lunes, 21 de marzo de 2011

EL TERCER ARTICULETE DE DON IRABURU

LA ESTRATEGIA DEL CALAMAR.



[La Redacción recomienda la lectura de religionenlibertad y exorbe. Y desde este humilde blog, procede a glosar la última pieza del discurso iraburesco:

La imagen que mejor podría resumir la última entrega de D. Iraburu es la del calamar que lanza tinta para cubrir su retirada. Un articulete plagado de razonamientos circulares, falacias ad populum, ad hominem y ad consequentiam. Parece que a D. Iraburu no se le ocurría de qué hablar, y el artículo que nos ha obsequiado se orienta a presentarse como alguien que es vilipendiado tras haber expuesto, cándidamente, con calma y tranquilidad  argumentos contrastados con los datos que dice aportar. Esto sería digno de análisis, pero vamos a seguir el principio escolástico: de emotionibus non est disputandum, aunque su último artículo esté plagado de emotivismo. En cualquier caso hay una serie de afirmaciones que sería interesante contrastar]

–¿Y ahora, después del tremendo barullo que ha armado usted con lo de los filolefebvrianos, qué hacemos?
Ad primum: el barullo no lo he armado yo, sino ellos, que yo escribí con orden y paz, con datos y argumentos, y sin mencionar ni insultar a nadie. Ad secundum: conviene pensar y escribir con calma, y eso exige ahora esperar unos cuantos días o semanas a que pase la tormenta.
Este artículo de ahora viene a ser, pues, un descanso reflexivo, una pausa. Relajémonos un poco, en el mejor sentido del término.
Yo he descrito en dos artículos, sin nombrar a personas o grupos concretos, un catolicismo vinculado más o menos a Mons. Lefebvre, que adolece de graves desviaciones en algunas importantes cuestiones. Y algunos, auto-identificándose con la descripción, se han sentido ofendidos, han protestado en diversos medios de internet con gran energía y agresividad, publicando una avalancha de argumentos y documentos contra mis artículos.
Se sienten muy dolidos. Y se comprende perfectamente. Los filo-lefebvrianos están acostumbrados a ser impugnados por los progre-modernistas, en una palabra, por los herejes; pero no por católicos tradicionales como yo.
A los ataques de los progresaurios ya están acostumbrados; pero quedan totalmente descolocados y perplejos cuando reciben de pronto la impugnación de uno que, como yo, describe exactamente sus errores, después de haber escrito en este mismo blog más de un centenar de artículos en los que denuncio los abusos e infidelidades que se producen frecuentemente en las Iglesias del Occidente descristianizado, y en los que critico a Marciano Vidal, Anthony De Mello, Olegario, Borobio, Flecha, Schillebeeckx, Haight, Sobrino, Rahner, Küng, Pagola, etc.; y en los que, más aún todavía, rechazo los errores de los luteranos, de los quietistas y, lo que ya es el colmo, de toda la piadosa corte aparentemente correcta de semipelagianos, que hoy quizá son mayoría entre los buenos católicos. Puede repasarse el Índice de Reforma o apostasía para comprobar que digo la verdad.

