos que concentran su atención y esfuerzo en lo actual, no ciertamente desconociendo que hay un ideal, por decirlo así, puro y absoluto, al que hay que tender; pero sí trabajando en lo actual como si prácticamente fuera algo definitivo, o por lo menos tal que durará mucho tiempo sin que se pueda al presente influir sensiblemente en un acercamiento mayor al ideal puro cuya consecución, aun deficiente e imperfecta, se pierde en lejanías misteriosas e imprevisibles. 
La segunda actitud es la de aquellos que miran constantemente al ideal puro o a lo que debe ser, y a través de él contemplan lo actual, y por tanto con la continua atención y esfuerzo para ir influyendo en personas y circunstancias para la más pronta y eficaz consecución del ideal. La fe les guía y alienta, y el deseo de que sea lo que debe ser.
De estas actitudes se derivan conductas que pueden ser muy desemejantes. 1) Unos apenas proclaman el ideal y los principios absolutos; sólo parecen recordarlos de pasada, aunque puede ser que, cuando es necesario, con gran valentía. En cambio insisten en la visión de lo actual, y en las oportunidades de la acción inmediata. Corrientemente parecen convenir en todo con las personas aconfesionales y discurrir a la manera de ellas; con ellas colaboran amigablemente en el planteo y solución de los problemas sociales. Ven muy lejano el despuntar del sublime ideal y su irradiación en la práctica y creen perder tiempo levantando los ojos de la realidad para contemplar el ideal en toda su pureza y entusiasmarse por él. 2) Otros, en cambio, parecen estar siempre como desasosegados y descontentos de lo real. Lo miran siempre en relación con el ideal puro y con lo que debe ser en toda su plenitud. Y por esto ven siempre impresionados las deficiencias de la realidad. No se acomodan con satisfacción a los aconfesionales; y aunque agradecen lo que se les da, no renuncian en manera alguna, y así lo hacen constar claramente, a lo que tienen derecho. De ahí cierta actitud permanente de exigencia y de lucha.
De suyo, hablando en abstracto, las dos actitudes y conductas son estrictamente legítimas: la de «inteligencia, adaptación, armonía», y la de «intransigencia o lucha tenaz por el ideal»; y hablando también en abstracto, su vicio radical sería el desentenderse una plenamente de la otra con exclusivismo total. — ¿Cuál es en la práctica la más eficaz? Cuestión enormemente difícil, la más difícil quizá de todas las cuestiones prácticas de algún momento que sobre la conducta pública de un individuo o una sociedad se pueden proponer. Casi parece insoluble, y siempre habrá sobre ella respuestas divergentes —. Por de pronto en ambas soluciones la eficacia depende mucho de las personas y circunstancias (...). En todo caso las consecuencias son tremendas, pues de la solución adoptada depende muchas veces el porvenir religioso de las naciones. Por ejemplo, ¿qué hubiera sido del catolicismo en Francia si hubieran permanecido compactos los católicos después de la Ley Falloux, luchando todos a una en una dirección valiente y bien fija? Pero después de esa Ley surgieron diferencias de opinión y de táctica que no fueron sino acrecentándose y ensanchándose con el correr de los tiempos. La «adhesión» o el «ralliement» no logró concentrar las fuerzas católicas y el resultado final ha sido y es doloroso y patente.
León XIII
En general, las actitudes intransigentes son las que mejor suele entender el pueblo cuando está todavía en posesión de su fe y religión, y en las que más a gusto entra. Las actitudes de inteligencia adaptación son más bien del gusto de grupos selectos, a no ser cuando degeneran en el extremo de dejación y renuncia completa del ideal, pues entonces el pueblo, amortiguado el vigor de la fe, vive a sus anchas dentro de ellas.
