lunes, 14 de marzo de 2016

Algo sobre la participación política

El autor de estas páginas explica brevemente los fundamentos filosóficos del deber-derecho natural a la participación política. También propone -entre otras cosas- modificar el sistema de representación vigente en orden a dar expresión a los distintos cuerpos intermedios que componen la sociedad, lo cual es más realista que el sistema partidocrático vigente. Pero dado que en esta entrada no podemos reproducir el artículo completo, nos limitamos a poner de relieve la bondad de la natural politicidad humana como fundamento del deber-derecho natural a participar en la comunidad, sin perjuicio de ulteriores determinaciones del derecho positivo.
1. La consideración primaria de la participación política debe, necesariamente, ser filosófica, pues nuestro intento está en penetrar en los hechos hasta alcanzar la esencia misma de la participación comunitaria en el poder, descubriendo los primeros principios y las causas últimas que la fundan y dan sentido. Del análisis empírico de las comunidades humanas surge, como hecho social constante y reiterado, la intervención del hombre en las tareas comunitarias, su participación en el manejo y administración de los negocios preferentemente comunes a todos. De las formas más variadas el hombre se ha interesado en lo común de la convivencia, haciéndose presente en la vida pública y posibilitando con ello una concreta organización jurídico-política.
Sin embargo, no podemos quedarnos en el simple hecho de la participación; más allá de la observación empírica tenemos que razonar que esa tendencia del hombre a participar en el poder se inscribe cardinalmente en su naturaleza y que es ésta la que los impele a ocuparse del bien totalizante e integral del cuerpo político. De ahí que podamos afirmar —apoyados en el estudio sociológico del comportamiento humano y en la ética de la politicidad natural de la persona— que la participación misma entraña un derecho, un derecho que es natural en tanto y en cuanto se halla inscrito en la propia naturaleza humana. Es esta condición primaria y esencial del hombre la que requiere de la autoridad y del Estado y la que hace menester la intervención activa de los miembros de la comunidad en la formación y modelación del régimen político. El más hondo fundamento de la participación política en la gestión del bien común está, pues, en la politicidad natural de la persona que lo inclina a lo público y a lo comunitario como al ámbito más elevado de su perfección. Consiguientemente, la participación cívica es concebible como un derecho natural que, como tal, se inscribe en un orden superior y perfectivo: el orden natural humano (19).
2. Mas, como resaltara la enseñanza escolástica, todo derecho natural está vinculado en última instancia a un orden objetivo y obligatorio que impone deberes de la misma índole, es decir, naturales, y cuyo cumplimiento es imperioso para el hombre. En nuestro caso, el deber natural que genera el correlativo derecho natural a participar en la vida política no es otro que el de colaborar en la realización del bien común, en tanto con esa colaboración se logra la plenitud y perfección personal y societaria. En un rol de prioridades, el orden engendra deberes a la vez que instrumenta derechos para poder cumplirlos (20).
Esta perspectiva ético-filosófica nos revela la participación política desde una triple naturaleza: como derecho natural dimanado de un orden natural e instituido como medio para cumplir con el preceptivo moral (natural) de nuestra propia perfección.
3. La sola visión de la participación cívica en el poder como un derecho meramente legal no alcanza para conceptualizar en toda su plenitud esta potestad, puesto que hacer depender la participación como derecho de la voluntad del legislador ocasional implica tanto como arraigarla en el cambiante querer humano. Y si hacemos hincapié en la naturaleza ética de este derecho es, precisamente, para resguardarlo de omisiones legislativas ya que, siendo esencialmente natural, la participación política precede al Estado y al legislador y éste no puede sino receptarla en el orden jurídico objetivo. Es que la participación política, como tiene dicho Enrique Herrera, no es algo agregado al sistema político, "una especie de «concesión graciosamente otorgada», sino que constituye una de las bases mismas de expresión de la persona humana. La participación aparece así para las personas y grupos no sólo como un derecho, sino también como una exigencia y una obligación" (21).

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(19) Desde esta perspectiva ver: MARTÍNEZ VÁZQUEZ, BENIGNO, ob. cit., pp. 20 y ss.
(20) Tomás D. CASARES ha enseñado que: "Si la dignidad está en juego cuando se trata de resguardar los derechos primordiales, es porque de esos derechos depende en cierto modo la integridad de la condición humana". Y agrega: "Y como el deber moral no es otra cosa que la obligación de mantener y exaltar la integridad de lo humano en nosotros, viviendo —como ya lo enseriaba ARISTÓTELES— por lo más elevado de nosotros mismos —que es el espíritu— el fundamento del derecho, lo mismo que aquella delimitación de su alcance ( ... ), se halla en el deber. Tengo derecho porque debo. ( .. .) El deber funda los derechos requeridos para su propio resguardo". Y concluye: "El derecho está, pues, fundado en el deber, y al propio tiempo como sitiado por éste". (La justicia y el derecho, 3a ed., Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1974, pp. 124/125. Igualmente, ver, por todos: MARITAIN, JACQUES, El hombre y el estado, 3a ed., trad. por M. Gurrea, Buenos Aires, Kraft, 1956, pp. 102/116).
(21) HERRERA, ENRIQUE, ob. cit., p. 9. Comparar con HARO, RICARDO, Algunas reflexiones sobre la participación y la democracia, comunicación que el autor preparara y presentara en el "Primer Encuentro Argentino de Derecho Político", para profesores de la materia (ver EL DERECHO, 81-843/848). La opinión de HARO no nos parece lo suficientemente precisa cuando describe el fundamento de la participación política, pues afirma que ésta tiene dos dimensiones: como "derecho" que se reclama o se reivindica y como "deber", generalmente incumplido (pp. 844/845). La vaguedad de las expresiones nos exime de mayores comentarios.