[Iraburu considera que algunos estamos dolidos por recibir la desautorización de católicos tradicionales como él. Aquí hay una nueva tergiversación semántica. Después de haber incluido en el “filo-lefebvrismo” todo ese sector de católicos no vinculados -por distintas razones- a la Hermandad de San Pío X pero que mantienen la duda si acaso las reformas postconciliares se hayan desarrollado en ruptura con eso que Benedicto XVI llama “hermenéutica de la continuidad”, que no es sino un principio heurístico derivado de la substancia de lo que es la Tradición en la Iglesia. Habrá quien repita como un loro que nosotros confundimos entre la Tradición (con mayúscula) y tradiciones eclesiales (con minúscula). No; nos referimos a la Tradición cuyo sujeto es la misma Iglesia y cuyo promotor es el Espíritu Santo, movimiento que se refleja en los llamados “testimonios de la Tradición” que llegan desde la primera Iglesia hasta nuestros días: los Padres de la Iglesia, las doctrinas de los teólogos, la Liturgia, las creencias del pueblo de Dios (el sensus fidei y el consensus  fidelium), el derecho canónico, los libros penitenciales antiguos, las devociones populares, las doctrinas de santos y místicos, el arte cristiano, las reglas de vida monástica y religiosa, etc. Evidentemente los testimonios de la Tradición no tienen todos el mismo valor, pero proporcionan una visión de conjunto de la fe y del sentir de la Iglesia. Una armonía que expresa esa hermenéutica de la continuidad de la que habla el Papa. Pues bien, decir que la situación que se produce tras el Concilio Vaticano II, en cuanto a su aplicación práctica, ha producido disonancias que un sector de católicos ha percibido, sin necesidad de leerse a Rahner y a Schillebeeckx, y que es lo que permite explicar el surgimiento de eso que se llama “tradicionalismo”, pero que no surge de una deficiente comprensión de la Tradición, sino de la sospecha de que muchas de las reformas posconciliares se alejan notablemente de esa Tradición. Pues bien, si Iraburu consiente en incluir a quienes con distintos matices han percibido esa ruptura hermenéutica y la han expresado en la categoría de “filo-lefebvrianos”, tendrá que incluir en ese sector a Romano Amerio -que nunca fue lefebvriano- al mismo cardenal Ratzinger que en su prólogo a “La reforma de la liturgia romana” de Klaus Gamber decía esto : “Lo que ha ocurrido tras el Concilio es algo completamente distinto: en lugar de una liturgia fruto de un desarrollo continuo, se ha introducido una liturgia fabricada. Se ha salido de un proceso de crecimiento y de devenir para entrar en otro de fabricación. No se ha querido continuar el devenir y la maduración orgánica de lo que ha existido durante siglos, se la ha sustituido, como si fuese una producción industrial, por una fabricación que es un producto banal del momento”; habría que incluir al cardenal Stickler, al cardenal Oddi, al cardenal Siri o el mismo monseñor Gherardini que en últimamente en su obra "Concilio Vaticano II:Una discusión abierta dice cosas como las que siguen : "   Si alguien me preguntase si el modernismo finalmente entró en la misma estructura de los documentos del Concilio, al punto de que los mismos Padres estuvieran infectados por él, mi respuesta sería sí y no. No, porque el espíritu sobrenatural no está ausente del Concilio, gracias a su abierta profesión de fe en la Trinidad, en la Encarnación, en la redención universal del Verbo, junto con la profunda convicción del llamado universal a la santidad, la aceptación y la fe en el efecto santificador de los Sacramentos, su consideración particularmente elevada del culto litúrgico y eucarístico, el rol santificador de la Iglesia y una devoción teológicamente nutrida a María. Pero mi respuesta es también sí, porque pueden encontrarse ideas modernistas en varios documentos del Concilio, notablemente en Gaudium et Spes, y porque un grupo de pocos pero prominentes Padres Conciliares eran abiertamente favorables a los antiguos y a los nuevos modernistas. Ellos deseaban tener una Iglesia en peregrinación hacia la Verdad, como cualquier otro peregrino, un amigo y un aliado de todo investigador, aprobando incluso en el área de los estudios sacros, la misma metodología crítica aplicable a las demás ciencias. En breve, su Iglesia era un tipo de laboratorio de investigación, en lugar de ser una dispensadora de Verdades de lo alto". Incluso habría que incluir algunas expresiones de Pablo VI que en ocasiones se lamentaba de ciertos cambios habidos en ciertos sacramentos (que al mismo tiempo, paradójicamente, él había firmado). Se podrían multiplicar  los ejemplos al respecto, pero no es menester.
Junto a esta posición encontramos otras dos: la innovadora y la neoconservadora. En la que se instala Iraburu es la neoconservadora, que consiste en hacer abstracción de las contradicciones, tratando de dotar una forma mentis tradicional a estructuras y aplicaciones que van transformándose de “abusos” en “usos” cotidianos, eludiendo pragmáticamente las posibles contradicciones que pudieran darse con la Tradición de la Iglesia.
Iraburu cree haber descubierto el mar mediterráneo: y no, el mar Mediterráneo ya hace mucho que se descubrió. Le tocaría ahora descubrir el Cantábrico, pues los ataques más virulentos y las oposiciones más radicales a todo el género llamado “tradicionalista” no ha venido del ultraprogresismo, sino de los ambientes y movimientos neoconservadores. La razón es que el neoconservador pretende presentarse como lo que hoy en día sería  “tradicional” u “ortodoxo” en la Iglesia y, dada esa compleja abstracción sintética entre reformas y prácticas contradictorias con la Tradición de la Iglesia, y una forma mentis conservadora, cuando se les indica que el destino va a ser el mismo que el del progresismo eclesiástico, no lo pueden soportar, y tienen que eludir la cuestión haciendo complicados razonamientos sobre la obediencia debida (o extrema en el caso de Iraburu). Ha mencionado diversas congregaciones afectas a la Liturgia tradicional con el visto bueno de la Santa Sede. Podría Iraburu dirigirse a ellos y preguntarles de qué sectores reciben el peor trato. Curiosamente no son los ultraprogresistas los que suelen ponerles mil trabas y recovecos canónicos para limitarlos al máximo, sino las autoridades de línea neoconservadora, que no quieren en la Iglesia a nadie “su derecha”, porque quieren seguir presentándose como el modelo de católico a imitar. “Católicos tradicionales como yo”. Pues eso.]
Los contradictores de mis artículos parecen no entender que una cosa es ser tradicional y otra ser lefebvriano o filolefebvriano. Los católicos, para ser católicos, hemos de ser todos tradicionales, como también hemos de ser al mismo tiempo bíblicos y fieles al magisterio apostólico de todos los Concilios y del Papa. «Tradición, Escritura y Magisterio de la Iglesia, según el plan prudente de Dios, están unidos y ligados, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros» (Vaticano II, DV 10). Por eso de ningún modo criticamos a los lefebvrianos o filolefebvrianos por su amor a la Tradición católica, sino porque, actuando y pensando contra ella, –admiten las ordenaciones episcopales cismáticas, realizadas contra la Ley de Iglesia y la voluntad expresa del Papa, –mantienen durante varios decenios, y todavía hoy, «reservas sobre la obediencia a su autoridad doctrinal [del Papa] y a la del Concilio» (Benedicto XVI, 10-III-2009), –y resisten contra la Liturgia católica en su forma ordinaria actual, que es la renovada en 1970 por Pablo VI, como si fuera inconciliable con la liturgia antigua.
Entendemos los sufrimientos de Mons. Lefebvre y de sus seguidores ante las infidelidades doctrinales, disciplinares y litúrgicas habidas en la Iglesia, y participamos del mismo dolor. Éste es el tema del presente blog, Reforma o apostasía. Pero no aceptamos aquellos aspectos del lefebvrismo que, como dice Benedicto XVI en la carta citada, necesitan «arrepentimiento y la vuelta a la unidad. Por desgracia, veinte años después de la ordenación [causa de las excomuniones hace poco levantadas] este objetivo no se ha alcanzado todavía».
Ha habido muchos comentarios favorables a Filo-lefebvrianos -I y -II, y me han alegrado especialmente aquellos que proceden de mis compañeros más próximos.
(…)
Pero también son muchos los que en sus comentarios han combatido fuertemente contra estos artículos sobre el filolefebrismo y contra su autor.Y también, por el mismo precio, han cargado algunos muy duramente contra InfoCatólica. Comienzo por citar algunos de los comentarios a los artículos Filo-lefebvrianos-I (138) y –II (150), que estuvieron abiertos unos tres días cada uno. Recojo algunas frases más significativas.
Cipitria: «Está disparando usted contra molinos de viento, refugiándose en adversarios que no existen, para argumentar con pereza… Decepcionante infoCatolica y muy hábil diviendo a la Iglesia. Eso es muy grave».
In diebus illis: «Denos soluciones porque esto se derrumba, usted guarda la ropa y el resto nos toca bregar contra los frutos del modernismo implantado y consentidos desde la cabeza de la Iglesia Romana». «Usted… intentaría justificar que se puede ser tradicionalista adminitiendo una misa bastarda. ¿Por qué no hace un examen comparativo del nuevo happening protestante con la verdera misa católica?». Misa bastarda y verdadera Misa católica…
Lucas: «Sigue usted sin aclarar cuál es el motivo que le ha llevado a publicar su serie sobre los filo-lefebvrianos, ni sin definir lo que es un filo-lefebvriano. La Santa Sede lleva años en un proceso de acercamiento con los cuatro Obispos de la FSSPX ¿y va usted y publica este artículo?».
Lautaro: «Padre Iraburu: Lo he seguido durante años; he repartido sus obras entre mucha gente, por el bien que hacía Ud. … Déjeme Ud. decirle que lo considero un hipócrita y un cobarde. Romperé todas sus obras y las reemplazaré por las de alguna persona que no se parezca tanto a los fariseos de los tiempos de N. Señor… Me confirman que ha hecho Ud. todo esto como un “servicio” bien remunerado, precisamente por ser quién es, y que ha partido más de su soberbia que de su entendimiento».
Fernando: «Me pregunto qué busca el padre Iraburu con este ataque frontal, extemporáneo e inicuo contra la Fraternidad… ¿Debía algún favor que tuvo que pagar?»
Longinus, Lefebvrista: «Los últimos eventos de la Iglesia justifican plenamente las acciones de Msr. Marcel Lefebvre, ergo la beatificación de Juan Pablo II, la reunión de Asís… oro porque NO se llegue a la plena comunión, si es que el resultado va a ser la demolición o emasculación de la Fraternidad de San Pío X, lo que ya ha pasado repetidas veces con otros institutos Tradicionales».
Piel de Toro, en referencia a un texto en que yo había citado al «sagrado Concilio Vaticano II», comenta: «Don José María, solo decirle que casi me desmayo leyendo lo del “sagrado” CVII. “Sagrado»? Por favor, nos lo puede explicar lo de “Sagrado”?!!!!!!!»
un sacerdote catolico: «Es evidente, los hechos y muchos textos lo prueban, que los papas desde Juan XXIII están imbuidos de un espíritu liberal, progresista. Desde Juan XXIII la Francmasonería tiene los papas que esperaba. No solamente los papas, sino también buena parte de la jerarquía. Los últimos y próximos hechos de Benedicto XVI lo prueban ampliamente (libro “Luz del mundo” con una posición dudosa sobre el preservativo, anuncio del próxima beatificación de JP II el papa más escandaloso de la historia de la Iglesia, y el anuncio de la próxima reunión de Asís, insulto supremo a NSJC único salvador). El padre Iraburu esta de acuerdo que existe modernistas progresistas al interior de la Iglesia. Pero por una ceguera voluntaria se niega a considerar que también el papa puede ser modernista».
Les invito a explorar también aquellos otros sitios de internet que han combatido mis artículos sobre el filo-lefebvrismo. Sus artículos, y algunos de los comentarios que los refuerzan, pueden ayudarles a conocer mejor, en vivo, la realidad real, no fingida, no inventada, del mundo lefebvriano y filo-lefebvriano, así como la variedad multiforme de sus modalidades. Mientras yo descanso y rezo, reflexiono y preparo con calma mi Filo-lefebvrianos-IV, pueden ustedes asomarse, si el tema les interesa, a los lugares que paso a indicarles.
Don Angel David Martín Rubio publica en su blog deReligión en libertad dos artículos de un tal Petrus Hispanus, autor anónimo muy próximo a él, por lo visto: Filo-lefebvrianos. Una respuesta a D. José María Iraburu y El espléndido aislamiento de D. José Mª Iraburu. No los comento, porque tienen una argumentación muy pobre. Sí, en cambio, conviene destacar la imagen que ilustra el segundo artículo, y que he reproducido en este mío: Pablo VI, quejoso de que «el humo de Satanás está entrando en la Iglesia», es quien realmente lo está fomentando al haber promulgado el Novus Ordo litúrgico postconciliar, «la Misa bastarda» de que hablaba aquel comentarista ya citado.
No entiendo bien en qué sentido Don Ángel David Martín Rubio alude al espléndido aislamiento de D. José Mª Iraburu. De un lado, son numerosos los que han apoyado mis artículos; y de otro lado, mucho más importante, gracias a Dios, estoy en comunión plena con unos 4.000 Obispos católicos unidos al Papa, y tengo muchos amigos. ¿Cómo explica Don Ángel David mi aislamiento?… Esto me recuerda a un locutor inglés que, hace cuarenta años, anunció por la radio: «en el canal de la Mancha un gran banco de niebla mantiene aislado al continente europeo».
In diebus illis reproduce esos dos artículos, indicando su origen, y cambiándoles título e imágenes:Adversus Iraburu: o cómo se arría la bandera y Adversus Iraburu II: o como la burra vuelve al trigo. Los introduce diciendo que yo soy como «caña agitada por el viento» (Lc VII,24)», que ataco al «hombre que salvó la doctrina, la Tradición, el sacerdocio católico y el Santo Sacrificio frente a la ruina que se cebaba en el resto de la Iglesia. Con la complicidad de grandes cardenales y grandes obispos y teólogos que callaban y se tragaban el sapo. Estos cómplices, línea media, cobardes, que destilan los textos del CV2 para intentar hacerlos compatibles con la verdadera ortodoxia católica [desvergonzados], son los que más daño hacen a la Iglesia».
La imagen que he puesto –la CEE nos quita la fe– está tomada de este blog, que como se ve, es sumamente primario. Al final de los dos artículos que reproduce, da los enlaces a infoCaótica que indico a continuación.
infoCaótica es un blog nacido para combatir mis artículos sobre los filolefebvrianos y, me figuro, que contra InfoCatólica en general. InfoCatólica comunicó el nacimiento de infoCaótica en su blog La Caverna, con un artículo deArqueológicus Brutote, eminente cavernícola, titulado Se amplía el negocio. Este nuevo sitio comenzó su andadura publicando Glosas al último (Deo volente) artículo del P. Iraburu (I), Glosas al último (Deo volente) artículo del P. Iraburu (II) yGlosas al último (Deo volente) artículo del P. Iraburu (III).
Hay que confesar que estos infocaóticos son eruditos, discurren mucho, aunque no bien, y argumentan con una sofisticada dialéctica, que recuerda a aquellos rabinos que interpretando el Talmud «colaban un mosquito y se tragaban un camello» (Mt 23,24). Son capaces de contarle los pelos a un conejo, pero no distinguen un toro de una vaca. Bruno Moreno los retrata muy bien en De perdices mareadas, cismas y lefebvrianos.
Estos infocaóticos justifican, por supuesto, las ordenaciones episcopales de Mons. Lefebvre, y no ven en ellas desobediencia alguna. Apoyan sus argumentaciones en los más sólidos pilares. –Santo Tomás de Aquino enseña que la ley injusta no obliga, y que puede ser obligatorio resistirla en conciencia (STh I-II, 96,4). La obediencia, si cae en el exceso, se hace servil (II-II, 104,2). –San Roberto Bellarmino dice que «a aquel que tratase de destruir la Iglesia, es lícito resistirle, no haciendo lo que manda e impidiendo la ejecución de su voluntad» (De Romano Pontifice II, 29). –El Card. Charles Journet: «Uno puede imaginar la realización de un acto canónico, con toda buena fe, que en realidad sea contrario a la ley natural o evangélica. En tal caso, la obediencia será imposible, y será mejor aceptar la excomunión con fe y humildad».
Los infocaóticos aplican estos altos y nobles principios al caso extremo de Mons. Lefebvre, que ordena Obispos viendo necesaria la Fraternidad de San Pío X para asegurar «la continuidad de la Iglesia». Empeñados los Papas postconciliares en la destrucción de la Iglesia, y exigiendo la ley canónica y el mandato del Papa un acto contrario a la ley evangélica, supo Lefebvre resistir los mandatos injustos, también el del Papa, y evitando una obediencia servil, hizo lo que exigía el bien de la Iglesia, aceptando la excomunión humildemente. Una excomunión, que al ser radicalmente injusta, era inválida… Qué esfuerzos formidables realizan estos grandes ingenios infocaóticos, tan dignos de ser empleados en mejores causas.
[Iraburu hace uso de los comentarios dejados en su blog por supuestos “filo-lefebvrianos” y después glosa los lugares en los que se ha criticado su artículo. Si nosotros tuviéramos que poner ejemplos tomados de comentaristas anti-filo-lefebvristas –Iraburu incluido- no acabaríamos nunca con las barbaridades que ahí se han vertido, tanto desde la Teología como desde la racionalidad más simple. Pero sería arrastrarse a un campo demasiado bajo.
La tosquedad de la exposición o la actitud adoptada para exponer un argumento no  sirve para negar la validez del mismo, máxime cuando lo que hay que refutar es el argumento mismo, y sería demasiado demagógico acudir a actitudes individuales extremistas o desubicadas como forma de argumentación. De nuevo, de emotionibus non est disputandum. Sin embargo, Iraburu nos reprocha que razonamos mal. Eso sólo puede querer decir una de estas dos cosas: a) que haya detectado en nuestra argumentación pasos ilegítimos, según las leyes de la inferencia; b) que desarrollamos mal la “epiqueia” de los principios. En el primer caso, debería tener la amabilidad de indicarlo. En el segundo, los principios que hemos aducido de diversos teólogos como Santo Tomás o San Roberto, Iraburu nos tiene que conceder al menos, que en cuanto tales principios deben querer referirse a situaciones reales. En el caso de la resistencia a la autoridad eclesiástica en ciertos casos, no podemos sino remitirnos al consenso de los teólogos al respecto y los ejemplos que ellos aducen. Aquí D. Iraburu tendrá que mostrar su posición: o bien son principios innecesarios, que vagan en el plano de la abstracción porque es imposible una situación en la que deba darse esa actitud de resistencia; o bien que la haya, y en tal caso, podría poner un ejemplo al respecto. Esto no es dejar pasar un mosquito y tragar un camello, es simplemente acudir a la doctrina de los teólogos al respecto  y plantear su aplicabilidad en determinadas circunstancias, sobre todo aquellas que afectan a la actual crisis de la Iglesia. De nuevo, don José María Iraburu confunde dos planos, el de una defensa cerrada de monseñor Lefebvre, y el de la argumentación crítica relativa a las sucesivas reformas y praxis postconciliares, en donde cualquier argumentación ha de tener como referente material el "Status Ecclesiae", un debate que Iraburu pretende evadir, y es justamente el real "Status Ecclesiae" desde donde pueden entenderse los procesos habidos en la Iglesia tras el concilio así como para deshacer las contradicciones en que el pensamiento neocon pretende embarcarnos.
Iraburu, como buen neoconservador, no tiene ningún problema en aceptar la situación actual, a la cual, según él, le harían falta simplemente perfeccionar algunos detalles accidentales. Pone como ejemplo sus críticas a diversos teólogos del ámbito progresista. Quizás, desde su torre de marfil no se haya dado cuenta de que esa crítica, que sin duda es pertinente, no es causa de los problemas que “ad intra” tiene la Iglesia. El neoconservador habitualmente mantiene sus posiciones cuando se dedica a atar “perros con salchichas”.  D. Iraburu debiera salir de la torre de marfil en la que vive, y darse un paseo por las iglesias. Analice los textos empleados en la mayoría de las parroquias para el sacramento de la confirmación. Escuche unas cuantas homilías de funerales y entierros. Dése una vuelta por Europa, por Austria, por Suiza, por Holanda, y asista a una Misa dominical. Contemple la liturgia, la participación de los fieles, la doctrina que se escucha, y luego díganos si el gran problema de la Iglesia son los libros de Schilebeecx. No; el problema es más hondo y se puede percibir en el pueblo de Dios. Muchos fieles han acogido y asumido perfectamente todas las reformas postconciliares: se alegran de que todas las religiones sean iguales, de que en determinadas circunstancias las celebraciones se adapten a la asamblea y sus caracteres locales, les entusiasma la secularización del clero, indicando que debieran ir más allá, y tomar esposa o permitir el acceso de las mujeres al sacerdocio. Este tipo de gente, es la que llena los despachos parroquiales en forma de consejos pastorales, de economía y de catequesis. Se dirá que es un problema de formación de tales seglares. Pero debe pensarse que esas asunciones sobre el catolicismo no han precisado excesivos problemas de cabeza para sus promotores: la praxis eclesial derivada del modo con que se desarrollaron las reformas postconciliares ha producido su fruto. Lo decía Santo Tomás : "Intellectus speculativus in extensione fit practicus". Después hay otro sector de católicos, que intuye que todo eso no está bien, aunque esté incrustado en la autoridad eclesiástica misma. Algunos de éstos se han incardinado en movimientos neoconservadores, en los que más allá de “espiritualidades” lo que han buscado es un catolicismo con el mayor parecido posible al tradicional. Craso error por su parte, por supuesto. Y el resto se podrían calificar filo-lefebvrianos de tomo y lomo. Esta situación no es casual, y la perplejidad de muchos fieles que no están ilustrados en Teología ante esa vorágine de aplicaciones hechas en nombre del Concilio se podría interpretar también como expresión del sensus fidei, que también pertenece a la Tradición.]