Unas y otras tienen sus graves peligros y sus grandes ventajas. En la actitud de intransigencia y de lucha hay el enorme peligro de que, exigiéndose todo, al fin se quede uno con nada o muy poco; hay además el peligro de que hierva siempre una especie de desasosiego y lucha sorda en el seno mismo de la sociedad. Pero también hay la ventaja incomparable de que la lucha continua por el ideal evita el estancamiento y la corrupción, impide que se evaporen o pierdan su vigor las esencias de los principios, procurando que se apliquen con decisión y en su integridad a la práctica. A propósito del levantamiento de la Vendée ha escrito Alberto Vandal: «Hay que reconocerlo: la sangre derramada a torrentes en el Oeste fue para el catolicismo francés el germen de salvación». Y en diversas ocasiones la persistencia del catolicismo en un ambiente favorable a su difusión sin estorbo de otros cultos, se ha debido a grupos, más o menos numerosos, de católicos valientes que quieren defender sin balbuceos su catolicismo y que ante todo quieren ser católicos. Por fin, esta actitud es también la que enseña a guardar mejor la jerarquía de valores, concediendo clara y resueltamente a la Religión la primacía sobre todo lo demás.
Por su parte las actitudes de inteligencia, adaptación y armonía, si bien fracasan generalmente ante sectarios convencidos que a todo trance y por encima de todo quieren combatir la Religión Católica, suelen conseguir protección, buen trato y aun bastantes facilidades de acción cuando se trata de adversarios leales, que buscan sinceramente salvaguardar lo que juzgan el derecho de todos, y una convivencia social en un régimen fecundo de bienestar, de orden y de paz. Pero estas ventajas van acompañadas de muy graves inconvenientes. a) Hay ante todo en la masa el peligro de que, o no se resigne a ir por esos caminos de «inteligencia», o de que, puesta ya en esa ruta, llegue a extremos reprobables, pues la masa de suyo es extremista en bien y en mal. b) Hay también el peligro de que por los caminos de «inteligencia y adaptación » que son siempre de cierta condescendencia, se engendre una actitud de espíritu en la que se mire el hecho y la hipótesis actual como la única digna de ser tenida en cuenta, y se aparte la atención de lo que de suyo y por derecho habría de ser. Y esta actitud con frecuencia quita los estímulos para procurar una situación mejor y más conforme al ideal; al contrario hace como descansar en la situación actual como en algo definitivo a lo cual hay que acomodarse. Y fuerza es confesar que la naturaleza se acomoda con gusto. Y por lo general, cuanto menos se siente lo sobrenatural y divino y la trascendencia de la salvación de las almas sobre lo terrenal y pasajero, con mayor facilidad y gusto se acomoda uno a estas situaciones de hecho. c) En fin, las acomodaciones no son muy aptas para enseñar, y menos a la masa, la verdadera jerarquía de los valores, por la que sabemos anteponer lo divino a lo humano, los bienes del espíritu a los bienes materiales y del cuerpo, y el conato y esfuerzo, y, cuando es preciso, aun la lucha valiente y heroica por el ideal, a un estado de simples ventajas y bienestar material, pero en el que más o menos calladamente salen mermados los intereses de Dios y de las almas.
Jean Ousset
Los seguidores de una y otra parte buscan ejemplos en la historia para confirmar su respectiva actitud. Si los unos hallan en el Imperio español de los siglos XVI y XVII un ejemplo de los males horribles que se evitan con una actitud valiente y resuelta contra la heterodoxia y libertades excesivas, los otros señalan la próspera y potente República de Estados Unidos como ejemplar glorioso de un régimen de libertad religiosa que ampara los derechos de todos los ciudadanos en sus creencias religiosas ; y por lo mismo hacen notar cuán acertados y prudentes son allí los católicos no pidiendo ni pretendiendo ni menos exigiendo favores especiales.
Tomado de:
Segarra, I. La Iglesia y el Estado, Ed. Casals, Barcelona, 1963, ps. 150 -153.


lunes, 6 de enero de 2014

La orfandad de la palabra…


“Cuando yo uso una palabra --insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso-- quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni más ni menos” (Lewis Carroll).

