jueves, 18 de agosto de 2011

Tebas, ¡te vas!


Javier Tebas , en la vecina Infocatólica, desliza unos comentarios críticos en su crónica sobre las JMJ:
Me cuesta, me cuesta, me cuesta, pero tengo que entender esto de los carismas. La gente puede vivir su fe bailando sardanas, el twist o un reaggeton, está perfecto. Pero insisto, me revienta esa imagen que estamos dando al televidente medio, y sobre todo, a los demás jóvenes de mi generación que miran esto desde fuera. Venimos labrando un estereotipo de joven católico coreógrafo, cantor y ridículo. Y no ridículo por casto y meapilas, ridículo al estilo fan de Lady Gaga a la puerta de un concierto.
Mis amigos, por ejemplo, que os aseguro que son gente sana y normal, ven al personal haciendo el gil por la tele, y deben pensar que soy un poco palurdo al venir aquí. Y no son del 15M ni anticlericales, son gente normal, con sus dudas de fe, con sus más y sus menos, y su menos práctica. No me lo dicen porque me quieren, pero no se les antoja bailar la macarena ni versionar los hits del verano con el nombre de un teólogo de 84 años. Normal.
¿Pero porqué gana de calle el carisma bailongo entre los millones de jóvenes católicos?. Los movimientos recientes de la Iglesia son los principales focos de movilización de juventud. Ya saben, Opus, Legionarios, Kikos y alguno más. Si algo tienen en común estos movimientos, es que se procura que sus jóvenes crezcan en círculos de amigos cerrados a su carisma y sus actividades, donde por cierto bailan mucho. Y hay que reconocer que tienen un gran éxito, y proliferan estupendas vocaciones y familias cristianas. Pero guste o no, hay un cierto alejamiento de la sociedad que acaba haciéndoles parecer extraños. Raritos. No normales.
Ni lerdo ni perezoso, Luis Fernando ya le ha sacado tarjeta amarilla:
Nos tememos que si Tebas no hace pronto un auto de fe en la JMJ terminará en la calle.

¿Plagiarios?



En lo de Isaac un comentarista sulfurado arremete contra nuestra humilde bitácora por plagiar a Infocatólica. Cualquier lector puede darse cuenta de que no tenemos intención de copiar lo ajeno para presentarlo como propio. Nuestra parodia satiriza una obra sin efecto económico alguno. La alteración del nombre marca una clara diferencia con lo satirizado. No hay mucho más que decir para responder a una memez como es la de acusarnos de plagio.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Prudencia y técnica


La bitácora del Brigante ofrece la traducción de unos textos del p. Deman sobre la prudencia que nos parecen muy recomendables. Destacamos hoy el siguiente:

«En realidad, los hombres no pueden evitar preguntarse sobre lo que deben hacer en la práctica. Todos verifican en su experiencia que las intenciones virtuosas no bastan. Pero no siempre recurren a la prudencia para determinar la acción que van a realizar. La casuística, tal como se la ha denominado, ha intentado usurpar esta función. Figurándose teóricamente los casos, es decir, las situaciones de todo tipo que pueden presentarse a la conciencia, provistos de las variadas circunstancias de las que pueden venir acompañados, la casuística elaboró fórmulas de solución, en la ilusión de que bastaría con ir a buscarlas a los libros para saber cómo actuar. Históricamente ésa fue la mentalidad de la que nacieron, a partir del siglo XVI, los enormes volúmenes de casus conscientiæ. Método perezoso y artificial, que no puede alcanzar a la realidad –a pesar de pretenderlo– y que trata como autómatas a quienes lo adoptan.
Sólo al hombre le corresponde elaborar su acto moral. Que él se informe y que consulte es cosa que se entiende bien: en la docilidad hemos reconocido uno de los elementos de la prudencia. Que busque determinar de antemano, en forma de doctrina, las reglas que se imponen en tal o cual terreno de la acción, también es cosa que se entiende (y la palabra “deontología” se inventó para expresar esa búsqueda). Pero siempre quedará para cada cual el deber de formarse un juicio sobre la acción que pretenda realizar (puesta la mirada sobre la realidad y no sólo sobre las opiniones) y en esa acción su autor comprometerá su propia responsabilidad. La multitud de los doctores jamás podrá ocupar el lugar de la prudencia para el individuo. Sólo educando en sí mismo su inteligencia práctica se pondrá en condiciones de realizar su papel de agente moral. El camino para estar a la altura de la noble tarea de realizar el bien, que ha recibido de la naturaleza y de Dios, pasa por el interior de cada hombre. Él no ha nacido para averiguar las opiniones de los casuistas, sino para formar su propio juicio, de modo que el acto moral surja de él como un fruto maduro y lleno de savia. El hombre aspira al bien y en su deseo de practicarlo realmente se provee de todas las cualidades del espíritu merced a las cuales se hace capaz de elaborar su acción vitalmente y en verdad. La vocación moral del hombre le compromete por entero. Que no espere corresponder a esa vocación si, de entre las facultades de su alma, deja sin usar su inteligencia.»

