martes, 14 de junio de 2011

Hay que definirse


Caras largas en la vecina Infocatólica. Se infiere de algunos comentarios...
A pesar de las señalaciones de D. Iraburu, al teólogo mallorquín Luis Ladaria Ferrer, le hicieron Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y ahora, la «Fundación Vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI» premiará al abulense Olegario González de Cardedal. El premio será entregado por el propio Benedicto XVI el próximo 30 de junio.
No sabemos si nuestros vecinos están dispuestos a sacar las conclusiones que surgen de ambos ejemplos de «disidencias privilegiadas». Lo que nos parece claro es que si fuesen honestos deberían reconocer que la crisis de la Iglesia no puede explicarse acabadamente recurriendo al expediente iraburrita de denunciar una «autoridad apostólica debilitada» en su función de cuidado de la ortodoxia, aunque limitando los alcances de su denuncia al nivel de los obispos.
Parafraseando a Largo Caballero: don Iraburu, hay que definirse. ¿Tiene Vd. certeza de que Ladaria y González de Cardedal son teólogos de dudosa ortodoxia? Pues deberá criticar a las altas instancias romanas que les han premiado, por más que ello implique que le encasillen en algún sector eclesial del que quiere desmarcarse. Y si no se atreve ahora con Ladaria, bueno sería que dijera alguna cosa, por ejemplo, acerca de los graves errores doctrinales sobre la Eucaristía de los que se acusa desde hace décadas a Carmen Hernández.

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Pues Iraburu la tiene fácil: ¿Acaso el es mas que el Papa?
Obediencia de voluntad y de intelecto,ciega como una piedra y muerta como un cadáver. Adhesión irracional al oficialismo eclesial, como el le predicaba a los odiados filolefes, sino quiere ser como ellos.
Y quemar sus criticas en la plaza publica, pidiendo perdón por no reconocer a estos genios del espíritu del Concilio.

Anónimo dijo...

De tuyas a mías, cuántas te comerías...

Como decía más de uno, "obediencia ciega", "obediencia heroica", porque "el que obedece, nunca se equivoca"...

A ver si se aplican ahora la medicina de la obediencia que tan pródigamente recetaban a los demás.

Si se la aplican, apostatarán pero habrán sido sinceros en sus prédicas.

Si no se la aplican, se mantendrán fieles pero dejarán al descubierto la falsedad de sus protestas de obediencia.

Anónimo dijo...

Dice Eleuterio Fernández Guzmán (14/06/11 8:32 PM):

"a veces, al Papa le ponen en determinadas situaciones que, a lo mejor, no son de su gusto"

http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=9363#c52470


A no ser que Eleuterio pueda demostrar que el Papa no puede actuar como tal, el caso es que el Papa hace lo que hace porque así lo estima oportuno.

Y lo que estima oportuno es otorgar personalmente el premio que lleva su nombre a Olegario González de Cardedal por el magisterio teológico desarrollado en sus libros.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

El voluntarismo es así: una potencia obediencial infinita destinada a tragar sapos.
Lo curioso es que los mismos neocones que inventan subterfugios ridículos para justificar las unciones sincrèticas, las beatificaciones express. los besos al Corán y la evidente modificación de la doctrina tradicional en materia de libertad religiosa, no terminan de tragar unas cuantas ambiguedades del plomífero Cadredal, al punto de cuestionar ¡finalmente! al Establishment curial y pedir que "Surja el Señor". Curioso. ¿Por qué serà?

Martin Ellingham dijo...

Ludovicus:

Me ha tocado observar el siguiente fenómeno neocon: toda crítica a Roma es considerada una crítica al Papa. En el fondo es un derivado de suponer que el Espíritu Santo hace del papa un superhombre o un semi-dios. Si es un ser tan extraordinario, no puede ser sino culpable o inocente de todo el mal que hay en la Iglesia. Como si no gobernara con cientos de subordinados, que le informan bien, mal o regular. O como si no pudiera equivocarse en estos asuntos.

Saludos.

Coronel Kurtz dijo...

Los neocons siempre dicen que el lefebvrismo (o el filo-lefebvrismo) están a un paso del sedevacantismo. Pero, me parece, que es al revés, el neocon está a un paso del sedevacantismo.

Si creo que el Papa nunca se equivoca (incluso en asuntos meramente prudenciales), y luego constato que el Papa sí se equivoca, no queda otra alternativa lógica que deducir que este Papa no es *el* Papa.

En el fondo de todo sedevacantista hay un neocon frustrado. En el fondo de todo neocon, un sedevacantista en potencia.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

El abuso del argumento de autoridad, así sea para defender buenas causas, termina por envilecer y darse vuelta. Siempre hay que desconfiar un poquito del oficialismo y de quien tiene el poder, así sea Begnini bajo San Pío X. El fin no justifica los medios.

BTW, a ver qué dice Arráiz, impugnador estólido de la teoría de la "Iglesia de la publicidad", con este caso paradigmático de la misma...

Un ronin católico dijo...