domingo, 20 de marzo de 2011

Cuatro círculos mal dados: cazador de filos.

O.E. es un amiguete de Infocaotica que vive en los unites states. Le gusta mucho la caza, y en cuanto le hablaron de la primavera del postconcilio, nuestro querido O.E. se fue a cazar filolefebvrianos junto a su colega el cazador de mitos.


Aquí el video:




sábado, 19 de marzo de 2011

Dominus conservet eum



 Dominus conservet eum et vivificet eum et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius.  Sancte Ioseph, ora pro eo.

viernes, 18 de marzo de 2011

FILO-OPUSINOS



En esta Redacción somos muy filo-Opus. Ya sabéis, que si lo dice uno del Opus, es Dei…

Doña Blanca Castilla Cortázar ha escrito todo un tratado sobre la antropología de la elegancia:

“La elegancia abarca todos los modos de presentarse y comportarse la persona. Se extiende también a los objetos humanos de uso más directo y de un modo amplio se puede hablar de una arquitectura o de una ciudad elegante. El arte, como creación humana, puede extenderse a todo el ámbito de la vida y el actuar humano resaltando la belleza que se advierte sensiblemente. Sin embargo, hay un sentido más estricto de la elegancia que se refiere al vestido.”

Y para que no falte a un asunto tan filosófico y abstracto la debida cuota de mentalidad empresarial, como dicen los del Opus sobre sus apostolados, nada mejor que recomendaros un libro de ediciones Palabra. 

Estadísticas para sobrevivir: seminarios españoles (ya no digamos del resto)

La realidad, lo puramente fáctico, no es un criterio usualmente válido para juzgar globalmente las cosas complejas de la Iglesia. Sin embargo, contra facta non valent argumenta. Y como decían los curas de toda la vida en España, quod natura non dat, Salmantica non praestat. O sea, que por mucho que se empeñe la Comisión Episcopal de Seminarios  Universidades de la Conferencia Episcopal Española de que ha habido un repunte, en algunas diócesis incluso celebrado con rueda de prensa (¡Con cuatro ingresos!),estadísticas aquí, no se puede intentar engañar al personal católico de susodicho  país, ya bastante zombie como para más historias. Aunque en una cosa parece haber mejorado esto, y es que parece no haber tanta propaganda triunfalista como en campañas anteriores, aunque eso ya sería el colmo y como dicen los gallegos llamar burro al caballo.

Dejémonos de películas, que para eso ya hay bastantes, y llamemos al pan, pan y al vino, vino. A ver si reconocen de una vez estos señores obispos españoles -y muchos otros por el resto del mundo- que hay crisis en la Iglesia, y que la narcotización de las conciencias católicas impide ver que es una crisis de despreci del sacerdocio y raíz de un nuevo anticlericalismo-católico-neocon-de nuevo cuño, que se avergüenza de los sacerdotes , especialmente de los que tienen alguna sensibilidad tradicional, como lastre del pasado que impide a la Iglesia hacerse una con la modernidad y llevar a cabo un proyecto "humanizador"-más bien antropocentrista- del catolicismo.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Glosas al último (Deo volente) artículo del P. Iraburu (III)

Santo Tomás de Aquino, otro peligroso filo-nosequé

Seguimos con la glosa:
7. Mons. Lefebvre se equivocó en la ordenación de los Obispos, pero lo hizo por amor a la Iglesia. Su intención era buena, y su conciencia buena y recta. Así argumentan los filo-lefebvrianos «más abiertos», aquellos que llegan a reconocer la «equivocación» de Mons. Lefebvre. En un acto de suprema magnanimidad, él vino a hacer suya la actitud de San Pablo: «siento una gran tristeza y un dolor continuo en mi corazón, porque desearía ser yo mismo maldito (anatema), separado de Cristo, en favor de mis hermanos», los judíos (Rm 9,1-5). «Conviene que un hombre muera por todo el pueblo, y no que muera todo el pueblo» (Jn 11,50). 
–Nunca es lícito procurar el bien espiritual de los otros con perjuicio del bien espiritual propio. Recordemos la doctrina de Santo Tomás sobre el orden de la caridad. La caridad es universal, se dirige a todos los seres, pero dada la limitación del hombre, en el ejercicio concreto de la caridad hay un orden objetivo de prioridades, que debe ser respetado (STh II-II,26,1). Entre Dios y nosotros, es claro que debemos amar a Dios más que a nuestra propia vida, nuestros familiares, amigos o bienes propios (Lc 14,26. 33). Entre nosotros y el prójimo, es indudable que debemos amarnos más a nosotros mismos, pues es Dios quien propone al hombre el amor a sí mismo como modelo del amor al prójimo; y el ejemplo es mayor que su imitación (II-II,26,4 sed contra). Y aunque en ocasiones el bien material del prójimo puede ser preferido al propio, por el contrario, el bien sobrenatural propio debe preferirse siempre al bien sobrenatural del prójimo. No es, pues lícito cometer el más leve pecado, aunque ello, presuntamente, trajera consigo un gran bien espiritual para nuestro hermano (26,4). Así han obrado y obran siempre los santos.

Este argumento de don Iraburu ya lo hemos rebatido antes por lo que no nos repetiremos para no abusar de la paciencia de nuestros amables lectores. Sin embargo, nos detendremos en un par de suposiciones temerarias que hace. En primer lugar, se parte del supuesto (no demostrado previamente) de que lo que hizo Monseñor Lefebvre, en ese tiempo y lugar concreto el 30 de junio de 1988 fue un “pecado”. Es decir, que, gratuitamente, hemos pasado del ámbito de la moral al de la casuística de confesionario. No es éste sino otro más de los “pases mágicos” a que nos tiene acostumbrado junto a sus corifeos infocatólicos: de la ética general al derecho canónico, de éste a la teología sacramental, de allí a la casuística para confesores, y de vuelta a la ética, sin atender a los diferentes métodos que cada uno de estos saberes tiene. Pero no sólo eso, el Páter nos regala un juicio temerario.

