viernes, 12 de agosto de 2011

Espiritualidad laical: el deber de estado es un culto


Continuamos con con la publicación de textos de Sertillanges.
El cristiano debe considerar igual estar en su Banco, en su oficina, en su fábrica, en su finca o en el cielo, pues en todas partes encuentra a Dios. El trabajador cristiano es un adorador... yo diría que un sacerdote. Una mujer que cose con espíritu elevado me sugiere la imagen del destino uniendo las fracciones de la eternidad, y sus tijeras —cayendo en el silencio suplicante— despiertan en mí el recuerdo del toque emocionante de las horas en una Iglesia durante una ceremonia. Establecida la armonía entre el alma y aquello que permanece no hay más que vivir plenamente y poner todo nuestro ser en nuestra obra para de este modo formar parte de lo eterno.
Es una aberración de consecuencias incalculables disociar la vida religiosa de la vida doméstica o profesional. Todo lo que pertenece al hombre es religioso o debe serlo. Me gusta mucho aquella observación de Barrés en sus Cahiers. Contemplando de lo alto de una colina los terrenos de cultivo, escribía: «Tapices amplios, tapices de oración. La oración de cada familia: el pan nuestro de cada día, dánosle hoy».
Se ha reprochado a nuestros clásicos el separar en sí mismos, sintomáticamente, por decirlo así, al autor, al hombre y al cristiano. Esté o no fundado el reproche, más que ellos mismos lo merecemos nosotros, si de hecho separamos —aunque no sea por sistema— al hombre, al cristiano y al profesional de cualquier oficio. El antídoto para tal separación será la noción cristiana del deber de estado.
Noción que descubre el espíritu profesional que rige la obra, pero no al hombre; noción que otorga su lugar correspondiente al espíritu humanista tal como lo conciben Erasmo y Montaigne, espíritu que se refiere al hombre, pero no al cristiano; noción que, sin embargo, se reserva en propiedad el espíritu religioso que impregna de sobrenaturalidad a la nueva naturaleza adaptada y hecha con ello más pura, poniéndose de este modo en condiciones de regirlo todo.
¡Cómo aumentaría nuestra mutua comprensión, y cuántas objeciones desaparecerían si se tuviera en cuenta que la Religión no se propone otra cosa que arrancar y transformar en nuestra vida todo aquello que la extravíe o la amenace!
¿Y por qué ha de transformar sólo alguna cosa siendo así que lo transforma todo? La transformación es la transfiguración de nuestra vida por medio de la sublimación de sus inspiraciones y de la prolongación hasta lo infinito del fin último de sus anhelos.
Mucho tiempo ha que lo dijo el sabio hindú: «El hombre que está satisfecho de su deber, sea el que sea, llegará a la perfección. Escucha, no obstante, cómo llegará. El hombre consigue su perfección glorificando en sus obras a Aquel de quien todos los seres proceden y por quien este Universo ha sido creado. Prefieren cumplir su deber, por muy bajo que sea, antes que el ajeno por mucho que éste le aventaje; y es que no puede pecar el hombre que realiza una obra derivada, por decirlo así, de su propia naturaleza». Ahora bien; ¿será menos sabio que el que esto dijo, el fiel que ha sido ya prevenido por Cristo y escudado por la Iglesia con su doctrina?
No basta —si es que se ha hecho así— que únicamente estén impregnados del espíritu evangélico aquellas facetas de nuestra vida consagradas al culto; es preciso que lo esté nuestra vida entera. Y el deber de estado es precisamente un verdadero culto; es el culto de los días laborables; es la plegaria incesante que Cristo nos pide, siempre que trabajemos en su nombre.
El cristiano que lleva adelante sin desmayo y lo mejor que puede esta vida que Dios le otorgó; que cumple su deber en el hogar, en el astillero, en su estudio o en su despacho de negocios, en el cuartel, en la redacción, en la sociedad y aún en el estadio y en el mismo juego, y que lo hace todo con verdadero espíritu religioso, es decir, con el fin de dar gloria a su Creador y de acercarse más y más a El con los suyos y con todos, a través de la existencia, éste hombre, este cristiano, no cesa de orar; para él se dijo: el que trabaja ora; si bien debe también recordar a su debido tiempo que este proverbio tiene su correspondencia: el que ora trabaja.
La vida es una, pero una en Dios. Dios nos la dio, El que se da a sí mismo en lo más íntimo del corazón y espera entregarse algún día en toda su plenitud. En consecuencia, ningún progreso se presenta hoy tan necesario como éste: esclarecer plenamente en nuestra alma las exigencias de nuestra vida cristiana respecto de nuestras labores cotidianas, de nuestra vocación humana y del lugar que cada uno de nosotros ocupa acá abajo.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Paul Aulagnier: “Hoy monseñor Lefebvre aceptaría un ordinariato”