Sobre la ambigüedad del lenguaje y el vaciamiento de realidad del contenido de las palabras, aun en teologías con intenciones ‘angélicas’:
Eso sucede cuando se prostituyen las palabras, se las desnaturaliza, y se les hace decir cosas que están muy lejos del objeto al que primigeniamente la intencionalidad de la palabra hace referencia. Kant lo comparaba a una paloma que vuela en el vacío sin aire para que le provoque resistencia a sus alas termina no pudiendo volar… La palabra sin la resistencia, la cercanía y la fuerza de gravedad del objeto de su intencionalidad aletea en el vacío… mera creación del sujeto… Una especie de arcilloso y maleable wishfull thinking que justifica exactamente lo que se nos da la gana pensar… (voluntarismo le llaman algunos…). Ni de cerca es propiedad exclusiva del progresismo, oggi lo vediamo dappertutto… En el progresismo se reviste de un macaneo grosero… en el conservadurismo se vuelve camaleónicamente más sutil, es sistema reforzante de un relato de sí mismo, instrumento de iconolatría de grupo y de bálsamo reforzante de la pertenencia que en el fondo proclama un “somos mejores que los demás”, que puede hasta ser verdadero en el contexto de una observación de segundo orden (y dentro de ciertos límites), pero cuando se vuelve afirmación de primer orden se torna la petición de principio más antigua de toda la creación, esa misma petición de principio inmediatamente anterior y fundamento del ‘non serviam’. Lo que es auténticamente mejor no se relata a sí mismo ‘in actu signato’, simplemente lo es ‘in actu exercito’.
Tomado de:

viernes, 3 de enero de 2014

El profeta negro

Por Ángel Ayala, SI.
Unos ojos que todo lo vieran negro serían ojos que no vieran nada. Todo negro, negro, sería un defecto de visión: algo que estaba en los ojos, no en los objetos.
Así hay entendimientos que no aprecian sino la parte sombría de los hechos y de las ideas. Cuando se fijan en los sucesos de actualidad, instintivamente se clavan en lo triste, en lo desagradable, en lo terrorífico, en lo inmoral. Todos los objetos, las personas y los hechos tienen luces y sombras, pues esos ojos son unas cámaras oscuras que lo reproducen todo menos la luz.
¿Y qué diremos del horizonte, de lo que está lejos, de lo futuro? Todo son visiones de males fieros. A veces, el Profeta Negro toma una idea, cogida del ambiente social o político, y de ella saca consecuencias y consecuencias cada vez más aterradoras. Y como ve con evidencia que se eslabonan unas con otras fatalmente, se figura que en el orden de los hechos ha de pasar lo mismo, y vaticina como un verdadero vidente.
No hay más sino que la lógica de las ideas que es una y la de los hechos otra, totalmente diversa y a veces contradictoria. La lógica de las ideas es como una cadena de hierro, cuyos eslabones se enlazan inquebrantablemente. La lógica de los hechos es una cadena de barro, que se quiebra con cualquier cosa. En el orden doctrinal, el ateísmo, cuando se atraviesa la adversidad en la vida, lleva lógicamente al suicidio; en el orden práctico, se quiebra la lógica por el instinto de conservación.
De manera que el Profeta Negro ni ve lo presente ni lo futuro; lo presente, porque en la naturaleza no se da todo de un solo color, y lo futuro, porque el porvenir no es el resultado de unas consecuencias lógicas, sino de un conjunto de caprichos y de pasiones, de virtudes y de defectos, de ideas falsas y de ideas verdaderas, de incongruencias de conducta e inconsecuencias palmarias.
El Profeta Negro no tiene memoria. Un día sí y otro no vaticina cosas horrendas, y las cosas horrendas no llegan. Pero la falsedad de sus pronósticos ni le impresiona ni la advierte. Cuando deja de cumplirse un vaticinio, ya está preocupado con el presagio de otro suceso futuro inminente.
El Profeta Negro es indolente. Nadie le hace moverse para nada; ¿para qué, si todo está perdido? Sus dos lemas favoritos son: cuanto peor, mejor; o todo, o nada. Es decir, húndase todo y así estaré más cerca de mi ideal, sin necesidad de que yo trabaje ni me moleste. O todo o nada; es decir, como lograrlo todo es un mito, nos quedaremos con no hacer nada para no trabajar en balde.
