Después de la última entrada de la serie dedicada al tema “sedevacantismo”, cada
vez que encontremos alguna novedad interesante al respecto, la anunciaremos en
la bitácora y la publicaremos en nuestro estante especial de scribd.
sábado, 2 de agosto de 2014
jueves, 31 de julio de 2014
Felicidad y pedido de perdón
El Papa ha dado una entrevista que contiene los diezconsejos para ser feliz, que se “viralizaron” en la Web. Estos
consejos bien pueden resumirse en esta “hermosa” canción:
Además, Francisco ha pedido perdón a los pentecostales por unas medidas tomadas
por el gobierno de Mussolini. Sumándonos al “espíritu de Francisco”, nosotros
pedimos perdón a Warren Sánchez, por habernos reído de él y de su comunidad de “hermanos
separados”.
martes, 29 de julio de 2014
Un ejemplo de materia opinable
En la entrada anterior
mencionamos la importancia de reconocer la esfera de lo opinable. En esta
veremos un ejemplo, retomando un tema que ya tratamos en nuestra bitácora.
Algo puede ser esencial a una cosa de manera que si
está ausente la cosa no exista como tal. Es esencial al triángulo el tener
tres ángulos; y si una figura tuviera cuatro ángulos no sería triángulo.
La definición esencial de concilio
ecuménico es una cuestión sobre la que hay una legítima diversidad de pareceres
entre los teólogos; y los autores serios se preguntan sobre las condiciones de ecumenicidad de los concilios. Dicho de
otro modo, lo que estudian es qué nota, rasgo o elemento, es esencial y
definitorio para que exista concilio ecuménico. Las respuestas suelen darse en
una doble perspectiva teológica y canónica, cosa imposible de exponer en una
bitácora por razones de brevedad.
Ahora bien, respecto de esta ecumenicidad cabe plantear tres
cuestiones:
1. Si todo concilio ecuménico debe contener magisterio infalible. Los
contenidos de los concilios pueden ser diversos pero el interrogante que ahora
formulamos es si todo concilio ecuménico, para ser tal, debe contener magisterio infalible como un requisito necesario.
La respuesta es negativa. En
general, los concilios ecuménicos contienen definiciones de fe o precisiones
teológicas acerca de cuestiones dogmáticas. Como en la mayoría de los casos
eran reacciones contra las opiniones que se desviaban de la recta doctrina también identificaban herejías condenándolas.
Pero está el caso del primer concilio de Lyon (1245), bajo el papa Inocencio IV (1243-1254), que proclamó
la destitución del emperador Federico II, proyectó una cruzada y promulgó
veintitrés disposiciones jurídicas. Este concilio ecuménico no contiene definición
magisterial infalible alguna y sobre este punto es pacífica la doctrina.
Por tanto, si un concilio se
abstiene de enseñar de modo infalible, no por ello deja de ser ecuménico. De lo
que se sigue, como conclusión, que la enseñanza definitiva no es condición
necesaria para la ecumenicidad de un concilio.
2. Si todo el contenido doctrinal de un concilio ecuménico debe ser
infalible. Por lo general, los concilios ecuménicos no se proponían
elaborar una teología sistemática, ni formular una exposición de tipo
manualístico, sino que reaccionaban ante una realidad que consideraban amenazante
para la Revelación y recurrían a breves fórmulas, conocidas como cánones, que
exponían una doctrina o reprobaban un error.
Los concilios más antiguos tenían
una extensión limitada. Con el transcurso de los siglos, se dio un proceso de
crecimiento en la extensión de los documentos conciliares hasta llegar al
extremo del Vaticano II con sus más de 12 mil líneas de documentación.
Es posible reconocer en los
concilios diferentes géneros literarios. En el contenido doctrinal de los
concilios ecuménicos más modernos es dable distinguir con bastante claridad un género literario expositivo-ilustrativo
y otro declarativo-afirmativo que es típico
de las definiciones infalibles. El carisma de la infalibilidad protege de error
a las definiciones conciliares; pero no a las exposiciones, ilustraciones,
consideraciones previas, etc. Podría ocurrir que un concilio ecuménico
definiera infaliblemente algo -y en esa definición jamás podría haber error- y
sin embargo en la exposición se deslizase algún error, por ejemplo, una cita patrística tenida por auténtica y que luego la
crítica histórica demostrase apócrifa. Este error en la parte
expositiva-ilustrativa de ninguna manera afectaría a la infalibilidad de la
definición conciliar en sí misma.
«En los decretos dogmáticos (es decir, infalibles) de los papas, así
como en los de los Concilios", escribe el cardenal Hergenrother [(95) Catholic Church and Christian State. Vol.
i., p. 81; ver también p. 37 (nota) y vol. ii., p. 160.], "es necesario
distinguir entre la definición de un dogma, y las razones, explicaciones, etc.,
añadidas a la misma. La infalibilidad sólo puede pertenecer a la definición
misma.»
3. Si es posible que un concilio ecuménico se abstenga de enseñar de modo
infalible y que al mismo tiempo enseñe de modo no definitivo. La respuesta a este
interrogante nos parece que surge lógicamente de las dos anteriores. Dado que
no se trata de elementos que sean condición necesaria de ecumenicidad, es
posible que un concilio sea ecuménico combinando ambas notas. En virtud de
la primera, se abstendría de definir de modo infalible; y en virtud de la
segunda podría enseñar de modo no definitivo, pidiendo los diversos grados de
asentimiento que se conocen respecto del magisterio no infalible.
Los géneros literarios podrían ser
expositivo-ilustrativo y exhortativo-orientativo. En su contenido,
en cambio, no estaría presente el género característico de la
definición infalible que enseña o condena algo de modo definitivo.
sábado, 26 de julio de 2014
En lo opinable, libertad
En la Iglesia existe un ámbito de lo teológicamente
opinable que es objeto de libre discusión. Aquí vale la expresión atribuida a san Agustín: In
necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas. Corresponde a
un amplio conjunto de sentencias que los teólogos catalogan con notas tales
como: más común, comunísima, más probable,
probable, etc. El asentimiento a una u otra sentencia es facultativo. El
disenso es legítimo y no puede aplicarse censura teológica alguna, siquiera la de temeridad. Disentir en estas materias no constituye de suyo pecado, ni delito, sino legítimo ejercicio de un derecho. La pluralidad de opiniones distintas en este ámbito constituye una riqueza de la Iglesia, que no es un sistema totalitario.