En la actualidad, la prudencia es una virtud olvidada. A tal punto se ha llegado, que se pretende reemplazarla por la mentalidad técnica. Pero la técnica es una racionalización mediante la cual el hombre somete la naturaleza exterior a la dirección de la razón. Esta racionalización, que se realiza sobre las cosas exteriores, nunca puede ser idéntica a la que la prudencia debe imprimir en las acciones humanas. La mentalidad técnica rechaza toda theoria en su significado correcto de contemplación profunda de la realidad; ni siquiera pretende alcanzar otra nueva y más perfecta, a través de lo que la propia práctica va mostrando. No trata sino de realizar e im­poner un modelo poiéticamente ideado. El riesgo mayor consiste en que nuestra razón llegue a despotenciarse, reduciéndose a mera funcionalidad en busca de lo útil; pues, como había advertido Sciacca:
«Cuando lo ra­cional, entendido como medida y peso de cantidad calculable, es aplicado incluso a la vida estética, moral y religiosa, obtura y expulsa la fantasía, los sentimientos, la fe, adormece todo ím­petu y empeño, seca el amor y hace a los hombres mezquina­mente egoístas, perdidamente empeñados en medir y pesar su propia utilidad para una siempre mediocre felicidad...».

Reemplazar la prudencia por la técnica tiene consecuencias deshumanizadoras y patógenas.

martes, 16 de agosto de 2011

Glosas a un Cardenal "con la sangre en el ojo"


Antonio cardenal Cañizares Llovera, nacido en Utiel el 15 de octubre de 1945, es el actual Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Ex obispo de Ávila y arzobispo de Granada y de Toledo, luego creado cardenal, fue catapultado a la burocracia de la Santa Sede en 2008. Algunos dicen que gracias a su archienemigo de Madrid, ya se sabe, "en la Iglesia los clavos se sacan hacia arriba". Curiosamente, cuando se iniciaron las conversaciones doctrinales formales con la Hermandad Sacerdotal de San Pío X, no integró la delegación vaticana. Y Su Eminencia sangra por la herida.