Quizás pudiera parecer confuso el título que ilustra esta entrada; su pertinencia es meramente referencial, para indicar al blog de Infocatólica al que hace referencia. Es una obviedad decir que cada uno en su blog escribe, edita y censura lo que le parece. Sin embargo, hay que hacer ejercicio de caridad. Para el que esto escribe, el autor del blog al que hacemos referencia, le parece buen chico, probablemente con competencia profesional, y con el que seguramente sería agradable tomarse una cervecita antes de comer. Por esa razón, la caridad me compele a señalarle que debiera aconsejarse un poco o informarse más a la hora de escribir ciertas cosas. Vamos a los hechos. Se dice en la parte final de su entrada: “Porque la oferta no parte ideada de un cardenal, no. Es Pedro quien está llamando a sus hijos pródigos a la Iglesia. Bien haría el resto de la misma de no actuar celosamente, pero bueno, ese es otro tema. Creo que de aquí al 15 de septiembre tenemos mes y diez días para la oración, para que la Iglesia sea generosa con la FSSPX y ésta renuncie a la estrategia de querer ser más “papista que el Papa". Cierto, algunos denunciarán este “acuerdismo", pero esos son los que están más cerca de las puertas. Creo que todo ser sensato seguiría a Monseñor Fellay si se reconociese un estatus canónico para la Hermandad. De los otros, no puedo hablar”.
Reaparecía el pana Arráiz indicando en los comentarios: “Al leer los extractos de esta entrevista sigo viendo el mismo problema fundamental de los lefebvristas, y es creerse la encarnación de la Tradición.
Comentarios como `si Roma quiere solucionar las cosas con la Tradición´ son completamente desacertados. No es Roma la que tiene problemas con la Tradición, son los lefebvristas los que con una noción imperfecta de la Tradición rechazan los legítimos desarrollos de la doctrina cristiana.
Luis Fernando comenta que "el modernismo es el mejor apologeta de la FSSPX, pero sucede también lo contrario, la FSSPX es el mejor apologeta en pro del modernismo”.
Algunos otros comentarios carecen de desperdicio: “Y los seguidores abiertos o de corazón de Monseñor Lefevbre van a reconocer TODA la autoridad de Roma, su magisterio y el rito ordinario? Lo dudo. El Papa nos ha invitado a que aceptemos el rito extraordinario como UNA forma de celebración. Los amigos de Lefevbre aceptarán el Novus Ordo? Vuelvo y lo dudo”.
Otro:Mire como se mire, oingan como se pongan, el grupo lefrebviano tiene que pasar los largos años del desierto del arrepentimiento, el largo puente de la penitencia y la purificación. Ordenar obispos y sacerdotes en contra del deseo del Pontífice(que es lo que hizo Lefebvre) es de suma gravedad”.
Vinuesa plantea la solución del ordinariato apelando a las declaraciones de un ex miembro de la Hermandad de San Pío X, que desde el 2006, con el Abbé Laguerie y otros, dejaron la Hermandad para iniciar lo que conocemos como Instituto del Buen Pastor. Un ejemplo de regularización pacífica y de mesura eclesial. Hemos visto cómo algunos comentaristas señalaban que el problema de la Hermandad de San Pío X es “creerse” la encarnación de la Tradición, o que han de transcurrir años de penitencia pública hasta ser regularizados canónicamente, en el frío invernal de las puertas de Canossa. Que en la Hermandad de San Pío X hay gente soberbia, arrogante o prepotente no es de lo que se disputa. Las virtudes personales no suelen ser motivo de censura canónica u obstáculos para una situación regular en la Iglesia. Kiko Argüello se cree la encarnación de la Iglesia primitiva y de los documentos del último concilio y nadie le abre un proceso por ello.