Reconocer el ámbito de lo teológicamente
opinable puede ser especulativamente difícil, por efecto de una herencia
intelectual ultramontana que empacha de certezas. El afecto desordenado por las certezas, en ámbitos que no las consienten, mata la acribia teológica y transforma a una ciencia -que además de certezas, también emplea probabilidades- en
ideología. Podemos
ver ejemplos de no reconocimiento de la esfera de lo opinable en nuestras entradas sobre el
sedevacantismo, el integrismo y el neoconservadurismo eclesial.
En la práctica, el respeto por la libertad de discusión en materias teológicas opinables
depende del ejercicio de varias virtudes. Y como muchas veces nos falta virtud, podemos cometer errores e injusticias, tachando de heterodoxas a opiniones legítimas; y todo ello bajo
apariencia de “sí, sí; no, no” evangélico. No podemos arrojar la primera piedra.
Ofrecemos
hoy nuestra traducción del capítulo IX de una libro de Sisto Cartechini, (DALL’OPINIONE AL DOMMA. VALORE DELLE NOTE
TEOLOGICHE) que puede servir de introducción al tema.
DE LA
PROPOSICIÓN PROBABLE.
Una
proposición se dice probable cuando se apoya sobre un motivo no del todo seguro
pero bastante grave; tanto de modo absoluto, considerado en sí mismo, cuanto de
modo relativo, si se compara con las razones de la sentencia opuesta. Por tanto
una tesis probable también podría también ser falsa por sí; y si una tesis es
solamente probable no se puede decir que la contradictoria sea ciertamente
falsa.
Así también
puede ocurrir que una opinión prudente sea de hecho errónea y que una opinión
en apariencia imprudente sea de hecho verdadera. Dado que, en efecto, se trata
de opinión, uno no puede estar nunca cierto de la verdad.
Ahora,
también la Iglesia tiene sus opiniones, y no admite todo como si fuera de fe
católica. ¿Acaso no hubo en los primeros siglos una opinión prudente sobre la
inminencia de la Parusía? Sin embargo fue falsa. ¿No sostuvieron muchos, como
sentencia probable, que fuera necesaria la Eucaristía por la salvación eterna
de los infantes? Lo que fue falso.
Así también
en siglos pasados hubo opiniones verdaderamente extrañas acerca de las
obsesiones y la naturaleza de la extensión del acto demoníaco.
Por lo cual
se ve cuan importante es darse cuenta de la nota teológica; porque, si
aceptamos una tesis que creemos ser cierta e ignoramos que en cambio es sólo
probable, nos exponemos al peligro de tener que revisar luego nuestra
sentencia.
Está claro
que cesa toda probabilidad de una proposición cuando la verdad de la opuesta se
hace evidente por argumentos ciertos.
Y la probabilidad de una sentencia se acrecienta
más que por la cantidad de argumentos por el peso de estos. Pero puede ocurrir
que, aunque falte la evidencia de algo, se puedan aducir muchas y tan graves
razones probables que, tomadas en conjunto, basten para demostrar que la
sentencia es completamente cierta; de otro modo no se podría dar una razón
suficiente de tantos motivos diversos y convergentes hacia un sólo punto. En esto consiste lo que se llama convergencia de las probabilidades.
El
ser una sentencia más probable no impide que la sentencia opuesta también
permanezca como probable. También puede darse el caso de dos proposiciones
contradictorias que sean igualmente probables; por lo cual se puede dar la
misma adhesión a una proposición y al mismo tiempo creer en la opuesta como realmente
probable. Puede, en efecto, ocurrir que por la una y por la otra se den razones
que, si se toman separadamente y de modo absoluto, sean graves; pero tomadas en
conjunto, no siendo ciertas, no den la seguridad que decide el asentimiento de
la inteligencia. También consta por experiencia que muchas proposiciones,
opuestas de modo contradictorio, condujeron a sentencias opuestas a hombres
sapientísimos. Así ha ocurrido sobre la predestinación antes o después de la
previsión de los méritos, sobre la causa instrumental de la creación, sobre de
la naturaleza del pecado original, sobre la naturaleza o esencia de la
beatitud.
Aún
más: alguien podría tener la opinión que una proposición sea verdadera y al
mismo tiempo creer probable otra opuesta; al contrario, podría como opinión
tener a una proposición por verdadera, teniendo graves y sólidas razones, y al
mismo tiempo juzgar la opuesta más probable, siendo más graves las razones en
contrario.
La
tesis probable es lo mismo que la conclusión escolástica o propia de alguna
escuela o sistema, deducidos de las verdades reveladas y de aquel sistema. Tal
sería la tesis de los que sostienen que Dios no conoce los futuribles en el
signo antecedente a su futurición.
Ejemplo,
pues, de proposiciones mucho más probable es aquella tomada del tratado de los
sacramentos, según la cual Jesucristo, que ha instituido -es dogma- todos los
sacramentos, ha instituido algunos sacramentos sólo genéricamente, o sea no
determinando en particular el rito a seguir en su administración, como por
ejemplo en los sacramentos de la confirmación y el orden. Esto se demuestra con
el hecho que en el curso de los siglos el ritual de estos dos sacramentos ha
estado sujeto a mutaciones accidentales; lo que no se podría explicar si Cristo
hubiera determinado el rito; este, en efecto, si Cristo lo hubiera establecido
de modo particular, la Iglesia infalible no habría podido en ningún modo
cambiarlo.
Notamos, en fin, que la
probabilidad se dice intrínseca si procede de la misma naturaleza de la cosa de
que se trata; extrínseca, en cambio, cuando apoya sobre la autoridad de otros. Por
este motivo una proposición hoy evidentemente falsa no tiene alguna
probabilidad, ni siquiera extrínseca, incluso si fue sostenida por grandes
autores antiguos*.
__________
* N. de T.: este párrafo puede resultar confuso. No contamos con una edición original de la obra para consultar las notas del autor.