Cardenal Cañizares: Concilio Vaticano II no interrumpió Tradición de la Iglesia
REDACCIÓN CENTRAL, 12 Ago. 11 / 06:13 pm (ACI). En entrevista concedida a ACI Prensa, el Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el Vaticano, Cardenal Antonio Cañizares, señaló que el Concilio Vaticano II "no ha interrumpido por nada" la Tradición de la Iglesia.
“No ha interrumpido…” la Tradición. ¿Es la Tradición una película? ¿Será el Vaticano II la introducción, el nudo o el desenlace?
Así lo indicó el Purpurado al ser preguntado sobre el principal obstáculo que existe en el proceso de diálogo entre el Vaticano y la Fraternidad San Pío X, luego que el Papa decidiera en 2009 el levantamiento de la excomunión de los cuatro obispos ordenados por el arzobispo francés Marcel Lefebvre en 1991, quien falleció excomulgado.
Nuestros “amigos” de ACI Prensa no iban a dejar pasar la oportunidad de reiterar que Mons. Lefebvre “falleció excomulgado”. Esto es caridad. Suponemos que al referirse a Santa Juana de Arco hacen lo mismo, ¿o no?
El Cardenal Cañizares dijo a ACI Prensa que el principal obstáculo para el diálogo con los lefebvristas está en que estos no acepten "que la tradición no se ha interrumpido por nada, la tradición sigue viva, la tradición sigue abierta, y el Concilio Vaticano II es tradición”.
¿Y los que no somos “lefebvristas” pero no creemos que el Vaticano II ha sido tan inocuo? ¿Empezando por el entonces Cardenal Ratzinger? ¿Y el Instituto del Buen Pastor con su libertad una “crítica seria y constructiva” del Vaticano II? ¿O las conferencias romanas sobre ruptura y continuidad del Concilio organizadas por los Franciscanos de la Inmaculada? ¿O los libros de Mons. Brunero Gherardini?
El Purpurado precisó cuando alguien ignora el Concilio "no podemos seguir todo lo que es la unidad de la Iglesia rompiendo esa Tradición".
En otras palabras: “Trágalo”. El Vaticano II o afuera. ¿Pero no es que el Concilio fue —en palabras papales— un “mero concilio pastoral, razón por la cual no pretendió definir dogmas, ni condenar errores”?
¿Vamos a dejar a alguien fuera de la Iglesia porque no está de acuerdo con una estrategia “pastoral” esquematizada en un mundo —el de la optimista postguerra de principios de los ’60— que ya no existe?
Además, aparentemente Su Eminencia ignora que ha habido concilios ecuménicos que han resultado inocuos en la vida de la Iglesia o, como dijo en alguna ocasión el Cardenal Ratzinger, han sido “poco menos que una pérdida de tiempo”. De hecho, la mayoría. Como dijo el P. John Hunwicke: “el Vaticano II es historia; quiero decir que su relevancia no es para nuestro tiempo, cincuenta años después, no es más relevante que hubiese sido cincuenta años antes. El mismo Vaticano II dijo hablar para el mundo de su propio tiempo: es justo; ese tiempo no es nuestro tiempo, no es nuestro tiempo”.
El Cardenal explicó luego que si bien no conoce los detalles del diálogo con los lefebvristas, aseguró que "sí que sé una cosa, y es que el Papa, la Iglesia tiene una grandísima voluntad, un grandísimo deseo de que se produzca la unidad y el retorno de aquellos quienes han salido fuera de la Iglesia, el retorno a la comunión plena con Ella".
Si el Cardenal no conoce “los detalles del diálogo con los lefebvristas”, lo mejor que podría hacer es no entorpecerlo con declaraciones altisonantes o, incluso, insultantes: “aquellos quienes han salido fuera de la Iglesia”, cuando el Cardenal Castrillón —éste sí pertinente en sus declaraciones, siendo como es presidente emérito de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei—, no menos de una docena de veces por escrito, ha afirmado que la FSSPX no es cismática, no está fuera de la Iglesia, sino en una situación canónica irregular “dentro” de Ella. El mismo Papa Benedicto XVI habló de un asunto interno de la Iglesia.
Nos evitamos el transcribir los tres cuartos restantes de la nota que corresponden a la opinión inexperta y tendenciosa de ACI Prensa sobre la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, Mons. Richard Williamson y el Concilio Vaticano II que, engañosamente, pone bajo el paraguas de este título atribuyéndola tácitamente al Card. Cañizares.
[http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=34366]