Pero profundicemos un poco más. Ya son varias las veces que Vinuesa apela al Instituto del Buen Pastor como ejemplos de “tradicionalistas” en situación armónica y regular por la Iglesia. Entiendo por ello, que no tendrá inconveniente en aceptar que los mismos pasos que se dieron con el IBP se den con la FSSPX, ¿verdad?. Pues veamos. El Abbé Aulagnier, hace unos años, escribió un libro sobre la Misa, bastante difundido en ambientes de la Hermandad titulado: La causa de nuestro combate. La Misa católica. Puede consultarse en edición digital en diversos lugares. En esa obrita, Abbé Aulagnier dice cosas como esta: “Ahora bien, en el documento doctrinal de la "Institutio Generalis" no se habla nunca de la presencia real, substancial; no se habla nunca de la cesación completa de la substancias, de la conversión de la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo. Por consiguiente, este texto doctrinal, el cual, según el mismo Papa Pablo VI, toma sus ´líneas directrices del Concilio mismo´, merece una condenación más grave que la que Pío VI dirigió al Sínodo de Pistoya”. Algo más: “Descartemos también ese intento que reaparece continuamente en la Institutio Generalis de introducir expresiones que debilitan la oposición al protestantismo y el sentido sacrificatorio de la Misa, nociones tales como ´cena del Señor´, ´memorial del Señor´. Esto es muy grave pero, dejémoslo de lado”. Otra más: “Pero la parte principal, esencial, del Canon, es decir, la Consagración, no es dicha por el sacerdote en nombre del pueblo presente, sino es pronunciada por el sacerdote exclusivamente en nombre de Nuestro Señor Jesucristo. No podéis admitir sobre ese punto ninguna duda. De modo que lo podéis ver otra vez, ahí se contiene, insidiosamente, una tesis protestante.” Sus conclusiones no dejan su posición en términos ambiguos: “La crítica hecha a esta reforma litúrgica, según su texto doctrinal, os habrá hecho comprender con toda claridad que la reforma litúrgica se aleja de la doctrina católica y, en consecuencia, nos obliga a insistir sobre la sospecha legítima que alcanza a los actuales detentadores de la autoridad apostólica”.
Cuando se regulariza el IBP, no hay constancia alguna de que el Abbé Aulagnier se haya retractado de sus anteriores escritos, ni de que la Santa Sede le haya conminado a ello. Es más, en sus estatutos, aprobados –como ya es sabido- por la Santa Sede, podemos leer: “una entera fidelidad al Magisterio infalible de la Iglesia. Desde un punto de vista doctrinal, conforme al discurso del Papa Benedicto XVI a la Curia Romana el 22 de diciembre de 2005, los miembros del Instituto, son llamados a una ´crítica seria y constructiva´ del Concilio Vaticano II (Estatutos: II, §2)”. No hay Canossa, no hay penitencia pública, no hay mandato de retractación: crítica seria y constructiva del Concilio Vaticano II. Alguno pensará que esto se puede interpretar de mil maneras, y que ahí se da una aceptación global del concilio y una crítica constructiva de las reformas postconciliares. Veamos lo que decía el Abbé Laguerie al respecto –sin que se conozca al respecto ninguna rectificación exigida por parte de la Santa Sede- en el sermón del 10 de septiembre de 2006 en la Iglesia de St. Eloi, en Burdeos, encomendada al nuevo instituto: “Hay cuestiones teológicas puntiagudas, en particular aquellas concernientes al Concilio Vaticano II. Sobre este punto tenemos la obligación, también, lo que es inesperado, de trabajar, bajo la conducción del Papa, pues solamente él puede hacer eso, de restablecer la autenticidad de la doctrina católica. […]
Quiero decir con esas palabras que todo lo que hay de ambiguo, y hasta de falso
[en el Vaticano II] debe ser restablecido por nosotros, teniendo en vista dar por fin una auténtica interpretación de ese Concilio. Lo que supone de otro lado que esa interpretación no existe aún totalmente, y voy dar algunos ejemplos: la libertad religiosa hizo correr mucha tinta, ustedes lo saben, y efectivamente, hay cosas aparentemente y textualmente contradictorias con el Magisterio precedente. El Papa Benedicto XVI, cuando era aún el Cardenal Prefecto da Congregación para la Doctrina de la Fe, rectificó esa doctrina, cuando estuvo en la Argentina en 1988, por ocasión de las consagraciones hechas por Monseñor Lefebvre”. Ambigüedades y falsedades atribuidas al último Concilio, rectificación de la doctrina…;
le preguntaría varias cosas Don Vinuesa y a sus comentaristas: a) ¿Suscribe usted la interpretación de Laguerie y Aulagnier, la cual no ha sido puesta como obstáculo para la regularización canónica del IBP?; b) ¿Suscribe que el mismo procedimiento tomado con el IBP se siga con la FSSPX?;c) Dado que suele ejemplificar al IBP como solución deseable para la FSSPX, ¿Por qué al tratar de la Hermandad se exigen cosas que en su momento no se le exigieron al IBP?