__________
* N. de T.: este párrafo puede resultar confuso. No contamos con una edición original de la obra para consultar las notas del autor.
jueves, 24 de julio de 2014
Infovaticana
Infovaticana se comunicó con esta
Redacción para incluir nuestra bitácora en tal sitio y aceptamos. Nuestro
blog es de dominio público,
por lo que cualquiera puede reproducir su contenido con toda libertad. Si cita
la fuente cumple una norma de cortesía en la web. Pero si no lo hace, no nos
importa.
A partir de los próximos días publicaremos tanto en blogspot como
en infovaticana con la
finalidad de dar mayor difusión a nuestras entradas.
Tenemos algunos problemas técnicos con el manejo de la nueva plataforma, pero esperamos solucionarlos en breve.
Infovaticana no impuso ni sugirió condición alguna a nuestra
«línea editorial». Tampoco realizó ninguna sugerencia de modificar nuestra
«independencia de criterio». Si lo hiciera, es obvio que no lo aceptaríamos.
Desde ya, expresamos nuestro agradecimiento a Infovaticana por dar mayor difusión al blog.
Desde ya, expresamos nuestro agradecimiento a Infovaticana por dar mayor difusión al blog.
miércoles, 23 de julio de 2014
Importante texto del cardenal Cañizares
Cuando
el cardenal prefecto de la Congregación para el Culto Divino hace algo bien no
tengo el menor problema en señalarlo y alabarlo. Es más, lo hago con muchísimo
gusto. Como en esta ocasión con el prólogo que dedicó al libro del benedictino
Alberto Soria.
Que
os transcribo:
Tomado
de:
domingo, 20 de julio de 2014
Evangelizan orando
Unión del apóstol
activo y del alma solitaria para la eficacia del apostolado
Los miembros de
Cristo, en el cuerpo místico de Cristo, necesitan estar más unidos y vivir más armónicamente que
los miembros del cuerpo, pues tienen todos la misma vida: Jesús. Los
misioneros activos y los contemplativos trabajan para amar a Cristo y hacerle amar de todas las
almas, y unos y otros forman un solo y perfecto apostolado; mutuamente se
completan, y cuando falta uno de los dos no hay apostolado perfecto.
No pueden faltar nunca
estos dos miembros; tan necesario es el uno como el otro, y los dos unidos son la vida de
la Iglesia. Santa Teresa de Jesús decía a sus Carmelitas, retiradas,
solitarias, descendientes de ermitaños, señalándolas el espíritu que
habían de tener de Iglesia orante y expiadora: que no se tuviese por Carmelita
la que no ofreciera todas sus oraciones y sacrificios para que Jesucristo
fuera más amado y conocido y para que se extendiera la Iglesia.
Ni dejaba de
recordarles su fin de que se ofrecieran al Señor por los sacerdotes y
apóstoles que trabajaban en las almas, para que sean santos, porque
han de ser ángeles y estar despegados del mundo los que tratan de
convertirle. Y señalaba estos efectos de las almas muy abrasadas en
el amor de Dios: «Da Dios a estas almas un deseo tan grandísimo de no descontentarle
en cosa ninguna, por poquito que sea, ni hacer una imperfección, si
pudiese, que por sólo esto, aunque no fuese por más, querría huir de las
gentes, y ha gran envidia
a los que viven y han vivido en los desiertos. Por otra parte, se querría meter en
mitad del mundo por ver si pudiese ser parte para que un alma alabase más
a Dios» (1).
Los que viven en
soledad espiritual, si viven santamente y sólo para Dios, como es su fin,
no pueden olvidarse de pedir y ofrecerse a Dios con instancia grande
y no pequeños sacrificios por el florecimiento de la Iglesia, por la
salvación y santificación de todas las almas, pues todas son criadas
por Dios, redimidas por la sangre de Jesucristo y hermanas suyas; y muy
especialmente por cuantos se dedican al apostolado externo. Y cuantos
se consagran a este apostolado externo por el llamamiento divino, si son
fieles y lo hacen, como deben, por verdadero amor de Dios, no pueden menos
de poner todo su esfuerzo por tener oración y recogimiento y presencia de
Dios, para vivir desprendidos de los bienes y amistades terrenas y muy
sobre sí mismos en soledad espiritual, en perfecta soledad espiritual, tanto
más necesaria cuanto están en más difíciles circunstancias; porque es
heroico tratar con el mundo y estar desprendido de él; pero tanto más meritoria
y santa será la obra cuanto más difícil. El hombre puede plantar y regar,
hablar y moverse; pero sólo Dios da el incremento. Las gracias de
la conversión y de la santificación sólo las puede dar Dios, y sin su
gracia y la unción del Espíritu Santo, todas las palabras y todos los
esfuerzos del apóstol serán estériles y vanos. Pero Dios se comunica
por conducto de las almas santas, y todos tenemos que pedir al Dador de
todo bien que envíe apóstoles santos a su Iglesia.
El apóstol externo,
santo, el maestro de las almas, siente la necesidad de encomendarse a sí mismo
y encomendar su obra para que el Señor la haga dar copioso fruto, y
encomienda también a las almas santas que viven en la Iglesia, en los lugares
que sea, y a todas las almas del mundo. Así, compenetrados y hechos uno
solo, está el misionero externo santo y el alma solitaria santa, la
Iglesia docente y la Iglesia que ora y expía, formando el único apostolado
de Dios, pues en sustancia sólo hay un apostolado: el de la santidad y las
virtudes, el de amar y hacer amar. El misionero sin santidad, sin la vida
interior, sería un sol pintado, que, por bello que parezca, no da luz
ni calor.
Vemos hoy que en las
misiones colectivas de las ciudades, los misioneros dirigentes piden a los monasterios
de clausura oraciones para que Dios derrame gracias especiales en esos
días y bendiga los labios y los actos del apóstol, porque sólo hay un
apostolado, y las diversas maneras de practicarlo han de converger en
Dios, que es el hacedor de todo.