"Para un teólogo equivocarse es humano y la palabra de la Iglesia es una llamada de atención, que, como la de todo el que objetiva y generosamente nos corrige, hay que agradecer para poder con su ayuda repensar nuestro camino, rehacer la obra, corregir posibles errores o matizar expresiones. A esa capacidad de volver sobre sí reflexionando hasta hacer girar la propia posición, de retracción en recuperación, de flexibilidad y ensanchamiento, es a lo que los ingleses desde 1824 y los franceses desde 1911 llaman resiliencia. Nosotros necesitamos una palabra castellana para designar esa actitud. El término proviene de la física y se refiere a la capacidad que tiene un material para recuperar su mejor forma anterior después de haber sido sometido a circunstancias que lo doblegan, estiran o hacen crujir.

Para cualquier teólogo católico es momento doloroso el no ser reconocido por la Iglesia como expresión plena de su verdad.

(...)

[La resilencia] le hará madurar su pensamiento haciendo objetivamente posible una recepción mejor de su teología. La mera resistencia le condenaría a empobrecimiento y soledad; finalmente a una infecundidad cristiana y humana."


Leyendo estas palabras de Olegario entendemos mejor la intención subyacente. Se premia a quien muestra buena disposición ante la jerarquía para estimular su buena voluntad y dar ejemplo a otros. En el desmadre teológico contemporáneo al menos los premios son usados para algo concreto.

Obviamente no todos van a verlo de esa manera. Algunos pueden no entender esto que se podía resumir en una norma prudente de buen gobierno que consiste en ascender y premiar a los posibles enemigos para tenerlos cerca y hacer amigos que contribuyan al bien común.

La otra cara de la moneda, la que se puede ver como hecho dudoso y aún reprobable entra en el ámbito de la Iglesia de la Publicidad. Efectivamente.

Anónimo dijo...

Difícilmente puede uno de esos buenos obispos de los que dice LFPB que debemos a Rouco -y que haría falta saber cuántos y cuáles son y en qué medida lo son y en qué medida se debe a Rouco su nombramiento- hacer nada realmente decisivo en su diócesis si no comienza el Papa haciéndolo en la Curia Romana. Es como pretender que gobiene el sargento cuando no lo hace el capitán. Y nombramientos como el de Fisichella o Ravasi, o premios como los del tema del post. por poner algún ejemplo, no son nada alentadores en ese sentido.
Es incluso una crueldad nombrar obispo a algún excelente sacerdote, colocarle en una diócesis muy difícil y darle la misión imposible de que arregle aquello cuando la Curia de la Iglesia madre de la Cristiandad -y especialmente Secretaría de Estado- es un desastre con Bertone a la cabeza.

Anónimo dijo...

PEDRO HISPANO dice: Creo que lo que extrae el Samurai del insufrible párrafo de Olegario se llama "doctrina de la seguridad". No estoy seguro del nombre pero si de la idea que afirma ser necesario tener contentos a los alejado o incluso enemigos aunque sea machacando a los fieles. Porque los primeros te pueden crear problemas y los otros no. Nefasta idea que no gana a los enemigos -y en cierto sentido es lógico pues los tratan mejor así- y desmoraliza y disminuye el número de los fieles. Caso particularmente expresivo -y sangriento- el de los Cristeros. Y después del concilio los ejemplos se multiplican.

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

si van a dar un Premio Ratzinger a la resiliencia, que se lo den a un caño de caucho.

Cordialmente,

Anónimo dijo...

Va a resultar que el fin justifica los medios: premiar a los malos para tenerlos contentos y que no molesten, aunque sea a costa de que sigan siendo malos y tengan más poder para ejercer sus maldades, aumentando la confusión entre los fieles.

Muy "pastoral"...

Pablo dijo...

Es muy significativo ese elogio de la resiliencia, propiedad opuesta a la ductilidad. Al teólogo que reciba llamadas de atención de la Jerarquía por haberse apartado de la doctrina católica, no le aconseja rectificar, sino sólo mostrar buena disposición, para así evitar censuras y penas, y después volver a su postura heterodoxa.

Un ronin católico dijo...

Es lo que hay. En la Iglesia se prefiere mantener el status quo de jurisdicción antes que el de verdad teológica. De esto se pueden poner mil ejemplos.

Luego, visto el desmadre eclesial, sería interesante saber qué otro nombre podría haberse propuesto a este "premio" y no hubiera provocado mayor desmadre que el presente.

Anónimo dijo...

¿"Premio beato Juan XXIII", o "beato Jaun Pablo II", o quizá "card. Frings"?

Mucho me temo que si se hubiera llamado "Premio beato Pío IX", o "San Pío X", o quizá "card. Ottaviani" habría quedado desierto: ningún teólogo contemporáneo querría recibir semejante galardón.

Un ronin católico dijo...

Me refería a nombre de un nominado, no del premio en sí. Eso es lo de menos.

Martin Ellingham dijo...

No entiendo bien por qué el pobre apologeta bolivariano la emprendió contra la hipótesis esjatológica de la Iglesia de la publicidad del P. Meinvielle.

¿Acaso durante el período soviético no hubo una iglesia ortodoxa rusa de la publicidad (ambigua o cómplice) y otra del silencio y del martirio? ¿Y no ocurrió algo semejante en otros países comunistas con las iglesias particulares?

Saludos.