Tomado de:

Segovia, J.F. LA PARTICIPACION POLITICA COMUNITARIA. ESENCIA Y NATURALEZA. En rev: Prudentia Iuris, Nº N 6 (1982). pp. 75 y ss.

sábado, 5 de marzo de 2016

La aversión gnóstica hacia lo político




Trascribimos unos fragmentos sobre la aversión de los gnósticos hacia la natural socio-politicidad del ser humano, que es propiedad de la naturaleza creada por Dios. Agregamos títulos entre corchetes tomados del índice del libro. El subrayado nos pertenece. Un viejo error que a veces se olvida o se reedita con modulaciones diferentes.
[Error de Judas o Simón de Galilea]
1577. Sería más fatigosa que larga la exposición de los errores sostenidos en las diferentes épocas acerca del origen y naturaleza del poder político; y sin fuerzas para esta tarea, no renunciamos a enunciar y refutar los más principales entre ellos. Defendió Judas o Simón de Galilea no ser deber del pueblo reconocer otro soberano que Dios y ser el hombre por su propia dignidad independiente de todo hombre. Esta opinión estaba muy extendida entre los judíos si hemos de creer a Josefo Flavio (1). Los judíos, observan San Jerónimo y San Agustín (2) tomaron pretexto de este error para calumniar a Jesús también galileo con el intento de presentar a los romanos sospechosa de sedición su doctrina. Este y no otro fue el propósito de quienes le interrogaron sobre la licitud de pagar el tributo al César. Judas habla indudablemente del poder civil en general y es probable haber sido su propósito al expresarse en esa forma, exceptuar solamente a los judíos por razón de la forma particular de su gobierno —esencialmente teocrático— de la obediencia a un príncipe pagano y del pago del tributo o censo.
[El poder humano como obra del principio malo en sentir de los gnósticos: su impugnación por los Apóstoles]
1578. Los gnósticos profesaron una doctrina semejante a la de Simón de Galilea. De su desprecio al poder humano y de su calificación de obra del principio malo o del diablo, atribuida a la magistratura civil, dedujeron espontáneamente la siguiente consecuencia: luego los cristianos en virtud de la libertad traída al mundo por Jesucristo y por él predicada entre los hombres estaban desligados del deber de obediencia a los poderes seculares infieles. San Pedro refutó con gran energía este error escribiendo : «Reservando para los tormentos el día del juicio mayormente a aquellos que para satisfacer sus inmundos deseos, siguen la concupiscencia de la carne y desprecian las potestades, osados pagados de sí mismas que blasfemando no temen sembrar la herejía(3).» San Pablo impugna el mismo error cuando dice: «Toda persona está sujeta a las potestades superiores porque no hay potestad que no provenga de Dios y Dios es el que ha establecido las que hay en el mundo (4).» San Judas impugna el mismo error en sus epístolas canónicas (5).
[Doctrina de los Santos Padres sobre este punto]
1579. Los Santos Padres y los escritores eclesiásticos de los primeros tiempos del cristianismo, insisten en la doctrina de los Apóstoles, rechazan y combaten todas las blasfemias de los gnósticos y reducen a polvo las acusaciones lanzadas contra la religión católica por los gentiles con el objeto de fomentar el odio de los poderes seculares contra la Iglesia. Pueden leerse en confirmación de cuanto decimos las valientes y hermosas apologías en defensa de la religión católica escritas por Atenágoras, San Justino, Clemente de Alejandría, Tertuliano y principalmente las obras de San Ireneo (6). 
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(1) IOSEPHUS FLAVIUS. De bello iudaico, cap. II. — Antiquil. iudaic, lib. XVIII, cap. I, II.— Act. V, 37.
(2) SANCTUS HYERONIMUS. Comment. in epist. ad Titum.—SANCTUS AUGUSTINUS. Enarratio, in psalmum 118.
(3) II Petri. II, 10.
(4) Rom. XIII, 1.
(5) Iud. V, 8.
(6) SANCTUS IRENAEUS. Adversus haeraes, lib. V, cap. XIV, col. 1186, edit. Migne.

Fuente:

Álvarez de Santa Clara, E. La Iglesia y el Estado. Buenos Aires (1925), tomo II, pp. 339-340.

jueves, 3 de marzo de 2016

Idealizaciones históricas (y II)