Cuanto peor, mejor: es notable la seguridad con que muchos afirman: «¡Aquí tiene que venir algo gordo! Sin una cosa muy gorda no hay remedio para nuestros males».
Ha de ser algo tremendo, pero que durará poco. Ahora bien; pasado ese bautismo de sangre vendrán días de bonanza.
De manera que no sólo es inevitable, sino necesario que ocurra una catástrofe; si no viene, nos fastidiaremos. Pero es el caso que ya vino, y como el ideal de muchos no ha llegado, ahora esperaremos otra hecatombe. De modo que ya se sabe: a fuerza de hecatombes llegaremos al ideal.
Alegrarse de que se agraven los males de la sociedad para que sane, suele ser una inconsciencia. Y, en definitiva, suele reducirse a este sentimiento: ¡gracias a Dios que todo se va a arreglar sin que yo me moleste lo más mínimo!
Conducta que San Pío X tacha de traición cuando, en carta al Arzobispo de Toledo le dice: «Cooperar con la propia conducta o con la propia abstención a la ruina del orden social, con la esperanza de que nazca de tal catástrofe una condición de cosas mejor, sería actitud reprobable, que por sus fatales efectos se reduciría casi a traición para con la religión y con la patria».
O todo o nada. Ésta es la otra norma del Profeta Negro. Y no se ve la disyuntiva; o todo o nada. No, señor; o parte; en la práctica, nadie aplica ese principio.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Jesuita critica Evangelii Gaudium sobre el Islam

En la Evangelii gaudium el papa Francisco dicta las reglas de la relación con los musulmanes. El jesuita islamólogo Samir Khalil Samir las examina exhaustivamente una por una y denuncia los límites.
PUNTOS DE LA "EVANGELII GAUDIUM" QUE REQUIEREN ACLARACIÓN
por Samir Khalil Samir
1. Los musulmanes "adoran con nosotros a un Dios único, misericordioso" (n. 252)
Tomaré con cautela esta frase. Es verdad que los musulmanes adoran un Dios único y misericordioso. Pero esta frase sugiere que las dos concepciones de Dios son iguales. Por el contrario, en el cristianismo Dios es Trinidad en su esencia, pluralidad unida en el amor. Es un poco más que la sola clemencia y misericordia. Tenemos dos concepciones bastante diferentes de la unicidad divina. La musulmana caracteriza a Dios como inaccesible. La visión cristiana de la unicidad trinitaria subraya que Dios es Amor que se comunica: Padre-Hijo-Espíritu Santo, o bien Amante-Amado-Amor, como sugería san Agustín.
Además, ¿qué significa también la misericordia del Dios islámico? Que Él practica misericordia con quien quiere y no la practica con los que no quiere. "Dios hace entrar en Su misericordia a quien Él quiere" (Corán 48:25). Estas expresiones se encuentran en forma casi literal en el Antiguo Testamento (Ex 33, 19). Pero no se llega jamás a decir que “Dios es Amor” (1 Jn 4, 16), tal como se expresa san Juan.
En el caso del Islam, la misericordia es la del rico que se inclina hacia el pobre y le concede algo. Pero el Dios cristiano es Aquél que desciende hacia el pobre para elevarlo a su nivel; no muestra su riqueza para ser respetado (o temido) por el pobre: se dona a sí mismo para hacer vivir al pobre.
2. "Los escritos sagrados del Islam conservan parte de las enseñanzas cristianas" (n. 252)
Es verdad en un cierto sentido, pero puede ser también ambiguo. Es verdad que los musulmanes retoman palabras o hechos de los evangelios canónicos, por ejemplo, el relato de la Anunciación se encuentra casi literalmente en los capítulos 3 (la familia de 'Imr?n) y 19 (Mariam).
Pero más frecuentemente el Corán se inspira en los relatos píos de los evangelios apócrifos, y no extraen el sentido teológico que se encuentra en ellos y no dan a estos hechos o palabras el sentido que tienen en realidad, no por malicia, sino porque no tienen la visión global del mensaje cristiano.