Jesucristo, con su
ejemplo y con su palabra, nos mandó la oración permanente y la penitencia, y
envió a los escogidos a predicar, desprovistos de bienes materiales, sin
que nada les faltase, confiando en la divina Providencia, y sólo
mediante la oración y el ayuno se arroja esta clase de demonios (2),
les dijo al bajar del
monte Tabor. También el apóstol de vida activa ha de ser necesariamente alma
interior y vivir la soledad espiritual. La vivía San Pablo, el gran misionero, entre los
apóstoles; la vivía entre las gentes y en la cárcel, y repetía la
enseñanza fundamental del Divino Maestro: No queráis que vuestra vida
sea como la vida de los mundanos (3), y afianzando y
enseñando la vida que ha de tener el cristiano, decía imperativamente: Vuestra
vida esté escondida en Cristo (4).
El apóstol de vida
externa no puede estar vacío interiormente, ni estar lejos de Dios, ni
debe vivir sin tener mucho trato con Nuestro Señor. Ha sido llamado
para ser mensajero de la vida espiritual, interior, de amor divino, y no
puede llevarla, ni aun hablar consciente y experimentalmente de ella,
si no la vive y va lleno de Dios, empapado en amor y reflejando santidad
en sus obras lo mismo que en sus palabras. Ha de sembrar vida santa y
no se efectuará la siembra si se carece de la semilla.
Y esta verdad no fue sólo para el apóstol de los primeros siglos
de la Iglesia; lo es para todos los tiempos, como el Evangelio, y lo es en
el momento presente.
(…)
El apóstol es una
hoguera de Dios y un sol en lo alto del firmamento, creado, puesto y
alimentado por Dios para que dé luz y calor divino y derrita todos
los hielos de la frialdad religiosa, de la ignorancia y del pecado.
Será mejor apóstol la
hoguera más encendida, el sol más esplendoroso, el que caliente más almas
y las inflame en amor. Esté donde quiera ese sol, siempre estará en el
firmamento de Dios, en la amistad con Dios, en la soledad espiritual, y
Dios le está dando la vida; cuanto más cerca y más lleno de Dios esté, más
almas convertirá y santificará, esté en el desierto o esté en el mundo.
No hay discrepancia
alguna en que el apóstol de Dios ha de vivir esa vida de Dios por la vida de
oración. Habría discrepancias en el obrar, pero no en el pensar ni en el
aconsejar.
Será el Papa, será un
Santo antiguo o moderno o será un escritor eclesiástico cualquiera; todos, en
una forma o en otra, enseñan esta verdad. Un autor de nuestros días nos
dice: «Los Santos llevaron muchas almas a Dios, y los malos sacerdotes no
llevan ninguna o las alejan» (8).
«No puede haber eficacia sobrenatural alguna sin una vida de
oración auténtica. Si las exigencias de la vida moderna y de sus actividades múltiples se
muestran incompatibles con la oración prolongada, caiga la actividad, cercénese, húyase
de ella; todo menos cortar las alas a las almas y empobrecer su vida
interior ...» «Sería gravísimo y peligrosísimo yerro si el sacerdote,
dejándose llevar de falso celo, descuidase la santificación propia por
engolfarse totalmente en las ocupaciones exteriores, por buenas que sean,
del ministerio sacerdotal...»(9).«...No nos conformemos con esas
orientaciones espirituales que llaman vida de oración a un cuarto de hora
y parecen colocar el desideratum en la media hora al día. La gente
del mundo, lo mismo que los directores, deben tener tiempo, deben buscarlo
por todos los medios. No creo que nadie me contradiga si afirmo dos cosas:
primera, que no hay alma, por ocupada que sea su vida, que queriendo, no acierte
a encontrar tiempo suficiente para la oración; y segunda, que son inútiles
todos los otros medios sin éste, sin una vida de oración, a la antigua»
(10).
_______________
(1) SANTA TERESA DE J ESÚS: Moradas Sextas. Cap. VI.
(2) MATH.: XVII, 20.
(3) SAN PABLO: A los Romanos, XII, 2.
(4) Ídem: A los colosenses, III, 3.
(…)
(9) Pío XII: Ad Catholici Sacerdotii.
(1O) CÉSAR VACA: Guías de Almas. Cap. VIII.
Fuente:
Un carmelita descalzo. Al encuentro con Dios. Madrid (1958). Pp.
323 y ss.
jueves, 17 de julio de 2014
El pozo seco del slogan
El pozo seco del
slogan
Por Nicolás de la Plaza *.
La foto de Bergoglio mostrando la
remera "No al Fracking" da para muchas lecturas. No, no las da, posó
con el único político opositor argentino de relevancia que se declara
"admirador de Chávez" y supongo que por continuidad de Nicolás
Maduro: el viejo Pino.
A Pino lo escuché en varias
ocasiones hablando de fracking, gritando que es un "escándalo" e
"inmoral", pero poco dice y sabe del asunto. Incluso hizo una
película. No la vi pero imagino el testimonio de los mapuches, del criollo
triste, la señora mostrando el vaso de agua sucia, la chiquita refregándose los
ojos con pucherito diciendo que no le gusta Chevron, entre avergonzada y a la
vez divertida.
Imagino en ese powerpoint
demagógico las manos manchadas de petróleo del presidente de Ecuador, Rafael
Correa (otro de sus ídolos), el mismo Correa que mantiene esa dolarización
soñada a fuerza de petróleo y no de ingeniería espacial. Lo escucho a Piazzolla
de lejos o un carnavalito, mientras la voz del viejo Pino dice algo así como
"y así, de a poco, las fuerzas de nuestra tierra y nuestra gente se ven
debilitadas y casi vencidas por el monstruo insolidario y ambicioso
extranjero". Y un guanaco mirando fijo a la cámara.
Todo este juego de niños, tiene
rating. Y Bergoglio quiere levantar su iglesia con signos y gestos. Como el
peronismo. La solemnidad del discurso vacío que agrada a quienes ya abandonaron
sus sueños. La señora que lava la vereda vestida de su abuela, el viejo que ve
el TC en la cama fumando, el abogado corporativo que gana menos que un
basurero. Ese público quiere escuchar: petróleo malo, dios bueno. Y no tanta
historia.
Bergoglio, viejo zorro y peronista
lo sabe. Pino también.