El período que va de la fundación de la Iglesia hasta los edictos de tolerancia de Constantino y el de Tesalónica de Teodosio (siglos I-IV) también suele ser objeto de idealizaciones históricas. En general, hoy se idealiza más a la Iglesia primitiva que a la cristiandad medieval. O mejor dicho, se hace un uso bastante sesgado de esa etapa. El cristianismo primitivo suele entenderse como un un paraíso perdido de autenticidad evangélica, opuesto a la  “era constantiniana” caracterizada por una dependencia temporal de la Iglesia con el Estado, el clericalismo, la opresión de las conciencias, el institucionalismo eclesial, etc. El arqueologismo busca en precedentes paleocristianos puntos de apoyo para los experimentos litúrgicos más insensatos y anti-tradicionales. Como si la Iglesia posterior no hubiera sido asistida por el Espíritu Santo en desarrollos homogéneos. 
Pero ahora nos interesa poner la atención en la dimensión política del cristianismo primitivo partiendo de un texto de León XIII:
…Queda, por tanto, bien claro que los católicos tienen motivos justos para intervenir en la vida política de los pueblos. No acuden ni deben acudir a la vida política para aprobar lo que actualmente puede haber de censurable en las instituciones políticas del Estado, sino para hacer que estas mismas instituciones se pongan, en lo posible, al servicio sincero y verdadero del bien público, procurando infundir en todas las venas del Estado, como savia y sangre vigorosa, la eficaz influencia de la religión católica.
Así se procedía en los primeros siglos de la Iglesia. Las costumbres paganas distaban inmensamente de la moral evangélica. Sin embargo, en pleno paganismo, los cristianos, siempre incorruptos y consecuentes consigo mismos, se introducían animosamente dondequiera que podían. Ejemplares en la lealtad a los emperadores y obedientes a las leyes en cuanto era lícito, esparcían por todas partes un maravilloso resplandor de santidad, procurando al mismo tiempo ser útiles a sus hermanos y atraer a los demás a la sabiduría de Cristo; pero dispuestos siempre a retirarse y a morir valientemente si no podían retener los honores, las dignidades y los cargos públicos sin faltar a su conciencia. De este modo, las instituciones cristianas penetraron rápidamente no sólo en las casas particulares, sino también en los campamentos, en los tribunales y en la misma corte imperial. “Somos de ayer y ya llenamos todo lo vuestro: las ciudades, las islas, las fortalezas, los municipios, las asambleas, los campamentos, las tribus, las decurias, el palacio, el Senado, el foro” [30]. Hasta tal punto que, cuando se dio libertad de profesar públicamente el Evangelio, la fe cristiana apareció no dando vagidos como un niño en la cuna, sino adulta y vigorosa ya en la mayoría de las ciudades.
El p. Regatillo explicaba las enseñanzas de Cristo y los Apóstoles y su incidencia en la conducta de los primeros cristianos en relación con el orden temporal:
[Cristo y el poder temporal en el Nuevo Testamento]
32. Era de persecución de la Iglesia. Cristo fue anunciado por los profetas como rey, muchos siglos antes de su venida al mundo (Salmo 71, 8). Como rey le anunció el Ángel San Gabriel a la Virgen María; como rey, cuyo reino no tendrá fin en los tiempos ni límite en el espacio. Regnabit in domo Jacob in aeternum et regni ejus non erit finis (S. Luc. 1, 32). Como a rey le buscaron los Magos, para ofrecerle ricos presentes de oro, incienso y mirra (S. Mat. 2, 2). Por rey se reconoció El mismo ante el tribunal de Pilatos, momentos antes de ser condenado a muerte: Ergo rex es tu? — Tu dicis, quia rex sum ego (S. Juan 18, 37). Por rey le reconoció el mismo Pilatos, mandando poner en lo más alto de la cruz este rótulo en griego, hebreo y latín: Jesús Nazareno, rey de los judíos (S. Juan 19, 19).
Pero Cristo jamás quitó ni mermó a los otros príncipes su potestad; antes al contrario prescribió la obediencia a las legítimas autoridades civiles, aunque fuesen judías o gentiles: Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios (S. Marc. 12, 17). Porque, como El mismo respondió a Pilatos: Mi reino no es de este mundo (S. Juan 18, 36), no es reino temporal, sino espiritual; no tiene por fin el bienestar terreno de sus súbditos, sino la vida eterna: Et ego vitam aeternam do eis (S. Juan 10, 28).
Por eso una vez que las turbas, después que obró el gran milagro de la multiplicación de los panes y de los peces, le quisieron aclamar por rey suyo, Jesucristo declinó este honor, escapándose y escondiéndose entre las malezas del monte (S. Juan 6, 15).
(…)
Tampoco instituyó Cristo en su Iglesia una teocracia, como en el Antiguo Testamento la instituyó Dios entre el pueblo judío, donde el mismo Dios directamente gobernaba la nación, designando por modo sobrenatural las personas de los reyes o jueces que con su autoridad ejerciesen el supremo poder civil, e invistiendo de poderes civiles a las autoridades religiosas. No así Jesucristo, el fundador de la Iglesia. Jesucristo a sus Apóstoles les confió solamente el cargo de propagar la Iglesia por todo el mundo, y les confirió todos los poderes espirituales necesarios para gobernarla. Data est mihi omnis votestas... Euntes ergo docete omnes gentes (S. Mat. 28, 19). Eritis mihi testes in ludaea et in Samaria et in Galilea et usque ad ultimum terrae (Hechos de los Apóst. 1, 8). No les confirió autoridad ninguna civil. Por eso los Apóstoles y sus sucesores no fueron príncipes civiles.”
[Los Apóstoles y los primeros cristianos ante el poder temporal]
“33. Conducta de los Apóstoles. Con derecho exigieron que se les reconociese su misión divina. Sin razón les prohibieron las autoridades civiles la libre predicación y ejercicio de la religión cristiana. Pues:
a) Ellos exhortaban a los fieles a que prestasen obediencia a los príncipes civiles, aunque fuesen gentiles, y esto por obligación de conciencia, propter conscientiam, como se lo inculcan San Pedro a los cristianos de Asia y San Pablo a los de Roma (Carta 1. de San Pedro 2, 13 sgts. ; de San Pablo a los Rom. 13, 1 sg.).
b) Reconocían que la potestad civil viene de Dios. Non est potestas nisi a Deo (Rom. 13, 1).
c) Los exhortaban a hacer oración por todas las personas constituidas en autoridad; porque esto es grato a los ojos de Dios. Así lo inculca San Pablo en carta pastoral a su discípulo Timoteo, Obispo de Éfeso (I Tm. 2, 1).
d) De hecho consta por el testimonio de todos los historiadores que los cristianos de los tres primeros siglos eran los mejores ciudadanos, los más fieles cumplidores de los deberes civiles. Libanio, gentil, maestro de Retórica de San Juan Crisóstomo, admirado de la virtud de su discípulo y de los cristianos, exclamaba: ¡Qué mujeres tienen los cristianos! Ahí está, por ejemplo, la madre de Juan, ¡qué prudente, qué casta, qué santa! (Era Santa Antusa). Tertuliano en el siglo III (Apología, cap. 39), cuenta la admiración que causaba entre los gentiles del Norte de África la conducta irreprochable de los cristianos: "Los gentiles se admiran de que entre nosotros no usamos otro tratamiento que el de hermanos, y señalándonos con el dedo exclaman: “Mira cómo se quieren, mira cómo están dispuestos a dar la vida los unos por los otros" (Migne, Patrologia latina, I, col. 534).
Externamente, la Iglesia de aquellos tiempos tuvo que soportar numerosas persecuciones. Fue una época de gloriosos mártires y confesores. Pero también existieron los lapsi, que no resistían; los libelatici, que se conseguían un “certificado” de haber adorado al Emperador, para eludir los castigos o el martirio; "provocadores”, que buscaban un martirio autocomplaciente. Internamente, la Iglesia tuvo que afrontar varias pruebas importantes: la defensa de la fe frente a herejías, de tres distintos grupos: el judeo-cristianismo, negador de la divinidad de Jesucristo;  un segundo grupo —posterior— que se caracterizó por su rigorismo moral, estimulado por la creencia en un inminente fin de los tiempos (montanistas; donatistas); y la mayor amenaza, que fue la herejía gnóstica.
La Iglesia primitiva siguió dos líneas aparentemente contradictorias respecto de lo político: participar (los cristianos “se introducían animosamente”; por ejemplo, desde el siglo I aristócratas romanos se convertían, y un edicto persecutorio de Valeriano los tuvo por principales destinatarios) y no contaminarse (“aprobar lo que ... puede haber de censurable en las instituciones políticas del Estado”). Lo hizo en sociedades paganas y perseguidoras hasta la muerte. No profesó el donatismo político; ni asumió la concepción gnóstica o maniquea de la polis. Su respuesta a la ciudad pagana fue "sí y no", como decía un arzobispo francés...

martes, 1 de marzo de 2016

Idealizaciones históricas (I)