martes, 9 de agosto de 2011

De re matrimoniali (II)


2. El fin del matrimonio. El fin principal del matrimonio es la procreación y educación. Para la Tradición, lo esencialísimo, es lo que Santo Tomás denomina intentio prolis, con expresión precisa, pero no siempre bien entendida. Es esencial la ordinatio ad prolem, no el resultado genésico. Si se hiciera del resultado procreativo lo esencial, el matrimonio de los estériles sería nulo, la esterilidad sobreviviente justificaría la separación y el acto sexual de los cónyuges infértiles sería intrínsecamente inmoral. Los hijos son un don, no pueden ser considerados como objeto de propiedad, lo que conduciría a un pretendido «derecho al hijo».
3. Medio virtuoso. Los teólogos indican que la virtud se sitúa entre dos extremos viciosos, uno por defecto y otro por exceso (in medio virtus); siempre añaden que no hay que confundir el término medio con la mediocridad. La sobriedad en la comida, por ejemplo, no exige una determinada medida para todos, sino proporcional, según la edad, fuerzas y necesidades de cada uno.
Desde esta bitácora criticamos a Iraburu cuando dijo que a la desobediencia post-conciliar había que oponerle una obediencia extrema, no porque lo dijera él, sino porque va contra la naturaleza de la obediencia como virtud moral. De modo semejante, la castidad conyugal, también consiste en un medio virtuoso, y por eso criticamos el procreacionismo extremo.
4. La función de la prudencia. La determinación del medio virtuoso concreto de la castidad conyugal para cada matrimonio corresponde a la virtud de la prudencia. No es un medio matemático que se pueda cuantificar. Ciertamente, la prudencia es una virtud difícil.
Se puede renunciar al juicio prudencial: delegarlo en otra persona, institución, movimiento, etc.; sustituirlo por un criterio casuístico o por una pauta cuantitativa. Esa renuncia puede parecer más «generosa», «esforzada» y hasta «tradicional». Pero se eludiría el martirio de la conciencia personal.
Es también una confusión asimilar la prudencia con el mero cálculo utilitario, una planificación de costes y beneficios. Sin embargo, la prudencia virtuosa incluye la providencia humana de los padres respecto de su descendencia. Y el campo de la providencia humana se ha ampliado, singularmente a partir de la década de 1930, y es posible que sigua creciendo como consecuencia del avance del conocimiento científico. Dios es Autor de la naturaleza, de los ciclos de fertilidad e infertilidad, y ha dotado a los hombres de una inteligencia capaz de conocerlos.
5. La ley del péndulo. Fruto del agere contra, mal entendido, se pretende combatir un error con otro contrario. Así, contra el individualismo, se puede proponer el totalitarismo; contra la erotización de la vida, el puritanismo; y contra la mentalidad contraceptiva, el procreacionismo imprudente.
No se ayuda a salir de un error promoviendo otro de signo contrario, aunque sea menos grave. Hay que exponer la verdad completa y mostrar los posibles errores.
6. Providencialismo. Por confiar en la Providencia no se debe dejar de obrar prudentemente. San Pablo lo dijo con claridad: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. No es recto el abandono en la Providencia cuando se descuida el deber del momento presente; la providencia humana es participación de la divina en una criatura racional. Está en el plan de Dios que crezca el ámbito de la providencia humana de acuerdo con los descubrimientos científicos, en la medida de las posibilidades de cada uno, claro está.
7. La voluntad de Dios. Sería bueno saber cómo conocen la voluntad de Dios los que la invocan en defensa del procreacionismo imprudente. La voluntad divina significada no se ha expresado nunca con un mandato positivo de procrear sin otra consideración. Dios ordena al hombre que cumpla su voluntad de manera ajustada a su naturaleza racional.
«La fecundidad ideal es la fecundidad racional, por la que los hombres ponen en el mundo tantos hijos como pueden educar de manera sana. Este principio es evidente. La moral somete la acción humana a la razón; el instinto sexual, como todo instinto, tiene que estar sometido a la razón, y la fecundidad, por ser consecuencia de las relaciones sexuales, tiene también que doblegarse al imperio de la razón» (LECLERCQ, J. LA FAMILIA SEGÚN EL DERECHO NATURAL. 4ª ed. francesa, 1958; trad. esp. Ventosa, Herder, 1961. P. 202).
8. Fideísmo. Otros han hablado de la fe sencilla, para oponerla a la Teología, a los argumentos de razón, etc. ¿Quién les ha dicho que negándose a pensar serán «más Tradicionales»? El fideísmo está condenado por la Iglesia.
9. Imitación de los santos. La Iglesia propone a los santos para que sean imitados en sus virtudes. No para que se copien maquinalmente los actos de su vida. La Sagrada Familia, modelo de familias cristianas, tuvo un sólo hijo. ¿Acaso es un modelo menos perfecto que la familia numerosa?
10. La mentalidad anticonceptiva. En la entrada anterior rechazamos la mentalidad anticonceptiva de manera expresa, advertimos sobre peligro del egoísmo y la falsa prudencia, resaltamos la importancia de la objetividad y seriedad de los motivos suficientes, etc. En el primer enlace a Pío XII, además, hay una condena fuerte del anticoncepcionismo hedonista. En una bitácora no se pueden tratar todos los temas y mucho menos de manera exhaustiva. Podríamos dedicarle muchas entradas, pero no estamos seguros de tener algo nuevo para agregar a lo ya publicado en miles de páginas.
11. Métodos naturales. No animamos a usar de los «métodos naturales» como si ello fuera un deber moral absoluto. Tampoco nos parece correcto que se los promueva con ligereza, mediante una publicidad frívola; que se destaque unilateralmente su «alta eficacia» con desmedro de su dimensión moral; que se insista en aspectos muy contingentes; que no se mencione la mortificación que implica su uso, etc.
12. La familia numerosa. La Iglesia enseña que el celibato y la vida consagrada, como estados, son superiores al matrimonio. Pero en concreto, para cada uno, lo mejor es lo que Dios le ha concedido; porque ni el celibato, ni los consejos evangélicos, son un precepto. De modo semejante, la enseñanza de la Iglesia elogia a la familia numerosa, como un bien para la familia misma, para la comunidad y para la Iglesia, pero no la impone como un precepto. Vienen al caso las palabras del afamado cardenal Billot: «Es totalmente falso que todos los hombres deban ser invitados sin discriminación a las cosas que son mejores en sí mismas. En el orden de la Providencia de Dios no existe lugar para esa fantasía que la gente llama igualdad. Por el contrario, de la desigualdad de clases, profesiones, oficios y otras cosas de este tipo, surge la perfección necesaria del cuerpo social».
13. Procreacionismo neocon. La gran contradicción de los movimientos neconservadores que se instalan en el procreacionismo extremo está en disociar la moral familiar de la acción social y política. Promueven la familia numerosa al mismo que tiempo que colaboran activamente en la edificación de un orden social y económico que la hace cada vez más difícil: condiciones de trabajo extenuantes y sueldos indignos; supresión o recortes en el salario familiar; pérdida de beneficios para las familias numerosas; viviendas impagables, objeto de especulación financiera; etc.
14. La fotos. Para elegir las fotos buscamos alguna relación, unas veces remota, y otras un tanto arbitraria, con el contenido de la entrada. Si hubiéramos puesto a una familia con muchos niños, alguno habría dicho que estamos en contra de la familia numerosa. Lo mejor hubiera sido no colocar foto alguna. Esperamos que la de hoy no hiera las susceptibilidades de nadie.

lunes, 8 de agosto de 2011

De re matrimoniali (I)