Iba a hablar de fracking, que
puede ser inofensivo, que la manera de extracción convencional (normal,
tradicional) de petróleo también contamina e incluso más porque se usan
máquinas 50 años más viejas que las que se usan para hacer fracking. También
que el fracking de Vaca Muerta se hace a varios cientos de metros de
profundidad y que no hay forma de que se toquen las napas. Que el agua que se
usa es siempre la misma y que sí, que esa agua se contamina, pero no vuelve a
la Pachamama, se trata y se vuelve a usar. Que el petróleo es la fuente de
absolutamente todo lo que usamos hoy en día, que la vida con tomatitos en el
balcón es un entretenimiento de parisinos aburridos y millonarios.
También iba a desafiar al Papa
(osado!) y al viejo Pino a que definan una alternativa de combustible al
petróleo por el que hoy Argentina paga 17 mil millones de dólares anuales
importando, pero recuerdo que la idea de Pino y sus cumpas, y veo que también
la de la Iglesia Catolica, es la "extracción familiar".
Extracción de petróleo familiar.
La mamá con la palita excavando, el padre con la boina preparado con el balde
para que salga el chorro de crudo, los chicos jugando a la pelota alrededor,
los perros persiguiendo gallinas. El olor a eucalipto, el chaqueño Palavecino
sonando de fondo, la pampa argentina productiva.
* Nicolás de la Plaza es abogado (UBA) y master en Derecho
del Petróleo en The University of Oklahoma.
Fuente:
martes, 15 de julio de 2014
Pastoral matrimonial y nulidades
En los procesos de nulidad de un matrimonio está presente la figura del defensor del vínculo cuya función es proponer y manifestar todo aquello que pueda aducirse a favor de la validez del enlace y en contra de su nulidad. En este vídeo observamos la caricatura de un cura que en su afán por defender un vínculo llega a decir que lo que él ha unido en la tierra no lo separa ni Dios... Más allá de la broma, vale la pena pensar un poco sobre las dificultades prácticas que tienen propuestas encaminadas a facilitar la declaración de nulidad de un matrimonio. Y más en general, sobre cualquier propuesta de descentralización o desconcentración de funciones, que es una medida de gobierno que puede ser buena para la comunidad, pero que requiere como condición de eficacia contar con recursos humanos bien calificados. No parece ser el caso de este cura...
lunes, 14 de julio de 2014
La guerra de la Vendée
Watch La guerra de la Vendée in Entretenimiento | View More Free Videos Online at Veoh.com
Con subtítulos en español.
Con subtítulos en español.
viernes, 11 de julio de 2014
EL DÍA QUE ME AVERGONCÉ DE SER JUDÍO
Aunque no compartimos todo
el contenido de esta nota, que contiene algunos puntos que rechazamos de plano y
otros muy discutibles, nos parece interesante reproducirla.
EL DÍA QUE ME AVERGONCÉ DE SER
JUDÍO
por MIJAEL EVEN DAVID, Rabino.
Hoy nos hemos unido a los fuegos
de la Inquisición. Quemamos personas vivas de una fe diferente a la nuestra y
dijimos que es nuestro D’s que lo requiere. Hoy nos unimos a las hordas de los
cosacos, con odio asesino y salvaje, sin ver al otro, sólo viendo que somos
diferentes. Hoy nos unimos a los asesinos nazis, matando a un niño brutalmente
por su raza y etnicidad.
Hoy dejamos de ser el Pueblo
Elegido, porque para esto no fuimos elegidos. Tal vez necesitemos otros dos mil
años de Exilio para recordar quiénes deberíamos ser. Hoy perdimos cualquier
superioridad moral que queríamos creer que teníamos. Somos exactamente como
ellos. También somos asesinos. Todos nosotros. Los que lo prendieron en llamas,
los que gritaron “muerte a los árabes”, los que declararon que la Torá nos pide
matar y asesinar y vengarnos. Aquellos que vieron todo esto y no hicieron nada,
aquellos que mañana aún no harán nada.
Especialmente aquellos que tratan
de encontrar paz para sus consciencias en las comparaciones: “ah, pero nosotros
no celebramos asesinatos”, “nosotros no enseñamos a odiar en nuestras
escuelas”, “nosotros no consideramos a los terroristas, héroes”. Pero no es
sobre ellos, D’s Altísimo, ¡es sobre nosotros! Es sobre perdernos a nosotros
mismos, sobre nuestro fracaso como nación. Evidentemente hemos fallado.
En el futuro, cuando estudien las
leyendas sobre la destrucción de nuestra sociedad, de nuestro Estado, ellos
leerán: “Por el asesinato, la quema, el salvaje homicidio de Muhammad Abu
Jdeir, nuestro Templo fue destruido, nuestra Tierra fue desolada y fuimos
exiliados entre las Naciones”.
Nunca la paz se vio más lejana.
Nunca estuve tan avergonzado de ser israelí. Nunca estuve tan avergonzado de
ser Judío
Fuente:
jueves, 10 de julio de 2014
Los orígenes apostólico-patrísticos de la Misa Tridentina

El amigo Flavio Infante ha traducido el trabajo «LOS ORÍGENES APOSTÓLICO-PATRÍSTICOS DE LA "MISA TRIDENTINA"» de Sor María Francesca Perillo, F.I. Reproducimos ahora su introducción y nos tomamos la licencia de publicar el artículo en nuestro estante de scribd.
Con
la satisfacción del deber cumplido, ofrecemos la traducción de este extenso
pero invalorable texto, correspondiente (con algunas añadiduras posteriores y
profusión de notas al pie) a la ponencia de sor Maria Francesca Perillo, de la
estigmatizada rama femenina de los Franciscanos de la Inmaculada, en el Tercer Convenio Summorum Pontificum celebrado
en el Angelicum de Roma entre el 13 y el 15
de mayo de 2011. Para mayor comodidad de acceso al mismo, lo hemos adjuntado en
la columna derecha del blogue, entre aquellos textos que integran la sección
«Jugo de doctrina sobre fe y liturgia».