No se debe identificar sin más Cristiandad con Edad Media. La Cristiandad es una vocación de la Iglesia y de los políticos cristianos de ordenar según Dios las realidades temporales. No siempre se podrá realizar en la historia, pero los cristianos que actúan en el orden temporal no deben renunciar a un ideal permanente.
Durante las persecuciones de los primeros siglos, los cristianos sabían perfectamente que estaban lejos de vivir en un régimen de Cristiandad y que ese régimen era por aquel entonces irrealizable en lo inmediato. La Edad Media comprende  diez siglos de historia europea en los cuales la Cristiandad tuvo una realización concreta. Pero ello no significa que todos y cada uno de los hechos políticos de aquel tiempo fueran elementos de Cristiandad, casi hasta el punto de afirmar (con un exceso de simplismo): si medieval, cristiano. Porque en aquellos tiempos se cometieron muchos pecados (aunque había mayor conciencia de pecado, lo cual facilita la rectificación) y porque las relaciones entre la potestad política y la eclesiástica no fueron armónicas en todo momento. Hubo problemas de intromisión de una potestad en el ámbito de la otra, aunque se puede compartir el balance positivo del p. LLORCA “la íntima unión entre la Iglesia y el Estado y la protección que éste ejerce sobre aquella, ha traído algunos daños o inconvenientes, a las veces bastante considerables; pero que son muchísimo mayores los bienes y ventajas que han traído a la Iglesia y a la civilización cristiana”.
Hay un texto muy conocido de LEÓN XIII:
“Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En aquella época la eficacia propia de la sabiduría cristiana y su virtud divina habían penetrado en las leyes, en las instituciones, en la moral de los pueblos, infiltrándose en todas las clases y relaciones de la sociedad. La religión fundada por Jesucristo se veía colocada firmemente en el grado de honor que le corresponde y florecía en todas partes gracias a la adhesión benévola de los gobernantes y a la tutela legítima de los magistrados. El sacerdocio y el imperio vivían unidos en mutua concordia y amistoso consorcio de voluntades. Organizado de este modo, el Estado produjo bienes superiores a toda esperanza. Todavía subsiste la memoria de estos beneficios y quedará vigente en innumerables monumentos históricos que ninguna corruptora habilidad de los adversarios podrá desvirtuar u oscurecer”.
Palabras de las cuales no se sigue, sin embargo, que identificara Cristiandad con Edad Media. En un discurso a los cardenales (1892), señalaba LEÓN XIII que la Cristiandad se logrará “no mediante el restablecimiento de las instituciones de la Edad Media” sino con una “fe robusta, reforzada en la conciencia de los pueblos”. Lo cual es coherente con sus enseñanzas doctrinales y directrices prácticas ante el fenómeno político del “derecho nuevo”.
En la misma línea se expresaría décadas después PÍO XII:
“21. (…) si la Iglesia y el Estado conocieron horas y años de lucha, hubo también, desde Constantino el Grande hasta la época contemporánea, e incluso hasta nuestros días, períodos tranquilos, a menudo prolongados, durante los cuales colaboraron, dentro de una plena comprensión, en la educación de las mismas personas. La Iglesia no disimula que en principio considera esta colaboración como normal y que mira como ideal la unidad del pueblo en la verdadera religión y la unanimidad de acción entre ella y el Estado. Pero sabe también que desde cierto tiempo los acontecimientos evolucionan más bien en otro sentido…”.
“26. La Iglesia católica no se identifica con ninguna cultura; su esencia se lo prohíbe…”
En estos temas hay que cuidarse un poco de las idealizaciones románticas. Los hechos históricos tienen su importancia, pero no constituyen -por sí mismos- doctrina católica, ni norma última de acción.



sábado, 27 de febrero de 2016

De cocodrilos y cazadores



Bastante tiempo después de la desaparición de la página Argentinidad, nos comentaron de la existencia de la bitácora de los cocodrilos, en la  cual se viene debatiendo sobre un libro del padre Devillers. Cabe aclarar que no hemos leído el libro -ni lo tenemos- y de momento carecemos de tiempo e interés para hacerlo. Por tanto, no podríamos traer a nuestra bitácora el debate sobre un libro cuyo contenido ignoramos. En varias entradas, los cocodrilos defienden las tesis del autor (suponemos que lo interpretan bien) y un comentarista, Jornadas, plantea objeciones, que le responden, en última instancia, mediante una remisión al libro...
Una mirada superficial a las entradas referidas al trabajo de Devillers nos lleva a pensar que un blog no es medio apto para una disputatio acerca de los temas que trata. En primer lugar, porque las cuestiones implicadas tocan temas muy complejos de orden filosófico y teológico, a saber: relaciones entre el orden natural y el sobrenatural, naturaleza y gracia, razón y fe, filosofía y teología; efectos del pecado original; fin del hombre; bien común; naturaleza y relaciones de la Iglesia-Estado; poder de la Iglesia en materia temporal; legitimidad de los gobiernos; exégesis de textos del Aquinate; etc.
En segundo lugar, porque para desarrollar una disputatio sobre tales cuestiones, sería muy conveniente, y hasta necesario, comenzar por un glosario común a todos los participantes, que explicite los conceptos, so pena de caer en algo parecido a las fiestas de los locos medievales. Y en dicho glosario, no debería faltar un registro de los distintos significados, sin jamás perder de vista la analogía y su misión sapiencial, ordenadora de los diferentes analogados. La analogía es un tema clave del tomismo (cumple una función tan importante, que es casi un preámbulo de la fe). Sin el pensamiento analógico, el tomismo deviene un sistema contradictorio, ininteligible, una ideología más, en el peor de lo sentidos. Sirva de ejemplo la noción de fin, que para ser empleada con precisión en diversas tesis requiere de varias divisiones: in intentione / in executione; cuius / cui; ultimus / intermedius; principalis / secundarius; operis / operantis; objectivus / formalis; etc. Veamos un ejemplo:
(a)  el fin último del hombre es la gloria de Dios;
(b)  el fin último del hombre es su felicidad.
Al parecer, dos sentencias (tomistas) opuestas. Pero si se emplea la precisión escolástica, no hay contradicción, y se puede decir que:
(a)  el fin último [primario, trascendente] del hombre es la gloria de Dios;
(b)  el fin último [secundario, intrínseco] del hombre es su felicidad.
Otro ejemplo lo tenemos en la noción de “sobrenaturalismo”. Cuando se discutió sobre una polémica obra de Henri de Lubac (Surnaturel, París: 1946) “sobrenaturalismo” se usó para calificar la posición del jesuita. Algo semejante ocurre con “naturalismo”: puede significar un error, la negación del orden sobrenatural; pero también puede designar algunas tesis de raigambre tomista originadas en la sentencia gratia supponit naturam (la gracia supone la naturaleza; no la elimina, ni la reemplaza, ni le quita su propia integridad y perfección) con lógica proyección en el orden socio-político.
En un futuro trataremos algunos temas mencionados en esta entrada, reproduciendo textos breves -aptos para un blog- que esperamos ayuden a que los lectores puedan formarse un criterio seguro, basado en Santo Tomás y la Escuela. Y si les interesa leer el libro de Devillers, podrán entrar en debate en el blog de los saurios. 