La entrada sobre el procreacionismo irresponsable ha dado lugar a un debate que juzgamos interesante. Hay que reconocer que el título causó malas impresiones y que el uso del término irresponsable ha sido poco feliz. Por responsable queremos significar prudente, lo que puede tener por consecuencia tanto una familia numerosa como una limitación legítima de la prole. Mejor hubiera sido caracterizar al procreacionismo criticado como imprudente, aunque tememos que el significado de la prudencia esté también muy alterado por el utilitarismo dominante.
La entrada ha servido para que salieran a la luz algunos errores que no son exclusivos de los movimientos primaverales. Por caridad hacia los errantes, sin ira, y abiertos a toda réplica razonable, vamos a señalarlos. Por razones de espacio, dividiremos el tema en dos partes. La primera es la que se publica hoy; la segunda, se publicará mañana, y estará abierta a los comentarios.
1. Sobre el Magisterio y la Teología anterior al Vaticano II. Para elaborar la entrada sobre procreacionismo no hemos tenido en cuenta al Vaticano II, ni a los documentos posteriores, a punto tal de que algún lector nos objetó, no sin razón, el habernos saltado la Humanae vitae y los documentos posteriores. Ha sido una omisión deliberada. Se nos podría acusar, con toda justicia, de haber cristalizado el Magisterio en Pío XII y clausurado el desarrollo de la Teología a sus comentadores pre-conciliares.
Volvemos a exponer los puntos fundamentales, con nuevas citas, en un intento por mejorar lo anterior:
Primero. Hay una diferencia radical entre la anticoncepción y la abstinencia en el uso del matrimonio; puesto que la primera es absoluta e intrínsecamente inmoral; mientras que la segunda es de suyo lícita, porque el acto, en lo que depende del hombre, se realiza con normalidad, sobreviniendo el fallo en la generación por defecto de la naturaleza.
Segundo. Con un motivo suficiente se considera lícito que los cónyuges recurran a la continencia periódica. En las enseñanzas de Pío XII, esos motivos, poseen naturaleza diversa (médica, eugenésica, social, económica), son en verdad «bien amplios» y se presentan «no raras veces».
«Para asegurar, por tanto, la licitud [del método de la continencia periódica] se deberá atender a la intención de quien la practica. Si tal intención es la de excluir de manera sistemática y egoísta la procreación, aquel método es irrazonable y no puede siquiera ser “casto” (puesto que la castidad consiste en adecuar la sexualidad a sus fines providenciales)… Si, en cambio, la intención es la de retrasar la procreación en presencia de motivos proporcionados y mientras duran tales motivos, esto es, la intención del todo razonable, e incluso obligatoria, de regular la fecundidad según las normas de una castidad cristianamente prudente, entonces la actividad sexual que se sigue, aunque restringida a tiempos infértiles, no sólo respeta el orden moral intrínseco, sino que es también casta en su finalidad porque no excluye sin razón el don procreativo: si, por tanto, se presentan “serios motivos, como los que no raras veces existen en la llamada indicación médica, eugenésica, económica y social. De aquí se sigue que la observancia de los tiempos infecundos puede ser lícita bajo el aspecto moral; y en las condiciones mencionadas es realmente tal.” [Pío XII, 29-X-1951] No vale la pena, tal vez, enumerar exhaustivamente los motivos singulares que justifican la aplicación del método: “enfermedad, grave debilidad de la madre, serio peligro de aborto, de un parto muy difícil, graves trastornos a causa del embarazo, angustia morbosa por un nuevo parto; probabilidad de una prole con deficiencias físicas o psíquicas; número muy grande de hijos con la siempre creciente dificultad o imposibilidad de darles una educación conveniente (también la educación pertenece al fin primario del matrimonio); pobreza, desocupación, enfermedad o ausencia del padre; vivienda demasiado estrecha o carencia total de una vivienda decente, etc., etc.” [Cfr. J. VISSER, CSSR., Continenza periódica: in Problemi di vita coniugale, Roma 1955, p. 189.].» (Cfr. CABRA, P. - GOFFI, T. Enciclopedia del matrimonio. Queriniana, Brescia. 1960. Ps. 534-535. La traducción nos pertenece.)
La clasificación de los motivos del papa Pacelli no se consideró exhaustiva, razón por la cual los diferentes autores variaban en la cantidad de ejemplos propuestos.
Tercero. El rigorismo, en este asunto tiene su historia:
«Muchos manuales trataron el asunto [de la continencia periódica, durante las primeras tres décadas del siglo XX]. De hecho entre los manualistas había una gran unanimidad en la conclusión práctica de que la práctica sistemática de la continencia periódica con la intención precisa de evitar la concepción era objetivamente lícita, con tal de que los cónyuges tuvieran razones legítimas para esta práctica....
Después de la Casti connubii al final de 1930, con su referencia permisiva al uso de los períodos estériles, el problema de la continencia periódica volvió a tratarse en serio por los teólogos... Una pequeña minoría defendía que el practicar la continencia periódica, por lo menos durante mucho tiempo, sin una razón legítima era pecado mortal. Pero no había ninguna base que permitiera al confesor imponer esta opinión al penitente, teniendo en cuenta que la opinión opuesta, de ser solamente pecado venial, era obviamente probable y sostenida por mayor número de teólogos. Consecuentemente, para la práctica del confesionario, había un acuerdo general en este punto...» (Cfr. FORD, J.; KELLY, G. PROBLEMAS DE TEOLOGIA MORAL CONTEMPORANEA. Vol. II. Santander, 1962. Ps. 339-341
Gracias a las intervenciones de Pío XII ya citadas (octubre y noviembre de 1951), el rigorismo comenzaría a declinar, aunque sin desaparecer por completo. No podemos extendernos más sobre esta cuestión histórica, pues excedería los límites de esta modesta bitácora. El lector interesado encontrará un amplio panorama en la obra ya citada de los pp. Ford y Kelly (Cfr. ps. 333-404).
Cuarto. Royo Marín, en la edición de 1965, anterior a la Humanae vitae, dio el mismo juicio moral que luego repitió en ediciones posteriores. Consideró la cuestión sobre la moralidad del motivo insuficiente de libre discusión entre los teólogos. Puede consultarse aquí.
Conclusión. Nuestra exposición no se ha apartado en nada del Magisterio pre-conciliar, ni ha hecho una presentación sesgada de la Teología moral de la época. Nos sorprende que en algunos comentarios no se haya logrado ver el problema moral de la continencia periódica en su doble aspecto:

- positivo, cuando se tienen motivos suficientes, y la continencia periódica puede ser virtuosa y meritoria;
- negativo, cuando no se dan motivos suficientes, y entonces la continencia puede ser una imperfección o un verdadero pecado.

sábado, 6 de agosto de 2011

Corapi y el verdadero culpable


The Remnant, 25 de julio de 2011.