Don Iraburu, que se dice tomista, debe conocer el caso de la II-II q.66 a.7 de la Suma, “¿Es lícito el hombre robar en estado de necesidad?”, donde el Aquinate concluye que “esto no tiene propiamente razón de hurto ni de rapiña.” O el caso de I-II q. 96 a. 6, donde dice: “la necesidad misma lleva aneja la dispensa, pues la necesidad no se sujeta a la ley.” A diferencia de la ética kantiana, la católica no se maneja entre absolutos abstractos como pretenden algunos comentadores InfoCatólicos, suponemos que con la aprobación de su “Capellán Mayor”, puesto que no los corrige. Del mismo modo que la ley injusta no es ley —como dice el Doctor Humanitatis (título que le dio s.s. Juan Pablo II, aunque le duela a Arráiz y a los demás infocatólicos con su silencio cómplice)—, del mismo modo que el robo en caso de necesidad no es robo, uno no está obligado a obedecer una orden injusta o de cumplimiento imposible. Y esa desobediencia no es propiamente desobediencia.

Repetirá tal vez don Iraburu, en un nuevo acto de temeridad, que del mismo modo piensan los luteranos. Otro dirá ingenuamente, ¿y quién decide que orden es justa o injusta? Y, los infocatólicos, repetirán al unísono: el Papa. ¿Y, preguntamos, si el que da la orden injusta es el Papa? ¿No existen acaso referencias para determinar la justicia o injusticia de un mandato papal, dado que los Papas no están exentos de equivocación en materias que no son de Fe como puede ser la fecha de una consagración episcopal (siendo que la misma ya estaba permitida por el Papa pero el 15 de agosto en vez del 30 de junio)?

“El Papa no es el mandatario supremo —desde Gregorio Magno se llama el «siervo de los siervos de Dios»—, sino que debería, yo suelo expresarlo así, ser el garante de la obediencia, de que la Iglesia no haga lo que quiera. Ni siquiera el propio Pontífice puede decir: «La Iglesia soy yo», o «La tradición soy yo», sino al contrario: él está obligado a obedecer, encarna ese compromiso de la Iglesia. Si en la Iglesia surgen las tentaciones de hacer las cosas de una manera diferente, más cómoda, él tiene que preguntar: «¿Podemos hacerlo?». Así pues, el Papa no es el órgano capaz de proclamar una Iglesia diferente, sino el dique de contención frente a la arbitrariedad. Mencionaré un ejemplo: desde el Nuevo Testamento sabemos que el sacramento del matrimonio, una vez consumado, es perpetuo, indisoluble. Ahora hay corrientes que afirman que el Papa podría cambiarlo. Y en enero de 2000, él, en un gran discurso a los jueces romanos, explicó que, frente a esa tendencia de modificar la indisolubilidad del matrimonio, sólo podía decir que el Pontífice no puede hacer todo lo que quiere, sino que, por el contrario, debe inculcarnos siempre la obediencia [a la Tradición], que en ese sentido tiene que continuar el gesto del lavatorio de pies, si me permite la expresión.” — Joseph Card. Ratzinger [Fuente. Lo subrayado es nuestro.]

Queda claro que el “dique de contención frente a la arbitrariedad” es la tradición de la Iglesia. ¿Será que el entonces Cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI, era un cripto-luterano? ¿O, peor, un filo-lefebvrista?

Por el contrario, las excomuniones que siguieron a las consagraciones episcopales fueron “latae sententiae”, automáticas por encuadrarse en una conducta tipificada en el Código de Derecho Canónico. No se penó una “desobediencia” a una “orden directa del Papa” como dicen los infocatólicos, sino una conducta tipificada (can. 1382). Pena que Lefebvre conocía y aceptaba como consecuencia obvia de su acto. Para ello no hay más que leer la homilía que pronunció en ocasión de las ordenaciones. Y, justamente, se refugia en el “estado de necesidad” (can. 1323, 4), manifestando de esa forma la falta de intención cismática, y dejando abierta la puerta para un recurso ante la Sede Apostólica. El caso es que el proceso no estaba aun terminado para cuando se levantaron las excomuniones y por aplicación del principio de ley posterior más benévola, se lo dio por terminado sin resolverse.

Pero no fueron pocos los estudios monográficos sobre el affaire Lefebvre a cargo de respetables canonistas y, en general, fueron favorables al reo, aun no siendo “lefebvristas”. Como, por ejemplo, el sacerdote estadounidense Gerald Murray (actualmente párroco en Manhattan), en la Gregoriana, sostuvo en su tesis (aprobada con la máxima calificación) que la excomunión “desde el estricto punto de vista canónico no es válida, al igual que la acusación conexa de cisma en sentido formal”.

8. San Atanasio, por defender la fe católica en tiempos de enorme difusión del arrianismo en la Iglesia, fue excomulgado por el Papa. Y la pena de excomunión sufrida por Mons. Lefebvre y sus Obispos hay que entenderla en circunstancias e intenciones análogas. 
–El caso histórico aludido no sirve como argumento. En primer lugar, porque Mons. Lefebvre no fue excomulgado por mantener doctrinas falsas, sino por realizar una celebración episcopal gravemente prohibida por la Ley y por el Papa. Y en segundo lugar, porque la excomunión de San Atanasio fue claramente inválida, al no ser firmada por el Papa libremente. Según el testimonio del propio San Atanasio, «Liberio, habiendo sido desterrado, cedió al cabo de dos años y, temiendo la muerte con la que le amenazaban, firmó» (Historia Arrianorum ad Monachos 4). El Papa Liberio, antes y después de esa excomunión, siempre apoyó a San Atanasio, superando terribles presiones y hasta intentos de soborno por parte del Emperador arriano.

¿Y esto? El caso es que San Atanasio desobedeció una orden injusta proveniente del Papa, más allá de las circunstancias. Y, en el momento en que desobedeció, San Atanasio no sabía que el Papa había sido presionado por el Emperador.

Todos los santos que han buscado la reforma de la Iglesia la han procurado siempre por el camino de la obediencia. Y es preciso señalar que no pocos de ellos hubieron de vivir circunstancias de Iglesia tan espantosas –aunque quizá no tanto– como las que hubieron de vivir en el postconcilio muchos católicos del Occidente descristianizado, cuando en no pocas Iglesias locales había Obispos, sacerdotes y teólogos empeñados al parecer en destruirles la fe y en separarles por completo de las tradiciones doctrinales y espirituales de la Iglesia católica.

De vuelta, maliciosamente se da a entender que lo hecho por el arzobispo Lefebvre fue una falta contra la obediencia justa. Que es, justamente, lo que se disputa.
San Francisco de Asís prohibía a sus frailes predicar el Evangelio sin el permiso del Obispo o del párroco, y prestaba obediencia absoluta al Papa: «puesto de rodillas, prometió humilde y devotamente al señor papa obediencia y reverencia» (Leyenda tres compañeros 52). San Ignacio de Loyola y la Compañía de Jesús se afirmaban siempre en sus 18 Reglas para sentir con la Iglesia (Ejercicios352-370). Santa Teresa de Jesús declaraba: «tengo por muy cierto que el demonio no engañará, ni lo permitirá Dios, a alma que de ninguna cosa se fía de sí y está fortalecida en la fe […] y que siempre procura ir conforme a lo que tiene (mantiene) la Iglesia» (Vida 25,12). «En cosa de la fe contra la menor ceremonia de la Iglesia que alguien viese yo iba […] me pondría yo a morir mil muertes», antes que desobedecer (33,5). Los santos jamás concibieron siquiera la posibilidad de que una desobediencia grande o pequeña a la Ley eclesial y a los mandatos del Papa pudiera causar algún bien para la reforma de la Iglesia.

Sí y no. Ya otros han dado el ejemplo del beato Juan Enrique Newman. A Newman (que el director de infoCatólica dice admirar) se le requirió bajo pena de excomunión que se presente en Roma ante Propaganda Fidei. Orden que este neo-beato incumplió. Si no se llegó a excomulgarlo fue para evitar el escándalo de echar fuera de la Iglesia al “converso más famoso de Inglaterra”.

Pero, nos preguntamos legítimamente, ¿y si se lo excomulgaba? Puesto que la desobediencia sigue siendo la misma, me gustaría saber qué actitud tendrían Iraburu y sus corifeos. Parece, además, que según Iraburu —según vimos más arriba—, al desobedecer, Newman puso en peligro su alma, aunque su causa era buena.

Pues ahora la Iglesia lo beatifica y, con toda seguridad, próximamente lo canonizará. Y si para InfoCatólica las canonizaciones son materia de Fe, entonces parecería que la Iglesia no aprueba la doctrina de Iraburu sobre la obediencia.

Obvio es decir que no es el único caso de santo “desobediente”. Preguntemos sino a San Juan de la Cruz, para quedarnos en el ámbito hispánico.

—Son muchas las comunidades católicas tradicionales, que en perfecta comunión con el Papa y la Iglesia, aceptan sin reservas el sagrado Concilio Vaticano II, profesan la doctrina tradicional y, con las debidas licencias, celebran normalmente la Liturgia antigua, respetando al mismo tiempo la Liturgia postconciliar. En este sentido, puede decirse que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, en el momento presente, se ha quedado prácticamente sola en su deficiente comunión con la Iglesia católica. 
Efectivamente existen estas “comunidades católicas tradicionales”, pero el hecho es que todas ellas (con la excepción de alguna comunidad que durante un tiempo fue bi-ritualista como los benedictinos de Fontgombault o los fundadores del Instituto de Cristo Rey), nacieron gracias a la “desobediencia” de Lefebvre. Y, aunque al Padre Iraburu se le dificulte comprender el principio de causalidad, sin Lefebvre y su “desobediencia” no existirían. Como tampoco existiría “Summorum Pontificum”, motu proprio del Santo Padre que, paradójicamente, la mayoría de los obispos de todo el mundo desobedecen.
Algo más. Dice don Iraburu, “aceptan sin reservas el sagrado Concilio Vaticano II”. Más allá del estilo barroco del Padre en la elección de adjetivos para un concilio “que quiso declararse mero concilio pastoral” (Juan XXIII, “Discurso Inaugural”), no es del todo exacto lo que se afirma, cuando al Instituto del Buen Pastor, los franciscanos de la Inmaculada y otros de las comunidades más recientemente regularizadas, se le ha encargado una “crítica seria y constructiva” del Vaticano II.
Por ahora obviamos analizar las “comunidades” que describe someramente a continuación el sacerdote navarro. Aunque, Dios mediante, nos detendremos en sus “historias”, no sea cosa que no siempre hayan sido tan “obedientes”, no sea cosa que la Sede Apostólica nunca les haya exigido ningún tipo de retractación sobre expresiones como “Roma modernista”, “Iglesia conciliar” o “Misa bastarda”...