Nunca
estará de más insistir en que la gravedad de la crisis de la Iglesia se funda
muy principalmente en la llamada «cuestión litúrgica». Entre los autores hay
amplia coincidencia en afirmar que el protestantismo impulsó su ruptura con la
Tradición precisamente a través de significativos cambios en el culto, y entre los hallazgos más celebrados de dom Guéranger se
cuenta el del reconocimiento de la existencia de una
«herejía antilitúrgica» desde el jansenismo a nuestros días, mirante a
debilitar la certeza de la fe. De ahí lo dramático de los cambios que
afectan a la vida de la Iglesia en el último medio siglo, cuyo carácter último
e inspiración quedó suficientemente manifiesto por Paulo VI en la Audiencia
General del 13 de enero de 1965, cuando dijo entre otras cosas que «es menester reconocer que una nueva pedagogía espiritual ha
nacido con el Concilio: es
ésta su gran novedad; y nosotros no debemos dudar en hacernos primeramente
discípulos y luego sostenedores de la escuela
de oración que está por comenzar. Podría
ocurrir que las reformas toquen costumbres queridas e incluso también
respetables; podría ocurrir que las reformas exijan algún esfuerzo para con
éstas que no resulte agradable; pero debemos ser dóciles y tener confianza: el
plano religioso y espiritual que se nos abre por delante merced a la nueva
Constitución litúrgica es estupendo por profundidad y autenticidad de doctrina,
por racionalidad de lógica cristiana, por pureza y por riqueza de elementos
cultuales y artísticos, por correspondencia a la índole y a las necesidades del
hombre moderno».
Tampoco
resultará difícil hacerse una idea de la tensión espiritual que acompaña a las
circunstancias actuales si, después de la lectura de este trabajo, pasamos a
considerar los principios expuestos recientemente por sor Fernanda Barbiero,
dorotea, puesta al frente de las hermanas Franciscanas de la Inmaculada con
motivo del comisariamiento que sufre la orden: «nosotras, las religiosas, hemos
sido formadas en un tipo de fe y de espiritualidad que nos aparta de la razón.
Es una espiritualidad congelada en la filosofía del ser, ya no más actual por
la urgencia de construir una ética. Y ética quiere decir relación de vida, no
razón [...] Nosotras debemos simplificar la religiosidad y volverla más cercana
a las necesidades reales de los pobres. Hay mucho de "invisible",
mucho arcano. La dirección de la vida religiosa parece demostrar que la
santidad tiene su epicentro en el más allá, en lo invisible, o en una caridad
mucho más cercana a la limosna que a la responsabilidad y al compromiso por un
mundo más justo [...] Debemos reconciliarnos con la historia como único templo
en el que Dios ha tomado rostro y casa».
Y
con perdón de los lectores por preceder estas exquisitas páginas que siguen con
comprobaciones tan amargas, dejamos ahora hablar a quien corresponde hacerlo. Si hii tacuerint, lapides clamabunt.
domingo, 6 de julio de 2014
El monje y el candelabro
Esta entrada tiene por
finalidad servir de retractación pública a unos comentarios originados en la
ignorancia y precipitación de quien esto escribe.
El candelabro de siete
brazos que aparece en la imagen pertenece al Oratorio de San Felipe Neri en
Londres. Según informaron los oratorianos a un amigo, el candelabro está en uso litúrgico
desde mediados del siglo XIX.
P. Y el número siete en las lámparas, ¿qué simboliza?
R. Aquí ya andamos en camino más plano. Dios mando hacer á
Moisés, un gran candelabro con siete brazos, sosteniendo' siete
lámparas que ardían con aceite purísimo de olivas. (Exod. XXV, 67). El
profeta, Zacarías vio en otra ocasión, en una visión profética, otro
candelero semejan te, con una gran lámpara en el vértice y un
reservatorio del que bajaba el óleo á siete lámparas que, en el brazo sostenía
(Zach. IV, 2), finalmente el apóstol San Juan, en capítulo IV de la Apocalipsis
vio también siete lámparas ante el trono del Señor, en lo que hacía alusión,
lo mismo que el candelabro del profeta Zacarías, al gran candelero Moisés.
Ahora bien; este candelero con siete luces ardiendo siempre en el templo, explica
el porque de las siete lámparas que manda el Ceremonial poner alrededor
del altar en las iglesias catedrales.
P. Pero los candelabros figurativos, ¿nada simbolizan á su vez?
R.. Mucho simbolizan: unos los han tomado como símbolo de los dones
del Espíritu Santo, que como luz alumbra la inteligencia, y como fuego
inflama la voluntad; otros han visto significadas las siete dotes ó
virtudes de la Divina Providencia que ilumina al mundo, y son: la sabiduría;
fortaleza, beneficencia, justicia, paciencia, conminación y severidad; otros
se afanan en ver representados los siete sacramentos, que iluminan, curan
y nutren como el óleo, y cuatro de ellos hacen uso del óleo en la
confección. Algunos lo reducen á simbolizar las siete órdenes, cuatro
menores, y tres mayores, que dan ministros á la Iglesia de los cuales
dijo el Señor que eran la luz del mundo; otros, por fin, como el Señor Segur,
creen que las siete lámparas simbolizan aquellos siete luminosos espíritus
de los que dijo el arcángel Rafael: «yo soy uño de los siete príncipes que
asisten delante del Señor» (Tob. XII, 15). Y en efecto: los ángeles son espíritus
de luz, como los demonios son espíritus de tinieblas, y aun a una de sus
jerarquías le toca iluminar, como dice San Dionisio Areopagita. Y todas estas
significaciones pueden adoptarse pues todas tienen grandes patrones y
sólidos fundamentos (1). San Juan que vio siete lámparas ardiendo
ante el trono añade luego que son siete espíritus de Dios (Apoc. IV,
5).”
_____
(1) Véase Alápide, Zach. IV. 6
Fuente:
Chávez, G. Catecismo de la Lámpara
de Nuestro Amo. Historia y arqueología, liturgia y disciplina, simbolismo y
piedad. México. Moderna Librería Religiosa (1903), pp. 34-36.
viernes, 4 de julio de 2014
Hagan lío... pero a lo Bruck
"Sueño con una juventud turbulenta, de la que serías
tú, Jesucristo, el jefe y el héroe y la que, entre muchas otras cosas
imaginativas, vendría a las iglesias todos los domingos para abuchear a cualquier
predicador que se metiera a hablar de lo que no le concierne y que evitara
hablar de la única cosa que interesa a un cristiano como tal, y a la
Iglesia: de ti, de tu vida, tu pasión y tu resurrección, tus milagros, tu
reino, tu enseñanza, los profetas que te anunciaron por anticipado, tus discípulos
que has amado, los santos que te han amado.