La caída del Padre Corapi
El último episodio escandaloso de un canal de televisión extraviado

Christopher A. Ferrara, columnista de The Remnant, en Nueva Jersey.

Cuando me tomé el trabajo de escribir EWTN: Un canal de televisión extraviado (EWTN: A Network Gone Wrong), sabía que el proyecto recibiría un montón de objeciones iracundas. En medio del caos eclesial reinante, la mezcla atrayente de EWTN donde se combina el catolicismo con el mundo del espectáculo, lo sacro con lo profano, la tradición con la novedad, el gregoriano con el rock, la piedad profunda con la histeria carismática, las escenas espirituales con los programas de discusión prohibidos para menores sobre temática sexual; esta mezcla ha logrado posicionarse ella misma como la norma de oro de la ortodoxia católica. Ese EWTN es considerado ampliamente en la actualidad como un bastión de la Fe —de hecho, el bastión de la Fe en una Iglesia en crisis— lo que es otro signo más de lo que Lucía de Fátima repetidamente llamó la desorientación diabólica de nuestro tiempo. Y guay de quien se atreva a señalar lo obvio: que un Papa como San Pío X quedaría apopléjico tras ser sometido a un día típico de la programación de EWTN, que presenta una “renovación” post-conciliar que Pío X no podría haber imaginado ni en sus peores pesadillas.

En el clima eclesiástico actual, criticar a EWTN es sufrir las consecuencias que sufre quienquiera que cuestione lo que siendo opinión común ha sido convertida en vaca sagrada, incluso si uno se apresura a afirmar (como es mi caso) aquellos elementos rescatables de la programación de EWTN. El crítico se expone a golpes bajos y a la demagogia de aquellos que han invertido en el status quo eclesial. Por ejemplo, cierto “anarco-capitalista tradicionalista” —¡sólo en los Estados Unidos!— cuyas ideas he cuestionado se defendió cubriéndose con el manto de respetabilidad de EWTN al mismo tiempo que me demonizaba por “atacar a EWTN”.

La caída del Padre John Corapi, sin embargo, me obliga a volver a este Canal de Televisión Extraviado con el fin de señalar por qué se ha extraviado. Como demostré en mi libro, la esencia del problema de EWTN es la siguiente: el catolicismo no puede ser presentado, sin riesgos, en el formato de un canal de televisión por cable abierto las 24 horas —totalmente católico todo el tiempo—. Cualquier intento de presentar nuestra religión al mundo de esa forma, inevitablemente hará aparecer modos comunes de corrupción que son necesarios para estimular el interés popular generalizado, sin el cual la programación televisiva de 24 horas es imposible de sostener financieramente, especialmente si depende de las donaciones.

Mi libro notaba que con el arribo de Doug Keck como vicepresidente de EWTN responsable de la producción en 1996, el canal se posicionó a sí mismo como un jugador más del mercado de televisión por cable básico, con todas las transacciones que conlleva una campaña de aceptación masiva. Keck, anteriormente empleado de un conglomerado de televisión por cable cuya programación incluía el Canal Playboy, “estuvo involucrado en el lanzamiento de más de 25 canales de televisión internacionales, nacionales y regionales”. Fue Keck, según Raymond Arroyo, presentador estrella de EWTN, “el responsable de transformar el aspecto casero y el contenido del canal”. Mi libro documenta las formas en las cuales tuvo lugar la transformación de lo que era el estilo relativamente tradicionalista y militante de la Madre Angélica, hacia un catolicismo “pop” más atractivo para las masas.

Esto no significa negar el papel de la televisión como medio apropiado para presentar temas católicos mediante producciones discretas. El obispo Sheen es el ejemplo clásico de cómo este medio puede servir a la Iglesia. Y, de hecho, unos cuantos programas de EWTN son excelentes, como los de Dale Ahlquist y Jamie Bogle. El problema, sin embargo, es que el negocio de administrar una cadena de televisión que busca ser incluida en los paquetes básicos de la televisión por cable, como hace EWTN, se da de bruces con la pureza de la Fe como realidad supramundana que conduce al hombre hacia su destino eterno y lejos de los asuntos de este mundo.

La principal razón por lo que esto es así es porque la viabilidad de cualquier canal televisivo depende de shows populares con celebridades que atraigan “fans” y logren mantener una mínima base de “fans” devotos. Estos shows conducidos por celebridades son los que “anclan” un canal a la agenda de los televidentes. Corapi era una de estas celebridades —uno de los más exitosos, sino el más exitoso en la historia de EWTN—. Y EWTN sabía bien del pasado de Corapi como playboy rico, drogadicto y vagabundo. Sorprendentemente, EWTN convirtió a Corapi en una celebridad aunque era bien sabido que había cohabitado con una prostituta en su rancho de Montana luego de haber sido ordenado sacerdote, ostensiblemente con el fin de rehabilitarlo. En tiempos pre-conciliares, Corapi ni siquiera hubiese sido admitido al seminario, sin importar la sinceridad de su conversión y arrepentimiento. Sin embargo, frente a las cámaras de EWTN se convirtió en el Súper Cura, y miles sino millones devoraban todos los días su palabra televisada.

