miércoles, 17 de agosto de 2011

Prudencia y técnica


La bitácora del Brigante ofrece la traducción de unos textos del p. Deman sobre la prudencia que nos parecen muy recomendables. Destacamos hoy el siguiente:

«En realidad, los hombres no pueden evitar preguntarse sobre lo que deben hacer en la práctica. Todos verifican en su experiencia que las intenciones virtuosas no bastan. Pero no siempre recurren a la prudencia para determinar la acción que van a realizar. La casuística, tal como se la ha denominado, ha intentado usurpar esta función. Figurándose teóricamente los casos, es decir, las situaciones de todo tipo que pueden presentarse a la conciencia, provistos de las variadas circunstancias de las que pueden venir acompañados, la casuística elaboró fórmulas de solución, en la ilusión de que bastaría con ir a buscarlas a los libros para saber cómo actuar. Históricamente ésa fue la mentalidad de la que nacieron, a partir del siglo XVI, los enormes volúmenes de casus conscientiæ. Método perezoso y artificial, que no puede alcanzar a la realidad –a pesar de pretenderlo– y que trata como autómatas a quienes lo adoptan.
Sólo al hombre le corresponde elaborar su acto moral. Que él se informe y que consulte es cosa que se entiende bien: en la docilidad hemos reconocido uno de los elementos de la prudencia. Que busque determinar de antemano, en forma de doctrina, las reglas que se imponen en tal o cual terreno de la acción, también es cosa que se entiende (y la palabra “deontología” se inventó para expresar esa búsqueda). Pero siempre quedará para cada cual el deber de formarse un juicio sobre la acción que pretenda realizar (puesta la mirada sobre la realidad y no sólo sobre las opiniones) y en esa acción su autor comprometerá su propia responsabilidad. La multitud de los doctores jamás podrá ocupar el lugar de la prudencia para el individuo. Sólo educando en sí mismo su inteligencia práctica se pondrá en condiciones de realizar su papel de agente moral. El camino para estar a la altura de la noble tarea de realizar el bien, que ha recibido de la naturaleza y de Dios, pasa por el interior de cada hombre. Él no ha nacido para averiguar las opiniones de los casuistas, sino para formar su propio juicio, de modo que el acto moral surja de él como un fruto maduro y lleno de savia. El hombre aspira al bien y en su deseo de practicarlo realmente se provee de todas las cualidades del espíritu merced a las cuales se hace capaz de elaborar su acción vitalmente y en verdad. La vocación moral del hombre le compromete por entero. Que no espere corresponder a esa vocación si, de entre las facultades de su alma, deja sin usar su inteligencia.»

En la actualidad, la prudencia es una virtud olvidada. A tal punto se ha llegado, que se pretende reemplazarla por la mentalidad técnica. Pero la técnica es una racionalización mediante la cual el hombre somete la naturaleza exterior a la dirección de la razón. Esta racionalización, que se realiza sobre las cosas exteriores, nunca puede ser idéntica a la que la prudencia debe imprimir en las acciones humanas. La mentalidad técnica rechaza toda theoria en su significado correcto de contemplación profunda de la realidad; ni siquiera pretende alcanzar otra nueva y más perfecta, a través de lo que la propia práctica va mostrando. No trata sino de realizar e im­poner un modelo poiéticamente ideado. El riesgo mayor consiste en que nuestra razón llegue a despotenciarse, reduciéndose a mera funcionalidad en busca de lo útil; pues, como había advertido Sciacca:
«Cuando lo ra­cional, entendido como medida y peso de cantidad calculable, es aplicado incluso a la vida estética, moral y religiosa, obtura y expulsa la fantasía, los sentimientos, la fe, adormece todo ím­petu y empeño, seca el amor y hace a los hombres mezquina­mente egoístas, perdidamente empeñados en medir y pesar su propia utilidad para una siempre mediocre felicidad...».

Reemplazar la prudencia por la técnica tiene consecuencias deshumanizadoras y patógenas.

13 comentarios:

Coronel Kurtz dijo...

Gracias a ustedes y al Brigante por rescatar estos textos fundamentales.

Anónimo dijo...

Esta doctrina aqui expuesta es claramente modernista, aunque sea pre-conciliar.

Lean "El combate espiritual" de Scupoli y déjense de pavadas.

Anónimo dijo...

Esto es neomodernismo sutil y venenoso. Para qué están los directores espirituales?

contemplata dijo...