Pidamos al Señor la reintegración de la FSSPX a la unidad de la Iglesia. Éste ha sido el fin principal pretendido por Benedicto XVI al levantar la excomunión que pesaba sobre los Obispos lefebvrianos. Así lo explicaba él mismo: «la remisión de la excomunión tiende al mismo fin al que sirve la sanción: invitar una vez más a los cuatro Obispos al retorno» (10-III-2009). De ello he de tratar, con el favor de Dios, en el próximo artículo.

¿Había necesidad de mayor hipocresía? Son artículos como el suyo y comentarios como los suyos y de sus aduladores los que no ayudan a una “reintegración”. Aunque el título exacto sería “regularización”, puesto que según dichos de la propia Santa Sede, a través de sus dicasterios encargados de las negociaciones y del “mundo tradicionalista”, “no estamos ante una herejía”, “no se puede decir en términos correctos, exactos, precisos, que se dé un cisma” (Cardenal Castrillón). ¿Y si no es un cisma, ni una herejía, ni —obviamente— apostasía, de qué “reintegración” estamos hablando?

Nueva Sección: Cuatro círculos mal dados

 Inauguramos hoy esta  sección que sin duda hará el solaz y regocijo de todos nuestros visitantes cripto-lefebvristas-conspiranoicos-espagíricos. Para empezar, ofrecemos una revelación inédita que no envidiará nada a otros sesudos informes del más agudo periodista de investigación. Nuestro equiporonoico dedicado a sacar a a luz todo tipo de conspiraciones neoconoes, alienígenas, judío-linfáticas y epidérmicas nos envía un documento de lujo: la transcripción de una inigualable pieza de retórica pronunciada por doña Carmen Hernández -coiniciadora una cum Kiko Arcuello del CN- durante un encuentro kiko en el Satuario de Fátima. Habida cuenta de que doña Carmen suele emplear el egipcio antiguo, el karlrahnico y una variante del bable se acrecienta el mérito de nuestro equipo. Hemos podido descubrir los motivos por el que los infocatolicoises (pronúnciese "infocatolicuács") y neocones de variado pelaje vibran al escuchar el verbo lúcido de esta señora, que cual Cicerón redivivo da toda una lección de oratoria sacra. Recomendamos que mientras ven el vídeo, vayan siguiendo el discurso con la transliteración que a continuación presentamos.



"Qué fantástico en el mismo día quen que el Papa Juan Pablo II seubisanmasclaro que terminando los papas eh desde Pío V hasta nosé todos… Pío XI, Pío XII, Pío hile-hile-boadandeso forforte hile-pranpeisior    es interesantísimo conocer todo coro, es imposible dedicaros vosotros  a verlo y me gusta tanto internet, internet  es dichoso oso de esto de esto… y… entonces ieeeeh (Kiko: "invito a una chica a salir"), el dragon rojo, el dragon rojo, que también aparece no sólo en la China en la China tiene como patrón de toda suseso el dragón rojo, pero en todas las relaciones dice que es el comunismo y es interesante que cuando el papa ofreciendo beee dijo que… hizo esta esta bendición para pedir.. la la Rusia… a los pocos años nosefré llegó Gorbachov allí, e hizo la peretroika y empezó el cambio. Y eso no solamente hay que hacerlo en China sino que de verdad eeeeh si la cosa va a dorarte debidamente iran invadirá europa y si llega eso será mucho mas grande todavía que antes pero quizá todo eso lo tiene Dios preparao para que pase nuevamente en el cristianismo, que es pa es que europa ha negao a Dios y ellos no creen la tierra lalá entonces e ehh eso llegará seguramente a pasar como dicen algunos expertos, a pasar realmente al cristianismo. Entonces una de las tres miserere enere leen el apocalipsis es que la importancia tiene tan grande la mujer que  la serpiente el mal siempre ataca a la mujer y no al hombre. Por que porque la serpiente tiene en si la fabrica de la vida, la mujer, y entonces allí la fabrica de la vida el mal la quiere romper y se esta rompiendo con el aborto… con todas las cosas entiendo la muerte eeh dentro de la fabrica de la vida que es la mujer y eso no als las las quel estas estasem ehh dicen cosas eeehm  mismo estupidas completamente puedes quien quiere in jemer en africa enseñar a la mujer eh africana a ser puta y es a no tener hijos y a y a y a o sea todo lo contrario de  se hace ahora vemente en nuestra unar enoes se habla también muchísimo maravillosa no solamente de… del matrimonio que es fantástico maravilloso y los que quieran ser santificados casados sabeis que significa en hebreo matrimonio santificación concepto mas difuso que es vivir con un hombre (JAJAJA).  Endonben fin y entonces  desde (Kiko: "fue dominico cesubiso")desde el principio  la Iglesia ha sido muy importante la virginidad y ha sido muy importante las milagros los curas la virginidad es una palabra escatologíca que va mucho mas alla de esta realidad porque en el cielo no habrá ni maridos ni mujeres ni casorios sino que sino infinito y maravilloso es el amor de verdad asi que laes quee quieran imploradamente que Jesucristo es udoudo que si no  iros a casa tranquiles."
 De esta magistral pieza, nos quedamos con dos importantes aseveraciones:
* "seubisanmasclaro que terminando los papas eh desde Pío V hasta nosé todos… Pío XI, Pío XII, Pío hileboadandeso forforte hilepranpeisior"
*"Por que porque la serpiente tiene en si la fabrica de la vida"
*"mismo estupidas completamente puedes quien quiere in jemer en africa"

   Nuestro equipo hermenéutico trata de extraer todas las conclusiones de tan trascendental intervención.


  ¡Última hora! El equipo de investigadores comienza a plantearse seriamente el parentesco entre Carmen Hernández y el humorista español Antonio Ozores. Habrá que determinar en qué grado:


lunes, 14 de marzo de 2011

Glosas al último (Deo volente) artículo del P. Iraburu (II)

La Redacción ha decidido hacer glosa crítica a algunos puntos del segundo articulete de D. Iraburu. Que san Roberto Belarmino interceda por todos.

3. La decisión de Juan Pablo II de excomulgar a los Obispos lefebvrianos fue una opción pastoral, y por tanto no infalible. Se produjo partiendo de un discernimiento pastoral erróneo.
–La obediencia al Papa no se fundamenta en el convencimiento de que sus mandatos prudenciales son infalibles, sino en la fe de que por elección de Dios es Vicario de Cristo, Sucesor de Pedro, Pastor universal de la Iglesia. Es obvio, por ejemplo, que un sacerdote debe obediencia a su Obispo no por que crea que sus mandatos pastorales son de infalible prudencia pastoral, sino porque reconoce en el Obispo al Sucesor local de los Apóstoles, al portador de la Autoridad apostólica. A fortiori ocurre en la obediencia muy especialmente debida al Papa.

[Le responde el cardenal Charles Journet, un filo-lefebvriano de tomo y lomo: “El poder canónico puede cometer errores por falsos testigos, por ignorancia o por la pasión de quienes lo detentan, cuando confiere un oficio a un sujeto considerado digno, cuando se pronuncia sobre la validez de un matrimonio, o cuando emite una sentencia de excomunión. Uno puede imaginar la realización de un acto canónico, con toda buena fe, que en realidad sea contrario a la ley natural o evangélica. En tal caso, la obediencia será imposible, y será mejor aceptar la excomunión con fe y humildad.”]

4. La excomunión de los Obispos lefebvrianos fue injusta, y por tanto inválida. Y fue revocable, como se ha podido comprobar recientemente, al levantar Benedicto XVI la excomunión.
–La excomunión intimada por el Card. Gantin, prefecto de la Congregación de los Obispos (17-VI-1988), el día anterior a las ordenaciones, y declarada por la Congregación después de su realización (1-VII-1988) y por el Papa Juan Pablo II en su carta apostólica Ecclesia Dei (2-VII-1988), no fue injusta y no procedió de un discernimiento equivocado, ya que fue automática, latæ sententiæ.

[Menuda confusión entre el delito y la pena nos trae Don Iraburu. Ontológicamente, el delito es anterior a la pena, por más que la sanción sea automática. Por el modo en que se aplican, las penas pueden clasificarse en ferendae sententiae y latae sententiae (c.1314). En ambos casos, se supone el delito, con su elemento subjetivo, que es la imputabilidad, como condición esencial para que se pueda hablar de delito canónico en sentido propio. La imputabilidad ha de ser simultánea moral y penal, pues en ausencia de la primera no existe la segunda. En el caso de la ordenación episcopal sin mandato, para que exista delito deben darse dos condiciones: primera, la conducta ha de ser dolosa (c. 1318), no siendo suficiente la imputabilidad culposa (c. 1321, 2). Segunda, es necesaria la plena imputabilidad del culpable. En la apreciación del elemento subjetivo, hay que tener en cuenta no sólo el hecho externo, ni la automaticidad de la sanción, sino todos los factores que alteran la imputabilidad. Cualquier circunstancia que influya en el dolo, excluyéndolo, destruye la imputabilidad penal típica.

A través de la confusión entre el delito y la pena, Don Iraburu tira una falacia ad consequentiam: se declaró una pena, luego, existió delito canónico, y la sanción fue justa. Si Sócrates fue condenado, ya sabemos que existió el delito y la pena fue justa... Una lógica abrumadora... ¡¿Pero es que no se entera este buen cura de que lo controvertido es si la conducta reunió todas las condiciones necesarias para la existencia del delito?!

En el caso de marras, Don Iraburu da por probado lo que sólo puede presumirse: la validez y la justicia de la sanción. Es una presunción que admite prueba en contrario, sujeta a revisión por parte de la autoridad. Con el paso del tiempo, la cuestión canónica  de la validez se torna abstracta, pues opera la prescripción, por lo que el punto quedará seguramente para el juicio más ponderado de los historiadores.]

–Por otra parte, el levantamiento de la excomunión no expresa en modo alguno un reconocimiento de que antes fuera injusta e inválida, sino que ha de entenderse como un «gesto de misericordia hacia los cuatro Obispos, ordenados válidamente pero no legítimamente», como se expresa en el mismo Decreto de levantamiento (21-I-2009) y en la Carta pontificia explicativa del mismo (10-III-2009).

[D. Iraburu adjudica gratuitamente a sus contradictores la confusión entre remisión y nulidad. Nadie con mínimo conocimiento de cánones dice que el Papa haya declarado la nulidad de las sanciones. El hecho jurídico verificable es la remisión, que significa el cese de la excomunión, que perdona el débito al reo. Y no hay reviviscencia de la pena, como insinuó por ahí Luis Fernando, en ataque de filolefefobia.]