Munificentísimo Señor

Los últimos días hemos sido testigos de variopintas informaciones acerca de los problemas tenidos por un grupo de “juventutem” para poder celebrar una Misa tradicional en el interior del santuario de Loyola. Las controversias que se leen acerca del asunto, rozan lo delirante. Parecen centrarse en el culpable; que si el obispo les obligaba a concelebrar, que si les decía que no podían celebrarse dos misas simultáneamente (o que no podían celebrarse simultáneamente dos misas en ritos distintos), que si después de la Misa del obispo había una exposición del santísimo en el santuario, que si el demandadero tuvo una confusión y no se dio cuenta de que esa peregrinación coincidía con la Misa del obispo… Se ha hablado de todo menos de lo que hay que hablar.
Puestos a buscar culpables, el máximo culpable es el asesor religioso de ese grupo de “juventutem”, por no saber donde se metía. Lo llamativo no es que no se haya podido celebrar allí una Misa tradicional. Lo llamativo sería que en Loyola se hubiese celebrado. Pero el obispo es bueno, ¿no? Nadie lo duda, majo como un escarabajo. Pero es un obispo discutido por el clero de su diócesis, con probables intenciones de no armar demasiados líos con su clero durante su pontificado, para así discretamente lograr una promoción y dejar atrás la turbia y compleja diócesis de San Sebastián. Obviamente a monseñor Munilla lo que le faltaba era imponerse ante el rector del santuario de Loyola para cumplir las leyes de la Iglesia. Los consejos de presbiterio de San Sebastián podrían metamorfosearse en una comedia de situación. Habrá alguno que piense que “si lo dice el Papa, no habrá problema ¿no?”. La respuesta es: depende. El que piense de otra manera es que no sabe en qué Iglesia vive.
Si se pide permiso para celebrar una Misa, sea la tradicional, la de Pablo VI o el rito siro-malankar, lo que se está preguntando exactamente es lo siguiente: si ese centro de culto, iglesia, capilla o santuario está funcionalmente disponible ese día. Si no lo está, lógicamente habrá que buscar otro sitio. Si se concede el permiso, eso quiere decir que no hay ningún obstáculo físico o moral para esa celebración. Sin embargo, si el que da permiso observa que ese día hay una misa con el obispo. Tiene varias opciones: a) Decirle al obispo que no venga; b) Comunicarle al obispo esa eventualidad, con el fin de que él disponga lo que se ha de hacer; b.1) El obispo no pone problema alguno con que haya otra celebración; b.2) Al obispo no le parece bien que haya dos celebraciones simultáneas, y le indica al rector del santuario que avise a ese grupo para que se desarrollen su celebración en un momento anterior; b.3) Al obispo no le parece bien y conmina al rector del santuario para que no avisen a nadie, y así aprenden de paso; c) Los jesuitas del santuario aprovechan la excusa de la misa del obispo para prohibir cualquier tipo de Misa tradicional en su iglesia, sabiendo que mons. Munilla no les va a desairar; d) Permitirles la celebración y quemar la iglesia con todos dentro.
Un misterioso enigma, que sólo mentes privilegiadas podrán desentrañar. Sorprende que en Infocatólica no haya habido ninguna mención de este acontecimiento; una buena ocasión para manifestar su adhesión a monseñor Munilla ante un minoritario grupúsculo filo-lefebvriano, agresivo y displicente, que tras recibir el permiso para celebrar Misa en una iglesia, se encuentra la puerta cerrada y tiene que contentarse con hacerlo al solano. Chicos deslenguados sin duda. Iba a referirme al tradicionalista oficial de Infocatólica, pero mi punto de lucha en el plan de vida espiritual semanal es no hablar de él.
La respuesta más manida es “no se sabe lo que pasó”, “esperemos una noticia oficial”. Se sabe lo que pasó, ¿cómo que no? Llegaron, puerta cerrada, no hay posibilidad de celebrar en el santuario y ¡hala! a la alegre campiña guipuzcoana. “Esperemos una noticia oficial”, ¿para desmentir qué hechos? Curioso el voluntarismo neocon. Sin saber ni si quiera si va a existir alguna aclaración oficial por parte del obispado o del santuario –que no existirá- ya se rinde obsequiosamente el entendimiento y la voluntad a la misma. Ya digo, curioso.
Seamos positivos. Se dice que monseñor Munilla es buen obispo. Seguramente este acontecimiento, con las subsiguientes críticas en las webs “tradis” le dará muchos puntos en la Conferencia Episcopal. Parece que ya se oye a alguno: “¡Oye, Munilla es de los nuestros!”. En el caso de que reciba el merecido ascenso ya nos puede ir invitando a un asado.
Vueltas por un lado, y vueltas por el otro. Las cien mil glosas que se hacen en internet al Motu Proprio Summorum Pontificum, o a la instrucción Universae Ecclesiae, los cientos de comentarios en conversaciones bloguísticas al respecto, o los sesudos expertos comentadores de tales normativas, se dan de bruces con la realidad eclesial española. Y da igual que el obispo en cuestión sea bueno, malo o regular. La partitura de la sinfonía es siempre la misma aunque cambien los intérpretes.

lunes, 15 de agosto de 2011

ATANASIO SCHNEIDER: ¡OTRO FILOLEFEBVRIANO!