¡Qué divertido!
¡Santo Tomás era modernista! Y no te cuento Aristóteles... (seguro era más moderno que San Agustín porque vivió unos cuantos siglos después... y Aristóteles vino "después" de Platón)
No puedo parar de reirme. Ay

Anónimo dijo...

Ludovicus dijo,

Evidentemente, la brutalidad no es monopolio del progresismo. Hay cada idiota en el ultramontanismo...

Un ronin católico dijo...

Las virtudes morales se ordenan al fin por los primeros principios. Es ahí donde actua la conciencia y para formarla es necesario el hacer caso a los dcotores de la Iglesia y su magisterio.

La prudencia, en cambio, trata de los medios con los que las virtudes morales se ordenan al fin marcado por la conciencia. Ahí no puede entrar el magisterio (salvo para señalar los medios lícitos e ilícitos) porque es cosa de la inteligencia práctica del individuo el aplicarlos en medida, lo que es cosa sólo suya, como lo es el aprender. Sí entra el consejo de otra persona para obrar prudentemente dado que no podemos saberlo todo.

La labor del director espiritual es de consejero más que de superior, como algunos creen. Y para sorpresa de muchos, es también un medio que hemos de aprender a usar y no un fin en sí mismo.

Y eso es Santo Tomás en resumen en este punto.

Anónimo dijo...

«El que obedece no se condena.»

Piensen y déjense de modernismo.

¡¿Qué Santo Tomás ni ocho cuartos?! También Rahner se decía tomista...

Un ronin católico dijo...

Claro, Heinrich Himler es un ejemplo de católico. Como obedeció a tope habría que elevarlo a los altares.

Sin embargo el malvado católico Stauffenberg que rompió su voto de obediencia debe ser borrado de la historia por traidor, no sea que los católicos sigan su mal ejemplo.

La diferencia estriba en una sencilla aclaración que es también Santo Tomás en verso:

El ignorante que obedece de buena fe a quien cree que sabe no es responsable de sus actos. Así muchos de los llamados neocones no se condenan, sino que van al purgatorio de cabeza a aprender teologia, que es la ciencia de los bienaventurados.

Un ronin católico dijo...

Por cierto a Santo Tomás lo condenaron al poco de su muerte en muchas sentencias (sobre todo por materialista y filósofo) y de hecho los franciscanos lo pusieron entre los autores peligrosos que sólo los especialistas podían leer con sumo cuidado. Menudo modernista.

Anónimo dijo...

¿Y eso qué tiene que ver Ronin?

Apelando a Santo Tomás se ha intentado justificar cualquier cosa.

“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan.” Hebreos 13:17

«No hay camino que más pronto lleve a la suma perfección que el de la obediencia» Santa Teresa de Jesús, Fundaciones 5,10

«¿Quieres con más seguridad caminar a la devoción? Busca algún hombre virtuoso que te adiestre y guíe… Jamás hallarás tan seguramente la voluntad de Dios como por el camino de esta humilde obediencia» S. Francisco de Sales (Introd. a la vida devota I, 4)

Lo demás es modernismo, aunque se revista de tomismo.

Anónimo dijo...

PEDRO HISPANO dice: Anónimo no entro en el tema si lo que dice de la obediencia se refiere a dirección espiritual pero si va más allá habrá que recordarle que hay una crisis en la Iglesia y también -aunque no recuerdo las palabras exactas- lo que dijo a Pablo VI Mons. Lefebvre cuando se decidió a recibirle: Si le seguimos nos ponemos en contra de sus predecesores. Y no voy a empezar con ejemplos concretos de beso al Corán, peticiones públicas de perdón por sus predecesores, etc, etc, etc porque creo que lo dicho baste para mostrar que aquí ha habido una ruptura que con apelaciones indiscriminadas a la obediencia puede agravarse aún más. Y desde luego no se soluciona.
Termino: Si Vd. se limita a la dirección espiritual -aunque también habría que precisar algunas cosas- retiro lo dicho por innecesario.

Un ronin católico dijo...

La obediencia en la vida religiosa es una cosa. Para el laico es otra. Y una cosa es la dirección espiritual y otra la obediencia al magisterio de la Iglesia. Mezclar todo eso como si fueran iguales es hacer un tutifruti bestial del que no puede salir nada bueno.

Y las preguntas salen enseguida: ¿Obedeció San Juan de la Cruz a sus superiores calzados? ¿Y Santa Teresa?

¿Obedeció Santa Juana de Arco al tribunal eclesiástico que la juzgaba?

Genjo dijo...

El mandato que no respeta la inteligencia y la libertad del súbdito, empequeñece su alma. Lo dijo San Pablo.
También debía ser modernista.