5. Lefebvre reconocía el Primado romano, y justamente por eso no dió misión canónica alguna a sus Obispos auxiliares. «Ce seraient mes auxiliares, sans aucune juridiction, tout en pouvant avoir una fonction dans la Fraternité» (Tissier 573) [2]. Esta actitud le eximía, pues, de la desobediencia. Lo que él pretendía era solamente asegurar la existencia de la FSSPX, necesaria «para la continuidad de la Iglesia» en la ortodoxia doctrinal y en la liturgia verdadera.
–Nadie puede dar lo que no tiene. Mons. Lefebvre no podía conferir misión canónica dentro de la Iglesia a sus Obispos, confiándoles, por ejemplo, una diócesis católica, como es obvio. –La ley de la Iglesia ordena, bajo pena de excomunión, «no ordenar Obispos» sin autorización de la Santa Sede. Nada dice de la missio que normalmente va adjunta a la ordenación.

[¡Es cosa archisabida que Lefebvre no tenía posibilidad, de derecho, de dar misión canónica! Pero lo que sí podía hacer, de hecho, era dar una misión ilegítima, consumando de esa manera un cisma y separándose de la Iglesia, cosa que jamás intentó hacer. ¿Acaso los veterocatólicos se abstienen de dar misión canónica a sus obispos para no consumar un cisma?  Para la próxima consagración los utraquistas le pedirán permiso a…  Infocatolica… sí, sí, sí….

Again, father Iraburu, que nadie sostiene que el elemento objetivo del delito exija que se otorgue misión canónica. La conducta típica es conferir la consagración episcopal sin mandato. Pero la causal de justificación que invoca la Hermandad de San Pío X es el estado de necesidad, no la omisión de dar misión canónica.]

6. La obediencia ciega puede ser moralmente mala en ciertas circunstancias extremas.En el caso de Mons. Lefebvre, enfrentado a una situación de degradación doctrinal, disciplinar y litúrgica de la Iglesia nunca antes conocida, había una obligación moral de conciencia de hacer prevalecer sobre toda Ley eclesiástica y sobre todo mandato personal del Papa la «lex suprema: salus populi». Como él decía: «Nous sommes en un temps dans lequel le droit divin naturel et surnaturel passe avant le droit positif ecclésiastique lorsque celui-ci s’y oppose au lieu d’en être le canal» (Tissier 494) [3]. Hay una «Roma eterna» y una «Roma temporal», y «c’est la Roma éternelle qui condamne la Rome temporelle. Nous préférons choisir l’éternelle» (ib.) [4]. «Le coup de maître de Satan a été de jeter toute l’Église, par obéissance, dans la désobéissance à sa Tradition» (ib.) [5]. 
–Todos los herejes y cismáticos siguieron y siguen con absoluta convicción ese mismo principio. Pero nosotros lo rechazamos también con firmeza absoluta: es inconciliable con la doctrina de la Iglesia sobre la autoridad apostólica y la obediencia eclesial. –
El mejor modo de servir al bien común del pueblo de Dios, lex suprema, salus populi, es orar y trabajar en perfecta fidelidad a la Ley eclesial y a los mandatos del Papa. La desobediencia eclesial nunca viene del Espíritu Santo. Y siendo el Señor el único Salvador de la Iglesia y del mundo, no dispone jamás la colaboración positiva de quienes resisten a la Iglesia y al Papa.

[¡Ay, Señorrrr! ¿Qué hacer con esta mélange explosif? ¡Señores, hay que definirse: o hacemos Teología o escribimos noveletas de Corín Tellado!

Apoyados en la Sagrada Escritura (Hechos 5, 29), en la Tradición, en la doctrina perenne de la Iglesia y en el santo doctor Tomás de Aquino, afirmamos que: la ley injusta no obliga en conciencia y puede ser obligatorio resistirla abiertamente (S. Th., I-II, 96, 4). La obediencia no es virtud teologal, admite vicio por exceso que es la obediencia servil (S. Th., II, 104, 2), que nunca viene del Espíritu Santo. Si hubiera un peligro para la fe, los prelados deberían ser reprendidos incluso públicamente por sus súbditos (S. Th. II-II, 33, 4). Y con el santo doctor, Roberto Bellarmino: “así como es licito resistir al Pontífice que agrede el cuerpo, así también es lícito resistir al que agrede las almas, o que perturba el orden civil, o sobre todo, a aquel que tratase de destruir a la Iglesia. Es lícito resistirle no haciendo lo que manda e impidiendo la ejecución de su voluntad” (De Romano Pontífice, libro II, cap. 29).

- Abbé Irabú: le deseo de corazón que nunca le manden a besar el Corán bajo santa obediencia y pena de excomunión mayor, como se decía en otros tiempos…

- A suivre…]

Glosas al último (Deo volente) artículo del P. Iraburu (I)