El filolefebvriano de hoy es Athanasius Schneider, obispo auxiliar en Kazajistán. Experto en Patrística e Iglesia primitiva, explicó las diferencias entre la forma de comulgar en la Iglesia primitiva y la actual práctica de la comunión en la mano. Según afirmó, esta costumbre es completamente nueva y no hunde sus raíces en los tiempos de los primeros cristianos, como se ha sostenido con frecuencia. En la Iglesia primitiva había que purificar las manos antes y después del rito, y la mano estaba cubierta con un corporal, de donde se tomaba la forma directamente con la lengua: era más una comunión en la boca que en la mano, afirmó Schneider. De hecho, tras sumir la Sagrada Hostia el fiel debía recoger de la mano con la lengua cualquier mínima partícula consagrada. Un diácono supervisaba esta operación. Jamás se tocaba con los dedos. La comunión en la mano no tiene nada que ver con la Iglesia primitiva, es de origen calvinista.
En la foto siguiente se puede apreciar la dispersión de fragmentos que se sigue de la práctica de la comunión en la mano:

domingo, 14 de agosto de 2011

Correo de un lector: ASIS REDUX


EL CATECISMO DE LA CRISIS (I): ASIS REDUX.
«Oh santa ciudad de Asís, tu nombre es conocido en el mundo entero, por el solo hecho de que en ti nació el "Poverello", tu Santo, lleno de ardor seráfico. ¡Ojalá puedas comprender este privilegio y ofrecer a las gentes el espectáculo de una fidelidad a la tradición cristiana que sea para ti un verdadero honor sin ocaso.» Se pregunta uno: ¿por qué Dios ha dado a Asís este encanto de la naturaleza, esta fascinación de santidad, que está como suspendida en el aire y que el peregrino advierte casi insensiblemente?
»La respuesta es fácil. Para que los hombres, a través de un lenguaje común y universal aprendan a reconocer al Creador y a reconocerse como hermanos los unos a los otros». (Beato Juan XXIII)
La Basílica de San Francisco en Asís y la Santa Iglesia Católica comparten un paralelismo curioso, si no milagroso. En los turbulentos 60’s, modernos expertos decidieron que la Iglesia necesitaba ser urgentemente reconstruída. El enorme edificio no se había tocado por siglos y siglos y se había convertido en el anticuado y obsoleto monumento a una era pasada. Pero había toda una generación de mentes brillantes, mentes luminosas, trabajando con nuevas ideas en una nueva era, con materiales modernos y tecnología de punta, para reconstruir los soportes y crear una nueva iglesia, contemporánea, fuerte, menos dependiente de las viejas formas y las visiones anticuadas, una mayor garantía para la seguridad y el bienestar de la grey.
Todo el trabajo de planeación fué hecho por ingenieros expertos. Estos hombres, ebullentes de ideas, veían todo con nuevos ojos. Y lo que vieron, los llenó de aprensión: la bóveda era sostenida con grandes vigas de madera, en forma cruzada, de lado a lado. Enormes cruces. Esas vigas habían estado allí desde que se construyó la basílica, habían cumplido su cometido magníficamente, contra el clima, los temblores, las tormentas, las termitas, todo.
Esas vigas mantenían el techo en su lugar, protegiendo el Altar Mayor para que el Gran Sacrificio pudiera seguirse celebrando per sécula seculorum. Pero los modernos ingenieros y técnicos sólo vieron peligro, en forma de material inflamable en caso de incendio. La Basílica tenía que ser reconstruída para salvarla. Las vigas se quitaron, sustituyéndolas por concreto armado, seguro, sólido.
El trabajo de reconstrucción terminó satisfactoriamente, en línea con las técnicas ingenieriles más avanzadas y creativas, bajo el ojo científico y supervisión de los mejores en el ramo. Los restauradores se retiraron satisfechos de su trabajo , para continuar con otros proyectos.
Llegamos a octubre 27 de 1986. SS Juan Pablo II anuncia el evento de Asís, a bombo y platillo: 130 líderes religiosos de todo el mundo se reunirián para orar, cada quién por su cuenta, por la paz mundial.
Hubo una amalgama variopinta de hábitos, formas, vestuarios, sabores, colores y olores, donde se aglomeraron católicos, ortodoxos, musulmanes, judíos, budistas, shintoístas, cismáticos, protestantes, hinduístas, shamanes y hasta médicos brujos… y a cada quién le dieron su arbolito.
"...(el Espíritu) se manifiesta de modo particular en la Iglesia y en sus miembros; sin embargo, su presencia y acción son universales, sin límite alguno ni de espacio ni de tiempo" (Juan Pablo II, Redemptoris missio).
Nacía el “espíritu de Asís”. Algunos se opusieron firmemente, inclusive mostrando un abierto boycott, como el entonces cardenal Joseph Ratzinger, para su crédito. Pero el daño ya estaba hecho. Se profanaron los altares, se degollaron gallinas, se puso la estatua de un Buda, se oró con dirección a La Meca, se echaron fuera los crucifijos, se taparon la imágenes sagradas.
Despúes de pasar el evento, el padre Divo Barsotti, teólogo místico y confesor de los últimos papas, escribió dos veces a SS Juan Pablo II, de que había visto una foto del Dalai Lama en Asís 1986, siendo venerado por católicos y que existía el peligro de nublar la distinción y que la gente se extraviara y perdiera la identidad cristiana en la confusión. Todo fue inútil, vendrían todavía Asís 1993 y 2002.
El 26 de septiembre de 1997, dos temblores de tierra afectaron la Italia central. El de las 2:20 A.M., 5.5 en la escala Richter. La Basílica de San Francisco de Asís resultó dañada. Un grupo de líderes cívicos y religiosos se apersonó en la Basílica para estimar los daños a la bóveda y a los murales. De repente, a las 11:30 A.M. vino el segundo temblor , más fuerte que el anterior, derrumbando completamente la bóveda toda, que se vino abajo, destruyendo el Altar Mayor y matando 2 monjes franciscanos y dos inspectores. Dos murales, “Los cuatro evangelistas”, de Cimabue y “Los cuatro doctores de la Iglesia”, de Giotto se hicieron polvo y se perdieron para siempre. Otros murales también resultaron dañados. 11 muertos, 100 heridos, 100 000 desplazados, 2000 casas destruidas.
Mientras tanto, el papa Juan Pablo II no estaba en Roma, sino en Bologna, en un congreso Eucarístico. Y al día siguiente asistía en platea preferencial en el mismísimo escenario , a un concierto de Bob Dylan, cantante folk muy popular. Junto con 250 000 delirantes espectadores, el Santo Padre escuchó las canciones más famosas de Dylan, “Knockin’ at Heaven´s door” y “A Hard rain’s a-gonna fall”.
Los ingenieros “periti” determinaron finalmente que la bóveda de la Basílica de San Francisco se colapsó debido a los trabajos de restauración efectuados en los 60´s. Además descubrieron que el concreto es más propenso a quebrarse en un terremoto, debido a su falta de elastidad y plasticidad, a diferencia de como lo habían hecho las cruces de vigas de humilde madera por tantos siglos.
I.S.