Cada vez que el predicador se alejara de este tema
que es, en una iglesia, el único necesario, habría primero el zumbido de
advertencia, luego el alboroto aumentaría hasta que todas las bocas vociferaran
"letanías", las famosas letanías: ¡Jesucristo! ¡Jesucristo! Cuando
un predicador fuera puesto así en vereda varias veces seguidas, se fijaría
más antes de profanar tus santuarios con sus secreciones personales sobre
temas políticos, sociológicos, etcétera.
Pues
no hay que equivocarse. ¿Quién profanaría las iglesias, los que gritaran
allí ¡Jesucristo! o, es el caso decirlo, los que continuaran
haciendo allí sermones de pacotilla?"
Tomado de:
Bruckberger, R. L. Carta abierta a Jesucristo, pp. 122-123.
miércoles, 2 de julio de 2014
Toda verdad procede del Espíritu Santo
Hay una frase del
Aquinate Omne verum, a quocumque
dicatur, a Spiritu Sancto est (toda verdad, dígala quien la diga,
viene del Espíritu Santo) que debería estar en el encabezado de nuestra
bitácora. Porque expresa una realidad profunda y a la vez constituye una guía
segura en la búsqueda, cultivo y difusión de la verdad. Muchas veces resulta
oportuno recordar este dictum del
Aquinate. Especialmente, cuando se desatan polémicas estériles o se encolerizan los frikis.
Santo Tomás puso
en práctica el criterio en toda su obra, realizando una ardua labor de
selección, asunción y depuración de elementos tomados de diversos pensadores. Un criterio aplicable a cualquier persona que diga una verdad. ¿Se aplica a los no católicos? Claro que sí,
el Aquinate tomó muchas verdades de paganos como Platón y Aristóteles. ¿Se
aplica a cristianos heterodoxos? También, en la Catena hay varios pasajes de Orígenes. ¿Y vale para los papas conciliares y
postconciliares? ¡Sí! La fórmula dice a quocumque dicatur... Además, el criterio es válido para quien desee introducirse en autores que pueden tener un sistema
de pensamiento radicalmente erróneo, pero con verdades parciales, como así
también para otros autores con algunos
elementos erróneos dentro de un sistema verdadero.
El olvido del omne verum… , que es un rasgo constante
del espíritu cristiano, ha causado más de una equivocación. Es un rasgo muchas veces presente -no siempre, ni en todos- en lo que hemos denominado
formas patológicas de tradicionalismo.
Ofrecemos hoy dos
fragmentos que esperamos contribuyan a un crecimiento de la reflexión sapiencial:
4. Toda verdad
procede del Espíritu Santo
En la obra tomasiana encontramos una proposición
atribuida a san Ambrosio, que refleja un rasgo decisivo de la espiritualidad
del teólogo dominico y que está íntimamente vinculada con la temática que
venimos tratando: “Omne verum a quocumque
dicatur a Spiritu sancto est” (61).
Esta máxima, en realidad, pertenece al Comentario a
la Primera Carta a los Corintios de un anónimo que vivió en la segunda mitad
del siglo IV, al que Erasmo llamó Ambrosiaster debido a que por mucho tiempo
fue confundido con Ambrosio de Milán (62).
El Aquinate cita dieciséis veces la proposición del
Ambrosiaster a lo largo de su obra para apoyar la tesis del origen divino de
toda verdad: las verdades creadas son participaciones de la Verdad increada, que
es su causa primera en el orden de la eficiencia y de la ejemplaridad (63).
En su Comentario al Evangelio de San Juan, nuestro
autor señala un par de veces la radical dependencia de la creatura respecto de
Dios en el orden del conocimiento. Esto le permite explicar, por ejemplo, en
qué sentido Jesús puede declarar legítimamente que su enseñanza no es suya. En
Juan 7,16, el Señor habla en cuanto hombre y desde esta perspectiva su ciencia
creada, como la de toda otra creatura racional, proviene de Dios. De esta
afirmación metafísica, Tomás extrae una lección moral contundente, pues –dice–
allí tenemos un ejemplo de humildad que nos incita a reconocer con acción de
gracias que todo nuestro conocimiento viene de Dios (64). Más adelante, a
propósito de Juan 8,44, la misma tesis del origen divino de la verdad justifica
la idea de que toda creatura cuando habla por sí misma (“ex propriis”), pero
contando obviamente con la iluminación divina que sostiene toda su actividad
noética, solo expresa mentiras. Esto vale particularmente para el demonio (65).
_____________
(61) El
Magisterio reciente se hizo eco de esa proposición, cf. Juan Pablo II,
Encíclica Fides et ratio, n. 44.
(62)
Pseudo-Ambrosio, Commentaria in epistolam ad Corinthios primam, c. 12, v. 3 (PL
17, col. 245 B; CSEL 81, 2, p. 132): “Dictum enim ipsum, quo significatur
Dominus Jesus, non ab adulatione hominum, sicut et idola dii vocantur, sed
Spiritus sancti veritate profusum est; quidquid enim verum a quocumque dicitur,
a sancto dicitur Spiritu”. La mención del Espíritu Santo como fuente divina de
la verdad distingue este enunciado de aquel de san Agustín, De diversis
quaestionibus octoginta tribus, q. 1 (ed. A. Mutzenbecher, 1975, p. 11): “Omne verum a veritate verum est […]. Est
autem veritas Deus”.
(63) Cf. Tomás de Aquino, In Sententiarum, I, d. 19,
q. 5, a .
2; De veritate, q. 1, a .
8; Cf. S.-Th. Bonino, “Toute vérité, quel que soit celui qui la dit, vient de
l’Esprit-Saint. Autour d’une citation de l’Ambrosiaster dans le corpus
thomasien”, Revue Thomiste 106 (2006) 101-147; A. Strumia, “Omne verum, a
quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est”, Divus Thomas 34 (2003) 216–227.