El cardenal Siri, ¿un proto-cripto-lefebvriano?
Después de leer el último post del P. Iraburu he recordado una antigua argumentación falaz, llamada “argumentum ad consequentiam”. Se podría resumir así : “A afirma B, B tiene como consecuencia C( que es algo negativo), por tanto B es falso”. El padre Iraburu ha elaborado una nueva categoría, la del filolefebvriano, que finalmente parece que es el conjunto vacío pues en última instancia es completamente idéntica al “lefebvriano”, en el sentido que este estereotipo ha hecho fortuna en la Iglesia en las últimas décadas.  El fenómeno del llamado “tradicionalismo” (utilizado más bien por sus detractores) es un movimiento muy amplio que aparece en la Iglesia en torno a los años setenta del pasado siglo, como reacción perpleja a toda una serie de alteraciones en la vida ordinaria de los fieles como consecuencia de la aplicación de las normas postconciliares. Desde el mismo, toda una serie de pensadores y eclesiásticos comenzarán a teorizar sobre las causas que lo originan, pasando revista ya no sólo a la aplicación de las normas postconciliares y a algunos textos enigmáticos del Vaticano II, sino remontándose a la Nouvelle Theologie así como a toda una serie de planteamientos que comienzan a aparecer en la época de Pío XII, y que se manifiestan con claridad tras el Vaticano II, ya de forma institucional. Y en todo ese movimiento, el llamado “lefebvrismo” es solamente una parte. Podemos hablar del movimiento que se desarrolla en Brasil en torno a la TFP (sin entrar a calibrar todos los elementos pintorescos de tal movimiento), del surgimiento de “la Ciudad Católica”, las obras pormenorizadas de Jean Ousset y Romano Amerio, pasando por la reivindicación de la conservación del rito tradicional en Inglaterra( que desembocaría en el indulto para la Misa tradicional en ese país, llamado de “Agatha Christie”, en época de Pablo VI, o en España, de la Hermandad Sacerdotal Española, que llegó a agrupar a más de cuatro mil clérigos. Se podrían aducir más ejemplos. Pero es suficiente para entender que Iraburu simplifica las cosas de una manera abrumadora: el llamado “tradicionalismo” (para él “filolefebvrismo”) se basa en la desobediencia de un obispo francés cegado por la percepción subjetiva de hacer un bien a la Iglesia, realizando un acto cismático fundado en su soberbia y desprecio a la autoridad papal. El P. Iraburu repite el término consecuencialismo. Pues él desarrolla de principio a fin una falacia ad consequentiam, de libro. Lefebvre se opuso a Juan Pablo II, entonces todo lo que se parezca a las reivindicaciones del arzobispo francés tienen que ser malas. Y su conclusión no puede ser más tendenciosa: todo ese movimiento tradicionalista que se desarrolla en la Iglesia no es distinto, se le pueden aplicar todas las categorías que hemos indicado en relación a aquel presunto acto cismático. Las intenciones del  p. Iraburu las desconozco. Lo que sí puedo decir es que ese tradicionalismo asumido en la Iglesia es muy incómodo a la mayor parte de las conferencias episcopales –con honrosas excepciones individuales- porque pone en duda la eficacia de la pastoral y la teología de la que han hecho su bandera, que se ha definido precisamente como “renovación” frente a lo anterior, por lo que reconocer la pujanza de ese movimiento en la Iglesia sería asumir el fracaso de sus posiciones. Y esto es tan claro como el sol del verano.
Lo primero que nos dice el P. Iraburu es lo siguiente: 1. El principio del mal menor justifica a Mons. Lefebvre. El fin no justifica los medios. Jamás. Nunca «hagamos el mal para que venga el bien» (Rm 3,8). –El principio del mal menor nunca justifica la comisión de una acción mala, como lo es una ordenación episcopal prohibida por la Ley de la Iglesia y por mandato expreso del Papa.” Este entimema reproduce muy bien una falacia clásica, llamada quaternio terminorum, en donde la premisa y el término medio se utilizan en sentido distinto en ambos miembros. Comienza destacando, que el fin jamás justifica los medios, y continúa mencionando el aspecto legal del problema. Y a continuación nos muestra su conclusión “Obviamente, Mons. Lefebvre «no se vió obligado» a elegir entre dos males. No se daba una necesidad de elegir, porque otros medios había y hay para luchar, dentro de la obediencia al Papa y a la Iglesia, en favor de la ortodoxia doctrinal y de la mejor liturgia”. Dicho de este modo, no podemos más que felicitar al padre Iraburu, porque es así, cierto. Hay otros medios. El problema es que esos otros medios fueron empleados, hasta que la Santa Sede decidió arbitrariamente cortar por lo sano. La Hermandad Sacerdotal de San Pío X había recibido la aprobación canónica en la diócesis de Friburgo, y había erigido el seminario de Ecône con el permiso del ordinario local. Hasta ahí ningún problema, hasta que en 1974 son enviados de la santa sede tres visitadores para inspeccionar el seminario. Según consta, a Lefebvre no le ponen ningún problema, a excepción del litúrgico. No pueden continuar con la Misa tradicional (que nunca fue abrogada ¡ya!). Lefebvre se niega y es suprimida la Hermandad San Pío X por parte de la Santa Sede. Si todos los permisos que se han dado posteriormente hubieran existido, no hubiera habido ningún problema. Pero Padre Iraburu, las circunstancias eran muy distintas. Y decir que existen muchas congregaciones tradicionales surgidas al margen del “problema Lefebvre” es excesivo. El primer indulto (“Quattuor abhinc annos”) es de 1984 y el segundo (“Ecclesia Dei adflicta”) es de 1988 coincidiendo con las consagraciones episcopales. Lefebvre había dicho en varias ocasiones que dado que en la Iglesia se permitían experimentos de todo tipo, “déjennos hacer la experiencia de la tradición”. La respuesta siguió siendo no. Y no podía ser de otra manera, habida cuenta la saña que tenía la Conferencia Episcopal francesa y alemana para acabar con todo aquello. ¿No le quedaba más remedio?  Usted apela a que “el mal no justifica los medios”; aquí no se habla de la relación medios-fines, sino a un problema muy clásico en moral, a la concurrencia de incertidumbre con respecto a una determinada ley (haremos abstracción de su cualidad) y la certeza práctica de la conciencia.  Dice San Alfonso que “En lo que atañe al acto concreto (operario), hay que distinguir siempre dos verdades: una, la verdad especulativa de la cosa (verdad objetiva); otra la verdad práctica (prácticamente práctica) por la que la acción es honesta”. El problema se puede plantear así : Dada una ley objetiva que tenga razones para imponerse a la conciencia y tenga razones contrarias que permitan una cierta autodeterminación de conciencia tradicionalmente los moralistas católicos han afirmado que se puede salir de esta duda en virtud de principios que son "extrínsecos" a la verdad objetiva de la ley. Son los llamados “principios reflejos” frente a los “directos” que emanan de suyo de la ley objetiva. Si partimos de un planteamiento moral de tipo “objetivista” (al estilo del tuciorismo, probabilismo, probabiliorismo) cuyo modo de solventar la duda sería aplicando el principio “en caso de duda, hay que seguir la opinión más segura”. ¿Pero más segura respecto a qué? Pues precisamente a lo que manda la ley objetiva. En el caso que nos ocupa, la ley objetiva es la consabida ley que obliga a tener mandato apostólico para proceder a una consagración episcopal. Pero no se trata de una ley absoluta, pueden darse excepciones; y las excepciones están determinadas por la imposibilidad física o moral de obtener el mandato apostólico. Y es aquí donde entra la duda. Aunque se nos repita insistentemente a día de hoy que la Misa tradicional nunca fue abrogada, si lo fue “de facto”. A eso hay que sumarle toda la nueva pastoral y la nueva liturgia que entraba en una degradación creciente. Por no mencionar los seminarios y la vida religiosa. Así como los encuentros de Asís, encuentros ecuménicos devenidos en puro sincretismo (tenemos cientos de ejemplos, con cardenales y obispos de oficiantes mayores). Y en esta situación de duda ante la ley, San Alfonso enseña que la verdadera seguridad (a la que antes hacíamos referencia) consiste en estar seguros de hacer una elección moral correcta, con la que no se cometa un pecado formal, y tal seguridad se obtiene asumiendo como norma en tal situación la norma que se opone a la ley dudosa (Theologia moralis, 1.1, trat.1, n.82). Y la norma que se opone a la ley dudosa es que no es posible, en la situación eclesiástica del momento, llevar una vida católica normal, sin estar sujetos a los desviacionismos teológicos y las innovaciones litúrgicas, que en ese momento cada vez iban en un ritmo ascendente.  Dice usted, padre Iraburu que “Justificar una desobediencia gravísima a la Ley eclesial y al mandato del Papa por los presuntos buenos efectos que de ella se esperan es un consecuencialismo moral inadmisible”. Eso lo podemos decir desde nuestra actual situación. Los abusos litúrgicos más graves suceden en la década de los ochenta. Sólo será en los años posteriores a los acontecimientos de que nos ocupamos, de la necesidad de frenar los abusos, quizás por el peligro de nuevas reacciones similares, a las que ya se habían sumado dos obispos más, el obispo Castro Mayer en Brasil, y el obispo Lazo, en Filipinas. Y probablemente, lo doloroso de aquellos acontecimientos –doloroso para todos- introdujese en la vía de la reflexión a las autoridades romanas, como podemos vislumbrar en el “Informe sobre la fe”, que el Cardenal Ratzinger reportaba a Vittorio Messori, reflexionando precisamente sobre las causas, que pudiéndose haber evitado, desembocaron en los acontecimientos de 1988.
  Dice usted en su segundo punto : “. Como después veremos, otros grupos católicos tradicionales, adictos sin reservas al Concilio Vaticano II, a los Papas postconciliares y a la Liturgia antigua, se han mantenido en perfecta comunión con la Iglesia”. Grupos que en su origen tuvieron que estar en la órbita de la Hermandad de San Pío X, y sólo después de las consagraciones tuvieron su sitio en la Iglesia. ¿Curioso, no? Hay algún caso, como el del Instituto Cristo Rey, que sin proceder de Lefebvre, coincidió en su fundación con estos acontecimientos, recibiendo los permisos necesarios para su erección canónica así como para el uso de los libros litúrgicos tradicionales. Que tuvo como uno de sus principales valedores al cardenal Siri (¿Otro filolefebvrista?).
 Concluyendo; creo que todo el mundo es consciente de que la ordenación de obispos sin mandato apostólico conlleva la excomunión latae sententiae, para el obispo que ordena y para los ordenandos. Pero no vale reducirlo todo a un problema de obediencia-desobediencia, sino que todo esto hay que integrarlo en el “Status Ecclesiae”, sin lo cual todo esto resulta incomprensible. Lo que no es de recibo es reducir el ámbito del llamado “tradicionalismo” a un acto que conlleva una pena canónica haciendo abstracción de que estamos hablando del problema central de la Iglesia del postconcilio. ¿Qué problema, ah Lefebvre claro? No. El problema del desmantelamiento de todo aquello que pudiese suponer un indicio de “retorno” al preconcilio, indicio que hasta hace unos pocos años podría conllevar las más variopintas acusaciones. Pero vuelvo a lo que decía al principio. Retomar la polémica de las consagraciones episcopales de Ecône, no es sino una manera disfrazada de apuntar al “tradicionalismo”, que tanto incomoda a los obispos, por insinuar que ya es hora de ir acabando con todo este circo en el que han convertido a la Santa Iglesia.

domingo, 13 de marzo de 2011

Experiri in re: el cura Pousa, una excepción

Nuestros hermanos neocones ( y tócate…) esporádicamente piden que se intervenga para censurar a pintorescos eclesiásticos de variado pelaje a través de la autoridad eclesiástica. Y no está mal. Pero de ahí para arriba, ya no. Y eso se enmarca en una determinada retórica “juanpablista” de la Iglesia actual: no podemos estar mejor de lo que estamos, ni con las mejores estructuras, ni con los mejores medios; simplemente hay que corregir unos pocos abusos que no constituyen la norma habitual. Simplemente hay que aplicar las instrucciones –maravillosas- que existen al respecto y ya está. La arcadia.
  No es que todo funcione bastante bien. No. Es que todo está funcionando muy mal. Y esos casos esporádicos, no son la excepción, sino sólo la punta del iceberg de algo mucho más incrustado y con causas más profundas. Siguiendo el sistema de estímulos y respuestas del neocon medio, se esperaría que el que esto escribe comenzase a despotricar contra el último concilio, o a decir que el Papa es liberal, o cosas así. Como que no me interesa esa vía, sino más bien la del análisis práctico de la hermenéutica de la continuidad. Muy bien traída al respecto por su Santidad BXVI, pero que desconfío que todos entiendan. Hermenéutica es una palabra que significa interpretación, y esa llamada del Papa es a pensar la Iglesia presente no en situación de ruptura sino de continuidad armónica. Pero el hecho de que así se deba interprete no quiere decir que de hecho así sea. Porque no lo es. Si lo fuera, tampoco haría falta la llamada de atención del Papa.
  Aquí se nos plantea un difícil problema de entendimiento con los neocons, que por lo habitual se manejan en el ámbito de las abstracciones, de la conciliación entre principios, de la yuxtaposición –como una nueva catena aurea- de citas de documentos magisteriales de diversa índole. Pero siempre en el orden ideal. Y no es raro, porque habitualmente no pisan tierra. El día a día de la vida real de la Iglesia lo suelen desconocer. Cuando se trata de laicos, suelen estar incardinados en sus movimientos neoprimaverales. En ese remanso de comunión fraterna, todo es perfecto. Todos se quieren, se tratan bien, se corrigen, se ayudan, se sablean; se recuerdan constantemente lo estupendos que son, cuánto el Papa les estima, y la fidelidad que le deben, ya que son la “aristocracia de la Iglesia”. En relación al “resto” de la Iglesia, lo habitual son frases hechas y estereotipadas, “cada cual tiene su camino”, “hay muchos carismas”, aún en el fondo pensando la vulgaridad de una vida cristiana normal, y lo escaso de su exigencia. Con respecto a los clérigos, si están incardinados en algún movimiento neoprimaveral, es como si estuviesen en la luna de Valencia. Si son diocesanos, seguramente aúpados por algunos de sus cofrades habrán estudiado en Salamanca o en Roma, y en su vida pisarán una parroquia. A lo sumo, un “cargo pastoral” de fin de semana, y poco más.
 Pero la vida real de la Iglesia es muy compleja; no hace falta ir a Pousa. Vayamos a los grupos de cáritas, ¿qué cosas se escuchan allí? A las escuelas de catequistas ¿Qué tipo de catolicismo es el que se enseña?  A los consejos de pastoral (menudo caos), sin entrar a mencionar las escuelas de teología. Se puede empezar por el celibato de los curas, la misa participada, el preservativo y acabar con que la Iglesia es retrógrada, machista y reaccionaria. Me contó en una ocasión un profesor de teología bastante progresista que en una convivencia de una de esas escuelas de teología, le rayaron tanto la cabeza contra el Papa que hasta experimentó por vez primera un rauto de adhesión y defensa del Romano Pontífice. Los fieles que no participan en estas cosas han acogido toda la dialéctica de ruptura, o con resignación o con indiferencia. La idea es que estamos en una revolución permanente al estilo trotskista. Y los mismos fieles podrían responder que, en su relación a la vida cristiana, la ruptura ha sido total, en las formas y en el fondo. Tanto es así, que suelen ser los fieles los primeros que resisten formas de restauración por pequeñas y nimias que sean: asumieron demasiado bien la ruptura postconciliar.  La frase es habitual, como un ritornello “la Iglesia se modernizó bastante, pero debería hacerlo todavía más”. Y esto lo repiten gentes que no han estudiado una línea de teología. Sólo les ha hecho falta observar.
 ¿Y los seminarios? Se dijo que en Iberoamérica gracias a Juan Pablo II se cortó la teología de la liberación. Pues allí teología de la liberación es lo que se enseña, en distinto grado. ¿En España? El nivel ha caído tan bajo que ver fotos de familia de seminaristas con sus formadores es lo más semejante que uno puede encontrar en la vida real a la familia monster. Y no es casual. ¿Cómo se puede permitir ingresar a un seminario a quien no ha completado los estudios secundarios o de bachillerato? En ocasiones los cargos de “superior” (ahorita le dicen “formador”) de seminario no son sino un trampolín para otros puestos. Y ya se sabe, “si en la Iglesia quieres trepar, oír, ver y callar”. Y es un cargo que exige decisiones drásticas y desagradables, si no quiere hacer un perjuicio tanto a la Iglesia como a los que sienten la vocación sacerdotal. Pues nada, aquí paz y después gloria. Le oí a un profesor que no era clérigo, que daba filosofía en un seminario de España, que tras un examen de cultura general, algún seminarista había respondido que América se había descubierto en 1789. De la formación espiritual ni hablar. Puras fórmulas voluntaristas, cuando no meramente psicologistas al estilo de Nouwmen, que tanto daño han ocasionado. Y todo ello unido a una visión dulzona de la existencia y del mundo moderno. Y claro, cuando se percibe la hostilidad a la Iglesia tantos neopresbíteros se ven inermes y rompen, por un sitio o por el otro.  Dice Chautard (¿y ese quien eees?) en el “alma de todo apostolado”, que el apóstol cuando no vibra por la caridad de las almas cae en el más sucio de los fangos (no tangos). O algo así. Y es lo que vemos día tras día. Sobre esto no se escucha ninguna crítica ni ninguna llamada de alarma. No se puede pretender tener fieles católicos y sacerdotes que sepan lo que son, si absolutamente nadie pone remedio a la situación que se padece. ¿Y los documentos de la Santa Sede? Preciosos, muy bien escritos. Nunca se escribieron tantos documentos como ahora, en perjuicio de tantos árboles inocentes. Pero claro, hay que dar una imagen, y estas cosas no se pueden decir, ni siquiera “ad intra”. También es verdad que hay que saber de lo que se habla y no limitarse a denunciar los casos cuando ya han salido a la luz pública.O No será así. No.No.Es que todo está bien. El problema es que nos falta oración ¿seguro?