3. La figura de Cristo en el Corán y en el Evangelio (n. 252)
El Corán se refiere a "Jesús y María [que] son objeto de profunda veneración". A decir verdad, Jesús no es objeto de veneración en la tradición musulmana. Por el contrario, en el caso de María se puede hablar de una veneración, en particular por parte de las mujeres musulmanas, que van voluntariamente a los lugares de peregrinación mariana.
La ausencia de veneración para Jesucristo se explica probablemente por el hecho que, en el Corán, Jesús es un gran profeta, famoso por sus milagros a favor de la humanidad pobre y enferma, pero no es igual a Mahoma. Sólo por parte de los místicos se puede notar una cierta devoción, ellos lo llaman también "Espíritu de Dios".
En realidad, todo lo que se dice de Jesús en el Corán es lo opuesto de las enseñanzas cristianas. Él no es Hijo de Dios: es un profeta y basta. No es ni siquiera el último de los profetas, porque por el contrario el "sello de los profetas" es Mahoma (Corán 33:40). La revelación cristiana es vista sólo como una etapa hacia la revelación última, traída por Mahoma, es decir, el Islam.
4. El Corán se opone a todos los dogmas cristianos fundamentales
La figura de Cristo como segunda persona de la Trinidad es condenada. En el Corán se dice en forma explícita a los cristianos: "Oh, gente de la Escritura, no se excedan en su religión y digan de Dios nada más que la verdad. El Mesías Jesús, hijo de María, no es más que un mensajero de Dios, una de sus palabras que Él pone en María, un Espíritu [que proviene] de Él. Crean entonces en Dios y en sus mensajeros. No digan ‘Tres’, ¡deténganse! Será mejor para ustedes. En verdad Dios es un dios único. ¿Tendría un hijo? Gloria a Él (Corán 4:171). Los versículos contra la Trinidad son muy claros y no tienen necesidad de tantas interpretaciones.
El Corán niega la divinidad de Cristo: "Oh, hijo de María, ¿eres tú quien dijo a la gente: 'tomadme a mí y a mi madre como dos divinidades además de Dios'?" (Corán 5:116). ¡Jesús lo niega!
Por último, en el Corán se niega la redención. Directamente se afirma que Jesucristo no murió en la cruz, sino que fue crucificado un doble: "No lo han matado, no lo han crucificado, sino que les pareció" (Corán 4:157). De este modo Dios salvó a Jesús de la malicia de los judíos. ¡Pero entonces Cristo no ha salvado al mundo!
En síntesis, el Corán y los musulmanes niegan los dogmas esenciales del cristianismo; la Trinidad, la Encarnación y la Redención. ¡Se debe agregar que éste es su derecho más absoluto! Pero entonces no se puede decir que "los escritos sagrados del Islam conservan parte de las enseñanzas cristianas". Se debe hablar simplemente del “Jesús coránico” que no tiene nada que ver con el Jesús de los Evangelios.
El Corán cita a Jesús porque pretende completar la revelación de Cristo para exaltar a Mahoma. En el resto, viendo cuánto Jesús y María hacen en el Corán, nos damos cuenta que ellos no hacen más que aplicar las oraciones y el ayuno según el Corán. María es ciertamente la figura más bella entre todas las presentadas en el Corán: es la Madre Virgen, que ningún hombre jamás ha tocado. Pero no puede ser la Theotokos; más bien es una buena musulmana.
LOS PUNTOS MÁS DELICADOS
1. Ética en el Islam y en el cristianismo (252)
La última frase de este parágrafo de la "Evangelii gaudium" dice, al hablar de los musulmanes: "También reconocen la necesidad de responderle [a Dios] con un compromiso ético y con la misericordia hacia los más pobres". Esto es verdad y la piedad hacia los pobres es una exigencia del Islam.
Pero me parece que hay una doble diferencia entre la ética cristiana y la musulmana.