(64) Cf. Tomás de
Aquino, In Ioannem, c. 7, lec. 2, n. 1037.
(65) Cf. Tomás de
Aquino, In Ioannem, c. 8, lec. 6, n. 1250.
Fuente:
Herrera, OP, Juan José. “El Espíritu Santo: Maestro Interior”, p.
12 y ss.
Los que han vivido según el Verbo, ya fueran paganos
o judíos, han sido, pues, cristianos por definición, en tanto que quienes
han vivido en el error y en el vicio, es decir, contrariamente a lo que
les enseñaba la luz del Verbo, han sido verdaderos enemigos de Cristo
desde antes de su llegada. Si es así, la suposición de San Pablo, aun
permaneciendo materialmente la misma, se halla espiritualmente transformada,
pues donde el Apóstol invocaba contra los paganos una revelación natural
que los condena, San Justino admite en favor de aquéllos una revelación
natural que los salva. Sócrates llega a ser un cristiano tan fiel, que no
es sorprendente que el diablo hiciera de él un mártir de la verdad, y
Justino no está lejos de decir con Erasmo: "¡San Sócrates, ruega por
nosotros!"
A partir de ese momento
decisivo, el Cristianismo acepta, pues, la responsabilidad de toda la
historia anterior de la humanidad, pero también reclama el beneficio. Todo
lo mal hecho se ha hecho contra el Verbo, pero puesto que inversamente
todo lo bien hecho se ha hecho por el Verbo, que es el Cristo, toda verdad
es cristiana por definición. Cuanto bien se ha dicho es nuestro… (7). He
ahí, formulada ya en el siglo II, en términos definitivos, la regla eterna
del humanismo cristiano. Heráclito es de los nuestros; Sócrates nos
pertenece, puesto que ha conocido al Cristo con un conocimiento parcial,
gracias al esfuerzo de una razón cuyo origen es el Verbo; nuestros son
también los estoicos y, con ellos, todos los verdaderos filósofos en
quienes brillaban ya las semillas de esa verdad que la revelación nos
descubre hoy en su plenitud (8)
Para quien decide adoptar
esta perspectiva sobre la historia, sigue siendo verdad el decir con San
Pablo que la fe en Cristo dispensa de la filosofía y que la revelación la
suplanta, pero la revelación no suplanta a la filosofía sino porque la
perfecciona. De ahí un trastrueque del problema, tan curioso como
inevitable. Si todo lo que había de verdadero en la filosofía era un
presentimiento y como un esbozo del Cristianismo, quien posee el
Cristianismo debe por eso mismo poseer todo lo que había de verdadero y
todo lo que por siempre puede haber de verdadero en la filosofía. En otros
términos, y por más extraño que esto pueda parecer, la posición racional
más favorable no es la del racionalista, sino la del creyente; la posición filosófica
más favorable no es la del filósofo, sino la del cristiano. Para cerciorarse
de ello bastará con enumerar las ventajas que ésta presenta.
______
(7)
JUSTINO, IV Apologie, cap. X I I I . París, Picard,
1904, pág. 177. Para el fundamento de la doctrina véase V Apologie,
cap. X L V I ,
págs. 94-97. Cf.: "Quisquis
bonus verusque Christianus est, Domini sui esse intclligat ubicumque invenerit
veritatem." San AGUSTÍN, De doctr. christiana, I I , 18, 28; Patr.
lat., t. 34, col. 49.
8
JUSTINO, II' Apologie, cap. X, pág. 169, y cap. X I I I , págs. 177-179. Pueden
confrontarse esas declaraciones de Justino con la fórmula de San Ambrosio,
varias veces citada por Santo Tomás de Aquino: "Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est";
cf. P. ROUSSELOT, L´intellectualisme de saint Thornos
d'Aquin, 2ª edic. París, G. Beauchesne, 1924, pág. 228. Hay en
eso un rasgo constante del espíritu cristiano, que escapa a muchos de sus
intérpretes y cuyo desconocimiento ha causado más de una equivocación. Debido
a ello es particularmente difícil comprender los vínculos profundos del
Renacimiento con el Cristianismo medieval y antiguo. Se ha considerado como
prueba manifiesta del paganismo de Erasmo su famosa exclamación: "San
Sócrates, ruega por nosotros." Sin embargo, si es verdad que Sócrates
fué cristiano y condenado a muerte por instigación del demonio a causa de
su participación en el Verbo, ¿no fué un mártir? Y si fué mártir, ¿no es
un santo? Se hallarán curiosos ejemplos de los estragos causados en la historia
por ese olvido de las verdaderas tradiciones cristianas en el libro de J. B.
PINEAU, Érasme, sa pensée religieuse. París, 1923. Haciendo
constantemente decir a Erasmo lo que éste no ha dicho, ese historiador no
siempre comprende lo que Erasmo dice. La fórmula de Erasmo: "Christi esse puta quidquid usquam veri
offenderis" (op. cit., pág. 116), no tiene nada que no sea
tradicional. Decir que "fortassis
latius se fundit spiritus Christi quam nos interpretamur" (pág.
269), sería para Justino timidez, no atrevimiento. No se trata de negar
que el humanismo de Erasmo tenga un carácter nuevo, pero habría que
conocer el antiguo para saber en qué es nuevo el suyo. También seria
menester no interpretar sus textos a contrapelo. J. B. Pineau hace decir a
Erasmo, refiriéndose al Cristo: "Pero, ¿qué nos enseña que no se
encuentre equivalentemente en los filósofos?" (op. cit., pág. 117),
esto para introducir un texto de Erasmo que quiere decir: "La
autoridad de los filósofos tiene poco peso, a menos que todo lo que digan,
a pesar de que lo hagan con términos diferentes, esté prescripto por las
santas Letras" (ibid., nota 96). Es, pues, exactamente lo
contrario de la idea que se le atribuye. Tales métodos no están hechos
para aclarar la historia.
Fuente:
Gilson, E. El espíritu de la filosofía medioeval, p. 33 y ss.
martes, 1 de julio de 2014
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