     

sábado, 12 de marzo de 2011

Torrente 4: Lethal crisis (de la Cope)


 
Esta mañana, la señora Cristina López Esgligtin, en la cadena COPE-oficioso portavoz de las ocurrencias de los obispos españoles- , entrevistaba a Santiago Segura, protagonista de Torrente 4: Lethal crisis, la película española más taquillera- y hacía repaso de su vida laboral. Entre sus logros, estaba el haber sido doblador de películas porno, hecho sobre el cual Segura no quería explayarse demasiado, pues lo que le interesaba era la promoción de Torrente 4. Sin embargo la señora Cristina, que ha presumido más de una vez de su militancia católica y que además dirige el programa, quiso extenderse sobre el tema más allá de lo meramente anecdótico, y continuó haciendo chistes guarros acerca de la técnica de dicho doblaje. Segura salió del paso aduciendo que además de eso había ejercido de camarero y otras hierbas. Asistimos por tanto a un ansia por quedar bien delante de los indiferentes religiosos y amorales (la película contiene varias escenas explícitas), en un auténtico vodevil de toma de poder de los "laicos comprometedores" (no comprometidos).
Echamos de menos a todos los que criticaban a los anteriores locutores de la COPE por "poco católicos" (que no lo eran en absoluto). Parecen ahora haberse quedado mudos.

FILOAÑASTRISTAS NEOCONS AL ATAQUERL

 En los últimos días asistimos asombrados a una vorágine de acusaciones y descalificaciones –unidireccionales, apunto- a un nuevo concepto elaborado por el sector neocon filoañastrista: el filo-lefebvriano. ¿Qué es un filolefebvriano para estos neocons? Pues esencialmente aquél ente (de razón o real) adornado con todos los atributos que hasta hace unos pocos años se aplicaban a los “lefebvrianos” con la salvedad de que estos filo-lefebvrianos no son lefebvrianos: son igual que los protestantes, saben más que el Papa, hacen uso del magisterio a beneficio de inventario, manejan un concepto de tradición ajeno a la Tradición viva de la Iglesia, son soberbios, malhumorados, enfadados, blanquecinos, locos, ignorantes, semianalfabetos, rudos, ultramontanos, gordos y con boina. Hasta hace unos pocos años el calificativo de quien se encontraba atónito y perplejo respecto a la vida diaria de la Iglesia, el loquerío ecumenista práctico, el progrerío clerical, la desinformación eclesiástica y el rupturismo de la Iglesia actual respecto a la Iglesia histórica era directamente calificado como “preconciliar” o directamente “lefebvrista”. A no ser que se fuera del Opus de Dei (en adelante “cofradía del marquesado de Peralta y del Banco Popular”, o más sucintamente “cofradía”) aunque su fundador recomendase a sus fieles el uso del “catecismo para párrocos” (de San Pío V) y el catecismo mayor de San Pío X. Si no se era de la Opus y se leían estas cosas, uno era un lefebvrista de tomo y lomo. Quizás el problema era otro, el miedo de las autoridades a que la combinación entre una situación pastoral práctica de ruptura y las elocubraciones teóricas de identidad teórica entre el pre y el postconcilio llegasen a situaciones críticas. La Opus para narcotizar ese problema hizo grandes aportaciones.  Pero no nos desviemos. ¿Por qué filo-lefebvristas y no lefebvristas? Primero, porque los neocons ven con horror cómo la acusación de “lefebvrismo” en el sentido de excomunión, cisma, herejía, ya no puede aplicarse a gentes que no manifiestan una actitud hostil ni al Papa ni al magisterio. Ya no les funciona el argumento, y sólo vale reelaborarlo: son exactamente lo mismo que ese lefebvrismo, pero instalados dentro de la Iglesia. Tales neocons no se atreven a concluir su propia argumentación, porque ello les llevaría a desautorizar algunos actos del Papa, con los que, al menos en la práctica están muy incómodos.  Y segundo, porque la acusación de lefebvrismo ya no funciona tan bien como hace unos años, desde el levantamiento de las excomuniones a la FSSPX y la promulgación del motu proprio summorum pontificum. Estos neocons, que llevaban años despotricando teóricamente cualquier cosa que estuviese relacionada con la Misa tradicional, con el pontificado de Benedicto XVI, han tenido que tragar sapos y culebras, eso sí, sin desdecirse de la actitud mantenida al respecto hasta entonces. Evidentemente, si el Papa considera que la liturgia tradicional es una riqueza para la Iglesia, y tiene interés en solucionar el problema canónico planteado por las ordenaciones de 1988, estos neocons tienen que redefinir este tipo de ataques. ¿Hacia dónde? Pues hacia los "filo-lefebvristas". Esto es, aquellos que no son lefebvristas, no se dedican a descalificar al Papa ni al magisterio de la Iglesia, pero les parece que están a su “derecha”. Y estos neocons ya no pueden permitir esto, pues creen constituir la representación exacta de lo que es un católico ortodoxo-fiel-a-la-Iglesia-eclesial. Les llaman “tradicionalistas”, cuando nadie se ha definido con ese adjetivo, sino que es una denominación empleada por los neocons para parcializar ya no grupos, sino tendencias existentes en la Iglesia. Y desde aquí podemos mirar el problema de fondo: los neocons suelen moverse en la esfera teórica de la abstracción, interpretando y reinterpretando declaraciones conciliares con el magisterio pre y pos conciliar o haciendo midrashes variadas de los dos últimos pontificados. Sin embargo, ese “tradicionalismo” del que hablan no procede de sesudas indagaciones hermenéuticas, sino de la percepción práctica de la ruptura que existe, ya no entre  la vida real de la Iglesia- del día a día- y la Iglesia histórica, sino entre ese misma vida real y lo que la Iglesia a día de hoy dice de si misma. Esa incongruencia es la que motiva que haya quienes se dan cuenta de que hay algo que no va bien, y que es un problema no accidental, sino de fondo. Y es ese problema de fondo el que esos “filo-lefebvristas” plantean remover. Problema que en definitiva afecta a la liturgia, a la doctrina, a la pastoral. Demasiado incómodo para quienes se han fosilizado en él, aunque viesen a la Iglesia caer a pedazos. Extra Añastrum, nulla salus.

viernes, 11 de marzo de 2011

AD PRAEFATIONEM

  Cuentan –y yo me lo creo- que  cuando Inocencio X vió por fin el retrato que para él había pintado Velázquez exclamó:Troppo vero! Demasiado verdadero. No es que los que iniciamos este blog osemos igualar en genialidad al pintor español. Ni tampoco la campechana sinceridad de aquél Papa respecto a sí mismo. El cuadro era muy bueno, pero su expresión era demasiado semejante al original: melancólico, severo, malhumorado.
 En la Iglesia de nuestro tiempo carecemos de demasiados velázqueces e inocencios. Pero haberlos haylos, como las brujas, y aquí estamos (no las brujas, sino lo otro). De lo que sí que estamos sobrados es de voluntarismo, de devocionalismo, de movimentalismo y de corporativismo clerical (o eclesial como ahora se disfraza aquél término hodierno die). Una combinación realmente siniestra que funciona como el soma de los antiguos indoarios, que al ofrecerlo a la divinidad ellos mismos entraban en un estado de alteración psicotrópica que conducía al reino del optimismo, de la positividad y de la negación de lo real que está ante los propios ojos. El famoso gratissimus error mentis del que hablaban los escolásticos. Una enajenación que oculta en tantos casos el afecto al cargo y a la buena reputación social. Y que olvida el último mandato: ite et docete omnes gentes.  Y siempre con el mismo ritornello: todo está bien, nada malo pasa, hay que evitar “huídas adelante y maximalismos”. La droga de la tranquilidad para tener la silla –cathedra- bien clavada al suelo, y recibir al mismo tiempo –o intentarlo- el incienso –muy usado en los entierros- del mundo moderno.
 Contra facta non valent argumenta. Y a nadie vamos a  censurar, porque la verdad- igual que el bien- es diffusiva sui. En otros lugares oficialistas para dar más peso a las propias aseveraciones se indica el cargo eclesiástico, o civil, los grados académicos e incluso el número de hijos.  Los que aquí escribimos vamos a obviar todo eso a fin de que no se atienda a quién lo dice, sino a lo que dice, como rezaba la Imitación. Pero en todo lo anterior tampoco somos mancos.