sábado, 13 de agosto de 2011

Personajes literarios


En la conocida novela de Evelyn Waugh, Retorno a Brideshead, uno de los personajes mejor logrados es el de Rex Mottram.

Mottram es un empresario canadiense, un "nouveau riche" que quiere hacerse un lugar entre la alta sociedad británica desposando a una joven heredera, en este caso a lady Julia Flyte. Es ella hija de una vieja familia, venida a menos por las excentricidades del padre y el catolicismo cerrado de la madre; el patrimonio familiar, una mansión en Londres y un palacio en la campiña están comprometidos. No es una muchacha demasiado bella y ya no es tan joven, por lo demás, una inyección de dinero no se desprecia, por lo que para la escéptica Julia este casamiento es conveniente.

El problema es que Rex no es católico. Cosa que a éste no le preocupa demasiado. Hará lo que haya que hacer para hacerse católico.

El caso es que lo envían con el Padre Mowbray, amigo de la familia. Luego de un rápido cursillo, Mottram parece listo.

El cura lo somete entonces a un rápido cuestionario, una mera formalidad. Y he aquí el relato, tal cual lo refiere a Lady Marchmain y su hija Julia.
Entonces le pregunté: '-Suponiendo que el Papa mirara hacia arriba y viera una nube, y dijera: «Está por llover.», ¿debería eso suceder?' '-Oh, sí, Padre.' '-¿Pero supongamos que no llovió?' Pensó un momento y dijo: 'Supongo que sería una especie de lluvia espiritual, sólo que seríamos demasiado pecadores para verla.'
Esto nos recuerda a un lugar de la blogósfera cuyo nombre no quiero acordarme donde cierto bloguero sostiene sin empacho afirmaciones tan disparatadas como las de arriba... o peores.


Es una especie de locura que agarra al neocón extremo cuando queda en estado de éxtasis permanente después de pasarse años leyendo encíclicas juampablistas y apologética yanqui. Podemos llamarlo el «síndrome de Mottram»... o «de Arráiz» que es lo mismo.