lunes, 22 de febrero de 2016

Un santo antiliberal, no donatista

Hemos visto en entradas anteriores (aquí y aquí) que el participar políticamente bajo un sistema electoral dentro de un régimen constitucional más o menos liberal no siempre conlleva adhesión a errores condenados por la Iglesia, ni constituye per se un mal moral. Ningún descubrimiento original de nuestra parte, sino doctrina católica tradicional, clara y segura.
San Ezequiel Moreno obispo de Pasto (Colombia) es recordado por un célebre párrafo de su testamento:
“Confieso, una vez más, que el Liberalismo es pecado, enemigo fatal de la Iglesia y reinado de Jesucristo, y ruina de los pueblos y naciones; y queriendo enseñar esto, aun después de muerto, deseo que en el salón donde se exponga mi cadáver, y aun en el templo durante las exequias, se ponga a la vista de todos un cartel grande que diga: El Liberalismo es pecado” (6-II-1905).
El partido liberal colombiano de aquellos tiempos se mostró abiertamente hostil a la Iglesia, practicando un laicismo radical contrastante en este aspecto con la actitud del partido conservador.
Sin embargo, San Ezequiel estuvo lejos del donatismo político, al menos de acuerdo con una de sus biografías, que cita fragmentos de alguna carta pastoral* en la que anima a los fieles a combatir también en el ámbito de la política partidaria:
“Describe el limo. Sr. Moreno, con la verdad y vigor que acostumbra, los fines y medios del liberalismo, y dice en la Pastoral de que hablábamos: «Pretenden los enemigos de Jesucristo que las naciones prescindan de El, quitándole todo derecho en la organización social. Los diversos grados del liberalismo sólo son diversos modos más ó menos acentuados de quitar derechos á Jesucristo en la sociedad, y el liberalismo absoluto es la absoluta supresión de esos derechos.— Se esfuerzan esos enemigos por secularizar el Estado, la legislación, la enseñanza, la religión, la moral, las fiestas, la beneficencia, el matrimonio, el nacimiento, la misma muerte, y aun la sepultura del hombre; en todo y para todo quieren prescindir de Jesucristo y de su Religión.— Esas aspiraciones de los enemigos de Jesucristo señalan lo que han de hacer los católicos. Deben sostener los derechos de Jesucristo donde aun son reconocidos, y restaurar esos derechos donde hayan sido conculcados. Deben luchar contra todos los errores político-religiosos, que tantos daños causan á la Iglesia y á la sociedad, hasta que lleguen á destruirlos.— Hoy, entre nosotros, la revolución ha escogido el campo de batalla para la lucha (en las elecciones); y en ese campo deben también luchar unidos los buenos católicos, vigilando mucho no entren en las filas falsos hermanos que sirvan al enemigo y faciliten su triunfo.
«Únanse, concluye, los que no se han dejado seducir, ni por sofismas que ilusionan, ni por ejemplos que arrastran, y firmes en sus creencias, alzan resueltamente la bandera del Catolicismo, pero hermosa, limpia y sin la menor mancha de error liberal, y la tienen desplegada enfrente del enemigo, resueltos á defenderla á costa de su sangre y de su vida.» [Cfr. Minguella, Toribio. BIOGRAFIA DEL ILMO. SR. D. FR. EZEQUIEL MOREN O Y DÍAZ. Barcelona (1909), pp. 234-235]


* Nuestro agradecimiento al amigo colombiano que nos hizo llegar este texto que desconocíamos.

sábado, 20 de febrero de 2016

Los cocodrilos existen


Por expreso pedido de su autor, ayer eliminamos el post Nota sobre el «agustinismo político». Cabe aclarar que no somos dueños del texto, de modo que no podemos hacer otra cosa que acceder a la solicitud de su autor.

No tenemos ningún problema con la bitácora de los cocodrilos. Aquí damos el enlace:


lunes, 15 de febrero de 2016

Aclaración

A pedido del amigo Xavier de Bouillon publicamos este escrito que nos ha remitido por correo privado.
Xavier de Bouilon no es redactor de nuestra bitácora. A veces comenta, expresando sus opiniones, coincidentes o divergentes, según los casos.
Debemos reiterar que nuestra bitácora no es expresión del «nacionalismo católico argentino». Razón por la cual no nos preocupa si nuestra «línea editorial» está dentro o fuera de los cánones de «pureza doctrinal» de dicho movimiento político-cultural. Opinamos, según nuestro leal saber y entender, desde una posición «independiente».
MI NACIONALISMO: A PROPÓSITO DE UNA POLÉMICA ENTRE AMIGOS
Con ocasión de haber compartido en mi muro de FB un artículo crítico sobre el nacionalismo publicado en Infocaótica, algunos camaradas se han sentido heridos. No fue mi intención ofender a nadie. Cuando leí esa nota no advertí que se refería a un panfleto de propaganda de la Red Patriótica Argentina (en adelante RPA), en cuya página web publiqué - gracias a la gentileza de sus administradores - varias notas. Ocurre que en el panfleto mencionado algo tuve que ver, como alguno lo ha recordado en uno de los comentarios realizados en mi muro. Es que hace unos meses, cuando la RPA comenzaba su proyecto de armar una agrupación política anti- sistema, me ofrecí para participar y colaborar. En ese contexto, envié un breve escrito mío, pensado para ser usado en las pasadas elecciones. Ese escrito sufrió luego algunos cambios, legítimos como sucede en cualquier grupo político. Yo no coincidí del todo con algunas de las ideas y con el estilo expresados en la nueva versión, pero privilegié la unidad por encima de mis preferencias circunstanciales en temas opinables y no objeté nada. Pero la tendencia cercana al filo- fascismo y al estatismo económico que fue teniendo la agrupación me fueron distanciando de la misma (situación precedida de limpios debates al respecto con alguno de sus dirigentes). Sin relación directa con este proyecto, publiqué una nota en mi muro en el que decía que el nacionalismo debía ser católico y tradicionalista, ni fascista ni liberal. Algunos integrantes de la nueva entidad se sintieron directamente aludidos y me atacaron de manera injusta como soez, hecho que sólo finalizó del todo gracias a la mediación de esos grandes camaradas que son Guillermo Rojas y Hernán Capizzano (por cierto, el mejor historiador que tiene hoy el nacionalismo junto con Díaz Araujo). Todo eso y en especial la percepción falsa pero arraigada en algunos, de que yo estaba intentando "boicotear" el armado de la organización, me llevaron a tomar la decisión de apartarme de la misma de modo definitivo. Con posterioridad a los hechos narrados, es que publiqué el artículo de Infocaótica contra el panfleto de propaganda de la RPA, que dio lugar nuevamente a ataques personales en los que se tergiversaban mis ideas y las de mis amigos de esa página web (vuelvo a recordar que cuando lo hice no advertí que la nota de Infocaótica se refería a ese panfleto). Con el objeto de aclarar pues mis ideas, es que por este medio doy a conocer el escrito original al que se hizo mención y que firmé con mi pseudónimo. Leyéndolo, podrán apreciar las coincidencias y las disidencias con el que finalmente se publicó y que fuera objeto de crítica. Lo hago con el mayor de mis respetos a los amigos y camaradas Guillermo Rojas, Hernán Capizzano y Edgardo Moreno. De hecho, el haber mencionado las "desviaciones del nacionalismo", es una simple opinión personal, que en nada atenta contra licitud y validez de la RPA. Hoy tal vez agregaría una oración más a mi escrito: "Contra el liberalismo y el estatismo económicos, organización profesional de la economía y proteccionismo agro- industrial, en el marco de una sana economía de mercado". Finalizo recomendando la regla de oro en estos temas, al menos entre católicos: "En lo necesario, unidad; en lo opinable, libertad; y en todo, caridad".
POR UN NUEVO REGIMEN POLITICO: ABSTENCION PATRIOTICA Y RESISTENCIA CIVIL PACIFICA
Contra el centralismo, municipios y provincias más autónomas;
Contra la masificación electoral, sufragio indirecto, ponderado y orgánico;
Contra la partidocracia, representación ante el poder político por cuerpos intermedios;
Contra la democracia relativista o individualista, República fundada en valores religiosos, tradicionales, patrióticos y familiares;
Contra el desorden y la anarquía, presidencialismo;
Contra el personalismo, poderes limitados y contrapeso de las corporaciones;
Contra el falso corporativismo, un poder político independiente;
Contra el mandato general, mandato imperativo;
Contra el ineficaz juicio político, juicio de residencia;
Contra la mediocre y corrupta clase dirigente, exigencia de requisitos concretos de idoneidad y patriotismo para ocupar cargos políticos;
Contra la confiscatoria carga tributaria, recaudación en los municipios y coparticipación hacia arriba (provincias y nación);
Contra el autoritarismo, autoridad y custodia de los derechos y garantías de la persona humana;
Contra la falta de límites en las mayorías y minorías, defensa de la ley natural y divina, en un marco de respeto por las libertades concretas personales, familiares e institucionales;
Contra las leyes injustas, ius resistendi;
Contra el laicismo, Estado católico con libertad religiosa, dentro de los límites de los derechos de terceros, el bien común y el orden moral objetivo;
Contra el constructivismo político, respeto por la Tradición fundacional de la Patria.
REPUBLICA PRESIDENCIALISTA- SUFRAGIO INDIRECTO Y ORGANICO- FEDERALISMO DE BASE MUNICIPAL- CUERPOS INTERMEDIOS- MANDATO IMPERATIVO- JUICIO DE RESIDENCIA- JERARQUIA- LEY NATURAL Y DIVINA- TRADICION

Xavier de Bouillon

viernes, 12 de febrero de 2016

El «patriotómetro» descompuesto

El patriotismo es una virtud. Que tiene un tratamiento en Santo Tomás y en los moralistas. No es otra cosa que el amor y la piedad hacia la patria en cuanto tierra de nuestros mayores o antepasados. Como virtud, tiene sus principales manifestaciones: amor de predilección sobre las demás naciones; respeto y honor a la propia historia, tradición, instituciones, idioma, etc.; servicio, como expresión efectiva de amor y veneración; y, defensa de la patria. Al sano patriotismo se oponen dos vicios: 1º. Por exceso, el nacionalismo exagerado, que ensalza desordenadamente a la propia patria como si fuera el bien supremo y desprecia a los demás países con palabras o hechos, muchas veces calumniosos o injustos. El patriotismo es virtud cristiana si no se opone a la caridad y la justicia para con los demás pueblos y con los individuos que los forman; el "patrioterismo", que se agita fanática e injustamente contra los demás pueblos, es un partidismo degenerado. 2º. Por defecto, es el internacionalismo de los hombres sin patria, que desconocen la suya propia con el pretexto de que el hombre es ciudadano del mundo. Es un cosmopolitismo indiferente e insensible, que declama su amor a la “humanidad”, al cual nada le importa el bien del pueblo en que vive y que es su patria.
Las posibles manifestaciones concretas del patriotismo necesariamente variarán según las diversas circunstancias. Como principio general, el bien común de la patria ha de anteponerse siempre a las conveniencias personales o de grupo. Con este principio rector han de obrar gobernantes y gobernados. Pero en el plano socio-político, el patriotismo da lugar para un amplísimo campo de aplicaciones prudenciales variables y de soluciones técnicas diversas. 
Se dice que el patriotismo es un elemento esencial en el nacionalismo católico argentino. No hay nada que objetar a esta afirmación, siempre que sea rectamente entendida. La afirmación, sin embargo, puede encubrir desviaciones teóricas o prácticas. Sin ánimo de ser exhaustivos, mencionemos ahora dos:
- Complejo de superioridad moral. El patriotismo es una virtud, y por ello, un elemento esencial de toda naturaleza humana perfeccionada por las virtudes sociales. Por tanto, no puede entenderse como patrimonio exclusivo de un determinado movimiento cultural o grupo político. El complejo de superioridad moral patriótica promete a sus portadores una super-condición que la dura realidad en algún momento acabará por desmentir. Sin embargo, mientras perdura el complejo, se habla y se actúa como desde un púlpito invariable de superioridad ética, que se intenta ocultar con el desprecio a los demás grupos o movimientos, el aislamiento sectario en los propios microclimas y el echar la culpa a los demás de los propios errores.
- Dogmatismo en política prudencial. De la virtud del patriotismo, se pretende deducir more geometrico, una serie de propuestas políticas en materias esencialmente opinables y discutibles. Se trata de cuestiones de tipo prudencial, con implicancias técnicas muy complejas, que no están necesariamente determinadas por la virtud de la piedad patriótica. Para no pecar de exceso de abstracción, veamos un ejemplo:
“Contra la usura y el descontrol monetario: estatización total de la banca y el comercio exterior”
Esta propuesta, junto a otras, formaría parte de un modelo de “República Patriótica”. No queda del todo claro si a juicio de este grupo, se trataría de una exigencia necesaria de la virtud del patriotismo.
En todo caso, se debe señalar que la estatización de la banca y del comercio, no es más que una medida de orden político-prudencial con muchas complejidades técnicas. Quienes lo proponen, deben aceptar que no se trata de un “dogma político” sino de una opinión discutible como tantas otras. Tampoco pueden fundarla inmediatamente en una virtud moral, de modo que la estatización implique un grado de patriotismo superior al de otras propuestas de regulación de las mismas actividades económicas.  
En síntesis: no tenemos nada que objetar al patriotismo militante. Pero nos parecen errados el "patrioterismo", el “complejo de superioridad moral” y el “dogmatismo” en cuestiones políticas de naturaleza prudencial.