La primera es que la ética musulmana no es siempre universal. Se trata a menudo de ayuda dentro de la comunidad islámica, mientras que la obligación de ayuda, en la tradición cristiana, es de por sí universal. Se nota, por ejemplo, cuando hay una catástrofe natural en alguna región del mundo, que los países de tradición cristiana ayudan sin considerar la religión de quien es ayudado, mientras que los riquísimos países musulmanes (los de la Península Arábiga, por ejemplo) no lo hacen en este caso.
La segunda es que el Islam liga ética y legalidad. El que no ayuna durante el mes de Ramadán comete un delito y va a la cárcel (en muchos países). Si cumple el ayuno previsto, desde el alba hasta la puesta del sol, es perfecto, aunque luego de la puesta del sol come hasta el alba del día siguiente, más y mejor que lo que come habitualmente: "se comen las cosas mejores y en abundancia", como me decían algunos amigos egipcios musulmanes. Parece que no hay otro significado en el ayuno si no es el de obedecer a la ley mismo del ayuno. El Ramadán se convierte en el período en el que los musulmanes comen más, y comen las cosas más deliciosas. Al día siguiente nadie trabaja, dado que por comer nadie ha dormido. Pero desde el punto de vista formal todos han ayunado durante algunas horas. Es una ética legalista: si usted hace esto, usted está en lo justo. Es una ética superficial.
Por el contrario, el ayuno cristiano es algo que tiene como fin aproximarse íntimamente al sacrificio de Jesús, a la solidaridad con los pobres y no es el momento en el que se recupera cuanto uno no ha comido.
Si alguno aplica la ley islámica, todo está en orden. El fiel no pretende ir más allá de la ley. La justicia es requerida por la ley, pero no es superada. Por eso, no está en el Corán la obligación del perdón. Por el contrario, en el Evangelio Jesús pide perdonar de modo infinito (setenta veces siete, cf. Mt 18, 21-22). En el Corán la misericordia no llega jamás al amor.
Lo mismo vale para la poligamia: se puede tener hasta cuatro esposas. Si quiero tener una quinta, basta repudiar a una de las que ya tengo, quizás la más vieja, y tomar una esposa más joven. Al tener siempre sólo cuatro esposas estoy en la legalidad perfecta.
Está también el efecto contrario, por ejemplo, para la homosexualidad. En todas las religiones es un pecado. Pero para los musulmanes, es también un delito que debería ser castigado con la muerte. En el cristianismo es un pecado, pero no un crimen. El motivo es obvio: el Islam es religión, cultura, sistema social y político; es una realidad integral. Es claramente así en el Corán. Por el contrario, el Evangelio distingue claramente la dimensión espiritual y ética de la dimensión socio-cultural y política.
Lo mismo vale para la pureza, como lo explica en forma clara Cristo a los fariseos: "No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre, sino que es lo que sale de su boca lo que contamina al hombre" (Mt 15, 11).
2. "Los fundamentalismos de ambas partes" (n. 250 y 253)
Por último, hay dos aspectos que querría criticar. El primero es aquél en el que el Papa pone juntos a todos los fundamentalismos. En el n. 250 se dice: “Una actitud de apertura en la verdad y en el amor debe caracterizar el diálogo con los creyentes de las religiones no cristianas, a pesar de los varios obstáculos y dificultades, particularmente los fundamentalismos de ambas partes”.
El otro es la conclusión de la sección sobre la relación con el Islam que termina con esta frase: "Frente a episodios de fundamentalismo violento que nos inquietan, el afecto hacia los verdaderos creyentes del Islam debe llevarnos a evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia" (n. 253).
Personalmente, yo no pondría los dos fundamentalismos en el mismo plano: los fundamentalistas cristianos no llevan armas; el fundamentalismo islámico es criticado ante todo y precisamente por los propios musulmanes, porque este fundamentalismo armado busca reproducir el modelo mahometano. En su vida, Mahoma libró más de 60 guerras; ahora bien, si Mahoma es el modelo excelente (como dice el Corán en 33:21), no sorprende que algunos musulmanes usen su violencia a imitación del fundador del Islam.