Un televidente criterioso, al mirar a Corapi dar su mensaje en un basso profundo creciente, podría haber advertido de que él estaba interpretando un papel teatral y que tras el personaje existía un hombre con serios problemas. Toda la verdad de Corapi finalmente salió a la luz en un informe realizado por un panel de tres investigadores designados por su Orden, donde se detallaban improperios sexuales continuados, abuso de drogas y un estilo de vida suntuoso contrario a su voto de pobreza (estilo de vida que la Orden tardó demasiado en objetar). En respuesta a ello, Corapi emitió su descargo evasivo, sin negar, pero con el propósito de “renunciar” a su sacerdocio, en vez de responder las acusaciones. “Aquella etapa de mi vida, tristemente, finalizó”, dijo, al hablar de su sacerdocio, como si se tratara de una oportunidad laboral que ya no existe.

Muy poco después, Corapi apareció en un video en su blog luciendo una chaqueta Harley Davidson de cuero, con su cabeza rapada y con su barba gris teñida de negro, para anunciar que tenía el propósito de proseguir su carrera en Internet bajo el extraño seudónimo “Ovejero Negro” (Black Sheepdog). En un mensaje de audio dirigido a sus “fans”, declaró que ahora practicaría su oficio “no sólo en la Iglesia católica sino también en todo el mundo… Con el nombre Ovejero Negro estaré junto a vosotros en transmisiones de radios y en escritos”. En palabras de un “fan” desilusionado: “Muy decepcionado con Corapi. Aparentemente pone su dinero y fama por encima de sus obligaciones sacerdotales. Cómo pudo renunciar es sorprendente. Francamente, no me interesa más lo que tenga para decir.”

Pero yo siento pena por Corapi, un hombre dotado cuya vida se vio llena de sufrimiento y que es claramente presa de demonios de los que nunca pudo escapar realmente. Uno no puede más que sentir lástima ante la imagen de esa pobre alma en su chaqueta Harley Davidson —el John Corapi real finalmente— tratando de explicarse y explicar sus planes para su nueva carrera como Ovejero Negro. Realmente patético.

Sin embargo, no siento más que desprecio por EWTN y su calculada decisión de convertir a Corapi en una estrella sabiendo bien de que se trataba de mercadería dañada. Peor, habiendo creado esta celebridad ahora a la baja, EWTN se dedicó a cubrir su caída como si se tratase de una noticia más en su noticiero “The World Over” (Por El Mundo), en el cual Arroyo juega él mismo el papel de estrella. Sentado en esta pobre imitación de un “set” de noticiero, Arroyo entrevistó a un reportero del National Catholic Register sobre el asunto Corapi como si se tratase de un periodista secular más y de una noticia más, en vez del masivo escándalo del cual EWTN es principal responsable. Los que llevan EWTN están tan metidos en ese juego de “¡somos un canal de televisión como los reales!” que ni siquiera se dieron cuenta de su papel de complicidad en hacer de este sacerdote problemático una parte integral de la vida espiritual de millones de católicos.

Pero Corapi sólo es el último en una larga lista de sacerdotes que EWTN convirtió en celebridades sólo para verlos caer en picada y prenderse fuego ante la vista desilusionada de los fieles. Recordemos algunos casos escandalosos:

En 1998, el Padre Ken Roberts, una celebridad muy popular de EWTN y un ávido promotor de las falsas apariciones de Medjugorje —perdiendo innumerables almas— fue expulsado del canal y todo el material relacionado con él que había en la web de EWTN desapareció, luego de que fuese suspendido en el sacerdocio tras verse involucrado en supuesto abuso de menores.

En 2002, el Padre John Bertolucci, otra superestrella de EWTN y promotor de la pan-cristiana Renovación Carismática Católica —una clara amenaza de la integridad de la Fe— desapareció del canal sin comentarios tras haber sido identificado por el infame obispo Hubbard como uno de veinte sacerdotes pedófilos de la diócesis de Albany.

En 2005, la celebridad de EWTN monseñor Eugene Clark cayó cuando un video tomado en un motel tiró abajo la negación de un largo amorío con su secretaria, 33 años menor que él, y se vio forzado a renunciar como rector de la catedral de San Patricio.

En 2007, el Padre Francis Mary Stone, el presentador del programa inmensamente popular “Vida sobre Roca” (Life on the Rock), para jóvenes roqueros, en un estilo con frecuencia ofensivo, dejó el canal y, luego, también el sacerdocio, tras hacer público su aventura con una viuda. La última vez que se lo vio en Internet, promocionaba la bebida nutritiva Zrii con el nombre de Dave Stone, utilizando sin vergüenza el slogan “viviendo la vida sobre roca”.

En 2009, el Padre Alberto Cutié, telegénico y sentimental predicador hispano de EWTN, quien “llegaba a millones de hogares en los Estados Unidos, Canadá, España y América Latina en EWTN en Español”, dejó EWTN y, luego, la Iglesia Católica, tras aparecer en un diario sensacionalista en español fotos suyas en una playa con una mujer casada en bikini. Se casó con la mujer y se convirtió en sacerdote episcopalista.

En 2010, el P. Thomas Euteneuer, ex director de Vida Humana Internacional y un fijo en la programación de EWTN, dejó el canal y renunció a VHI tras admitir que había “violado los límites de la castidad con una mujer adulta que estaba bajo mi cuidado espiritual” —es decir su “ministerio de exorcista”—. Euteneuer sostuvo que la “vasta mayoría” de sus decisiones y conducta fue “moralmente buena y consistente con todas las normas sobre el cuidado pastoral de las personas”. Sin embargo, los padres de la mujer que Euteneuer admitió haber violado, dijeron tener conocimiento de otras dos víctimas.