jueves, 11 de febrero de 2016

El nacionalismo según Alberto Ezcurra Medrano

Un amigo envía un texto de Alberto Ezcurra Medrano sobre el nacionalismo que publicamos en esta entrada.
“Mi nacionalismo es esencialmente católico y tradicionalista. Fue una reacción de mi patriotismo contra el internacionalismo marxista y el desprecio por la patria de los liberales. Siempre fui patriota, como lo fue mi padre. No creo que el patriotismo sea un sentimiento que me sobre. Lo creo una virtud positiva. Me acompaña en esta opinión Santo Tomás de Aquino (…) Nunca pude ser conservador, como parecería destinado por mi nacimiento, porque el conservadorismo, en nuestro país, se proclama liberal y el liberalismo es una herejía, y en nuestro país, con frecuencia, una traición. No es de la esencia del conservadorismo ser liberal, ni del liberalismo ser traidor, pero, en nuestro país, se han dado esas coincidencias, que soy el primero en lamentar (…)
Tampoco pude ser conservador porque he visto siempre en el conservadorismo, y sobre todo en los conservadores, demasiado espíritu de clase, demasiada defensa de intereses, los he visto demasiado conserva duros, como les decían en España. Y yo, aunque personal y familiarmente aristócrata, como ciudadano argentino antepuse siempre los intereses del país a los míos propios. ¿Quijotismo político? No. Verdadera aristocracia, que es la que tiene el sentido de servir al bien común. La que mira primero por sí misma se transforma automáticamente en oligarquía.
Pero si pude ser nacionalista y no conservador, ello no significa que esté de acuerdo con ciertas corrientes nacionalistas donde se da a la nación o alestado un valor demasiado absoluto; donde con criterio materialista se acentúa demasiado la importancia de lo económico; donde se acepta laRevolución como hecho ineludible, al cual hay que plegarse. Para mí la Revolución es el Anticristo en marcha y galoparle al lado es engrosar su cortejo.
Mi nacionalismo es un nacionalismo “sui géneris”, de muy difícil encuadre fuera de “El Baluarte” y “Restauración”. Soy, más que nada, un “carlista” (Memorias, 1956 y Apéndice al Capítulo III, 1960)



lunes, 8 de febrero de 2016

Un síntoma de "senilidad" política

Esta entrada trata un tema absolutamente opinable, que no tiene relación directa con la doctrina católica que muchas veces ocupa un lugar en nuestro blog. No expresa, por tanto, más que la muy discutible opinión de su autor, quien ha decidido limitarse a comentar una anécdota y glosar un artículo del Dr. Eduardo Conesa (completo, aquí). La elección del artículo de Conesa no ha sido fruto del azar. Hace algunos lustros, o décadas, desde el “nacionalismo católico argentino” se leía y consultaba a los economistas Eduardo Conesa y Marcelo Lascano. Al parecer, en la actualidad se ha abandonado esta costumbre. Al menos, es lo que se nota a primera vista cuando se miran bitácoras y páginas de vanguardias, redes, lacebrones y otros grupos.
Conversando con un apreciado amigo nacionalista, le decía hace unas semanas que, a mi modo de ver, el “nacionalismo católico argentino” no logra salir de una crisis de identidad y misión. Pienso que los pocos nacionalistas que quedan hoy, no tienen del todo claro si quieren ser un “movimiento cultural” (dedicado a cultivar el revisionismo histórico, la historia de las ideas políticas, las letras, el folklore, etc.) o un “grupo político” volcado a la política agonal (a ejemplo del Frente Nacional en Francia, con propuestas concretas y viables, que han logrado instalar en la agenda pública del país galo). También le hacía notar al amigo que veo en el nacionalismo una suerte de senilidad política. Expresión que no quiere ser insultante, sino descriptiva de un síntoma característico de los ancianos que se van poniendo seniles: hablar en el presente, y de la actualidad, como si viviéramos en el pasado. Ya sabemos que la historia es importante, maestra de la vida, etc., pero es obvio que no estamos en la década de 1950, ni en la de 1980… El tiempo pasa, las circunstancias cambian, los problemas mutan, la evidencia empírica se acumula y las ciencias sociales tratan de ofrecer nuevas y mejores interpretaciones de los hechos. 
El artículo de Conesa ofrece un breve panorama de la historia económica argentina del siglo XX y llega hasta el año 2014. Creo que permite tener una descripción adecuada del fin del ciclo kirchnerista en lo económico y cómo se ha llegado al mismo por repetición de políticas desacertadas. Para entenderlo bien hay que manejar algunas nociones de Economía. No dice nada en materia cultural y religiosa. Quien espere algo parecido a un editorial de Cabildo se sentirá defraudado.
He aquí una sinopsis:
«Con fuerte inflación proveniente de aumentos nominales de salarios mucho mayores que el aumento de la productividad laboral, y su consecuencia de atraso cambiario, pero ahora además con falseamiento de las estadísticas, con cepo cambiario, con cierre de la economía, con un gran déficit fiscal, con un fenomenal atraso en las tarifas de servicios públicos y con un freno al crecimiento exportador. Y por encima de todo ello, con una enorme expansión del gasto público que llegó al 45% del PBI y que constituye actualmente un pesado lastre que impide correr la carrera del crecimiento. En consecuencia la gran pregunta es: ¿cómo salir de este atolladero? Ciertamente se puede, pero es muy difícil que una política económica tenga éxito sino inspira confianza y credibilidad. Estas son las premisas.»