3. La violencia en el Corán y en la vida de Mahoma (n. 253)
Por último, el Papa menciona la violencia en el Islam. En el parágrafo 253 se lee: "el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia".
Esta frase es bellísima, y expresa una actitud muy benévola del Papa hacia el Islam. Pero me parece que ella expresa más un deseo que una realidad. Que la mayoría de los musulmanes puede ser contraria a la violencia también puede darse. Pero decir que "el verdadero Islam es contrario a toda violencia" no me parece cierto: la violencia está en el Corán. Decir además que "una adecuada interpretación del Corán se opone a toda violencia" tiene necesidad de muchas explicaciones. Basta recordar los capítulos 2 y 9 del Corán.
Sin embargo, es verdad cuanto el pontífice afirma sobre el hecho que el Islam tiene necesidad de una "adecuada interpretación". Este camino ha sido recorrido por algunos eruditos, pero no es lo suficientemente fuerte para contrastar la que recorre la mayoría. Esta minoría de eruditos busca reinterpretar los textos coránicos que hablan de la violencia, mostrando que ellos están ligados al contexto de la Arabia de la época y estaban en el contexto de la visión político-religiosa de Mahoma.
Si el Islam quiere permanecer hoy en esta visión ligada al tiempo de Mahoma, entonces siempre habrá violencia. Pero si el Islam – hay un buen número de místicos que lo han hecho – quiere encontrar una espiritualidad profunda, entonces la violencia no es aceptable.
El Islam se encuentra frente a una encrucijada: o la religión es un camino hacia la política y hacia una sociedad políticamente organizada, o la religión es una inspiración para vivir con más plenitud y amor.
El que critica al Islam a propósito de la violencia no hace una generalización injusta y odiosa: muestra las cuestiones presentes, vivas y sangrantes en el mundo musulmán.
En Oriente se comprende muy bien que el terrorismo islámico está motivado religiosamente, con citas, oraciones y fatwa por parte de imanes que fomentan la violencia. El hecho es que en el Islam no hay una autoridad central que corrija las manipulaciones. Esto hace que cada imán se crea un mufti, una autoridad nacional que puede emitir juicios inspirados por el Corán, hasta llegar a ordenar que se mate.
CONCLUSIÓN: UNA "ADECUADA INTERPRETACIÓN DEL CORÁN"
Para concluir, el punto verdaderamente importante es el de la "adecuada interpretación". En el mundo musulmán, el debate más fuerte – que es también el más prohibido – es precisamente el de la interpretación del libro sagrado. Los musulmanes creen que el Corán salió de Mahoma, completo, en la forma que conocemos. No existe el concepto de inspiración del texto sagrado, la cual da espacio una interpretación del elemento humano presente en la palabra de Dios.
Tomemos un ejemplo. En tiempos de Mahoma, con tribus que vivían en el desierto, el castigo para un ladrón era cortarle la mano. ¿Para qué servía? ¿Cuál era la finalidad de este castigo? No permitir que el ladrón siguiera robando. Ahora debemos preguntarnos: ¿cómo podemos salvaguardar hoy esta finalidad, es decir, que el ladrón no robe? ¿Podemos utilizar otros métodos en lugar del corte de la mano?
Hoy todas las religiones tienen este problema: cómo reinterpretar el texto sagrado, el cual tiene un valor eterno, pero que se remonta a siglos o a milenios.
Cuando encuentro a amigos musulmanes, saco a la luz el hecho que hoy en día es necesario interrogarse sobre la "finalidad" (maqased) que tenían las indicaciones del Corán. Los teólogos y los juristas musulmanes dicen que se deben buscar las “finalidades de la Ley divina” (maq?sid al-shar?'a). Esta expresión corresponde a lo que el Evangelio llama “el espíritu” del texto, en oposición a la “letra”. Es necesario buscar la intención del texto sagrado del Islam.
Varios eruditos musulmanes hablan de la importancia de descubrir “la finalidad” de los textos coránicos para adecuar el texto del Corán al mundo moderno. Me parece que esto está muy próximo a cuanto el Santo Padre intenta sugerir al hablar de "una adecuada interpretación del Corán".