viernes, 5 de febrero de 2016

Juicio a la Iglesia Católica

 Su Santidad, Papa Francisco
Ciudad del Vaticano
Enero del 2016
____________________
Estimado Santo Padre,
Soy un judío. Tengo la seguridad, como la tuvo Menachem Mendel Schneerson de Crown Heights, Brooklyn, de la descendencia directa del Rey David por parte de mi padre (mi madre, me aseguraron, descendía de Hillel).
Tengo 74 años. Me convertí a la Iglesia Romana Católica a la edad de 17 en el último año del pontificado del Papa Pio XII. Lo hice porque estaba bajo la convicción de que tenía que aceptar y tener la fe de que Jesucristo era mi Salvador, y yo lo creí. Y creí que tenía que ser bautizado como miembro de Su Iglesia para tener la oportunidad de salvación. Así es que me convertí y fui bautizado en la Iglesia Católica y luego fui confirmado.
Con el paso de los años he contribuido con decenas de miles de dólares tanto al Óbolo de San Pedro (la tesorería del propio papa sobre la cual usted debe estar por supuesto muy familiarizado), como a mi propia parroquia y diócesis.
Durante ese tiempo he atendido a miles de misas, cientos de horas santas y novenas, he dicho miles de rosarios y he hecho cientos de viajes al confesionario.
Ahora en el 2015 y el 2016, he leído sus palabras y aquellas de su “Comisión Pontificia”. Usted ahora enseña que porque soy de raza judía, la Alianza de Dios conmigo nunca fue rota y que no puede ser rota. No califica la enseñanza especificando cualquier cosa que yo pudiera hacer que podría amenazar a la Alianza, que usted dice que Dios tiene para conmigo porque soy un judío. Usted enseña que es una Alianza imposible de romper. Ni siquiera dice que depende de que yo sea una buena persona. Lógicamente hablando, si la Alianza de Dios conmigo es irrompible, entonces un judío de raza como yo puede hacer lo que quiera, y aún así Dios mantendrá su Alianza conmigo, y yo iré al Cielo.
Su Comisión Pontificia escribió este pasado diciembre: La Iglesia Católica ni conduce ni apoya ningún trabajo de misión institucional específico dirigido a los judíos…de ninguna manera significa pues que los judíos estén excluidos de la salvación de Dios porque ellos no creen en Jesucristo como el Mesías de Israel ni como el Hijo de Dios.”
Usted es el Pontífice. Yo creo que su Comisión enseña bajo su bandera y en su nombre, y en lo que usted declaró durante su visita a la sinagoga en enero. Como resultado, ya no veo el sentido en levantarme cada domingo por la mañana para ir a misa, rezar rosarios o en irme al rito de reconciliación el sábado por la tarde. Todas esas cosas son superfluas para mÍ. Basado en su enseñanza, ahora que sé que todo se debe a mi superioridad racial a los ojos de Dios, no veo la necesidad de nada de ello.
Ahora no veo razón alguna por la cual fui bautizado en 1958. No había necesidad de que yo fuera bautizado. Ya no veo por qué había una necesidad para que Jesús viniera a la tierra tampoco, o que le predicara a los hijos judíos de Abraham de su día. Como usted cita, ya estaban salvados como resultado de su descendencia racial de los patriarcas bíblicos. ¿Para qué lo necesitarían a Él?
A la luz de lo que usted y su Comisión Pontificia me han enseñado, parece que el Nuevo Testamento es un fraude, al menos en lo que se aplica a los judíos. Todas esas prédicas y disputas a los judíos no tuvieron propósito alguno. Jesús tenía que saber esto, y sin embargo persistió en causar un montón de problemas para los judíos, insistiendo en que tenían que nacer nuevamente, que tenían que creer que Él fuera su Mesías, tenían que dejar de seguir las tradiciones de los hombres, y ellos no podrían llegar al Cielo a menos que creyesen que Él era el Hijo de Dios.
Su Santidad, usted y su Comisión me han instruido en el verdadero camino para mi salvación: mi raza. Es todo lo que necesito y todo lo que jamás he necesitado. Dios tiene una Alianza con mis genes. Son mis genes los que me salvan. Mis ojos están abiertos ahora.
Consecuentemente, le llegarán noticias de mi abogado. Voy a entablarle una demanda al papado y a la Iglesia Romana Católica. Quiero que me devuelvan mi dinero, con intereses, y estoy buscando daños compensatorios y punitivos por el daño psicológico que su Iglesia me causó, al hacerme creer que necesitaba algo, aparte de mi identificación racial elevada, para poder irme al Cielo después de que muera.
Estoy litigando también por el tiempo que malgasté, que pude haber utilizado trabajando en mi negocio, en vez de desperdiciarlo en adorar a un Jesús en el que ahora dice su Iglesia que no necesito creer para mi salvación. Sus prelados y sus clérigos me dijeron algo muy distinto en 1958. ¡Me han robado!
Sinceramente,
Pinchus Feinstein
2617646 Ocean View Ave.
Miami Beach, Florida 33239
P.D.: Estoy transmitiéndole esta carta a Hoffman, un ex-reportero de AP de Nueva York, con la esperanza que él atraerá la atención de aquellos de quienes deberían estar enterados de ella. Se lo estoy transmitiendo a él en forma de un sueño, pero, sin embargo, representa los sentimientos de muchas víctimas de su Iglesia ladrona.—Pinch
[Tradución de Tina Scislow. Artículo original]
Fuente:


jueves, 4 de febrero de 2016

El "nacionalismo" visto por Héctor Giuliano

El siguiente vídeo del Lic. Héctor Giuliano nos permite tener una aproximación a su pensamiento referido al "nacionalismo" en el sentido que se le da al término en la Argentina, muy distinto al usual en España.




No compartimos muchas de las tesis del autor sobre el Estado-Nación. Para entender los fundamentos de nuestro disenso, recomendamos la lectura del trabajo del Dr. Félix Lamas enlazado al final de la entrada.

«Patria, Nación y Estado, suelen designar en el lenguaje corriente una misma y única realidad1 . Sin embargo, tomados con precisión y atendiendo a su contenido semántico originario y sobre todo, a la razón de imposición del nombre, pueden significar aspectos distintos de esa misma realidad, o bien lisa y llanamente, cosas distintas. En el Derecho Internacional Público, por ejemplo, los conceptos de Estado y Nación son sujetos de atribuciones jurídico–normativas asaz diferentes. Cada uno de estos vocablos connota además contenidos emotivos propios, que se tornan especialmente perceptibles cuando entran en composición con la partícula ismo; así, es obvio que no es lo mismo, ni doctrinaria ni emocionalmente, “patriotismo”, “nacionalismo” y “estatismo”. La identificación, no ya vulgar sino reflexiva, de estas palabras y de sus conceptos correlativos, ha sido más bien fruto de ciertas corrientes del pensamiento político contemporáneo, sobre todo identificadas con el democratismo rousseauniano, el romanticismo, el fascismo y algunas formas de socialismo.» (Félix A. Lamas).

Fuente:

http://www.viadialectica.com/publicaciones/material/filosofia_estado/patria_nac_est_regimen.pdf