Por supuesto que estos otros escándalos no llegaron a encender tantas señales de peligro como las que Corapi produjo durante muchos años antes de su caída. Sin embargo, sí existe un patrón aquí: una línea de sacerdotes que EWTN convirtió en celebridades rompieron sus votos. La celebridad, o el deseo de ello, es un riesgo moral para cualquiera, y los sacerdotes no son excepción. Cuando la Fe se convierte en negocio del entretenimiento, los escándalos del negocio del entretenimiento llegan. Los pecados privados de los sacerdotes —y todos nosotros somos pasibles de cometerlos excepto especial gracia de Dios— se convierten en noticias públicas para escándalo de los fieles que eran devotos “fans” del canal de cable.

Buenas razones tuvo siempre la Iglesia para aconsejar que los fieles no se apeguen demasiado a sacerdotes particulares, no menos por el peligro de caer en una especie de congregacionalismo estilo protestante que dependa del carisma de un sólo hombre falible. Pero EWTN, administrado en gran medida por ex protestantes, depende precisamente de un tipo de congregacionalismo televisado de masas atraído por personalidades magnéticas. Cuando estas personalidades revelan, una y otra vez, que son demasiado humanas, presenciamos las consecuencias graves del intento de EWTN por convertir a la Fe en un show de TV. Ésa es una de las razones por las que escribí el libro. Y de ahí que lleve el subtítulo “Un canal de televisión extraviado”.

Mi sugerencia para EWTN: Abandonad vuestro intento de ser una versión católica de una canal de televisión por cable secular. Evitad el culto a la personalidad con todos peligros. Olvidad el contenido “pop”. Por el contrario, aislad los muchos buenos elementos de vuestra programación y presentadlos ellos solos en un horario más limitado, para una audiencia más limitada si fuese necesario. Que las verdades de la Fe hablen por sí mismas de forma llana y simple; que la belleza sin adornos sea vuestra única atracción. Y si la audiencia televisiva decrece, entonces mal por los televidentes que se van.

Sería mejor para vosotros reducir vuestra operación por el bien de la integridad religiosa, que seguir repitiendo el patrón pasado de escándalos protagonizados por vuestras celebridades y la vulgarización de vuestros contenidos. La Fe no es un show de televisión y nunca lo puede ser; pero la televisión puede ser un poderoso medio para dar a conocer la Fe. Aprended esta distinción y respetadla, y EWTN —no importa qué tan grande o qué tan pequeño quede— servirá más fielmente la causa del Evangelio. FIN.



viernes, 5 de agosto de 2011

Espiritualidad laical: el deber de estado



Continuamos con la publicación de los textos de Sertillanges.
uisiera ser poeta para cantar, como conviene, al deber de estado. Si el trabajo es la vida cuya grandeza él determina mediante el lazo de unión que establece entre nosotros y las formas eternas, esa variedad de trabajos de que está constituido el deber de estado, viene a enaltecer todavía la dignidad de su especie, por el hecho de ser un trabajo proporcionado al hombre lo más exactamente posible, no sólo en la cantidad con una simple participación en el esfuerzo común, ni tampoco por una aportación determinada a las tareas humanas bajo el nombre de profesión, sino gracias a una perfecta coincidencia entre la actividad de una persona y el papel que le corresponde en las intenciones de la Providencia.
Podríamos decir que el deber de estado es una sublimación de la persona misma, y que su aceptación ejemplar es un acto tan sencillo y tan normal, y al mismo tiempo tan grande, como el de la existencia de un ser moral.
No hay motivo para considerar la humanidad como una pintura gris donde resalten algunos puntos brillantes: los grandes seres. Puede vérsela desde este punto de vista; pero mucho más verdadero y profundo es verla como una agrupación de coincidencia donde cada una encuentra su significación, su responsabilidad, su originalidad y su importancia. Es falso que la humanidad viva a costa de unos pocos, según pretende el proverbio latino; esto no es más que una apariencia; la humanidad vive por todos, y cada uno puede enorgullecerse de ser en ella un elemento precioso.
El genio viene en segunda línea; las grandes figuras no son más que servidores. Por muy decisivas que aparezcan —y en cierto modo lo sean— estas cualidades extraordinarias de la existencia sólo alcanzan valor gracias al apoyo que les prestan las clases humildes y a la fuente de renovación que las mismas les preparan. Visto así, estas excepciones aparecen también susceptibles de una explicación mucho más elevada si se las considera desde el punto de vista de la existencia común.
En la duración, las tareas excepcionales representan el momento de la elección: el deber colectivo representa al tiempo, siendo el tiempo precisamente la condición de la vida común. Los escasos momentos «inolvidables» se olvidan pronto; el tiempo es una majestad permanente y armoniosa.
De aquí resulta que, desde el punto de vista de nuestras ambiciones legítimas, llegar a ser «alguien» no es lo esencial, sino llegar a ser «uno mismo», llenar su destino, conservar su puesto, ir siempre a lo mejor, desempeñar una función elevada en el escalafón, procurarse un elemento excelente de armonía y progreso, un depósito —por pequeño que sea— que desborde fidelidad y alegría.
El deber de estado no es otra cosa; es el «yo» fiel a sí mismo, y engarzado libremente en un orden superior. Libremente penetra todo el ser y —navegante de este océano— tiene pleno derecho a respirar sus aromas. No se enorgullece por ello; en cambio, recibe un estímulo. Para todos es pesada la vida, y a veces con una pesadez confusa que no da siquiera la sensación de tal pesadez, que niega este testimonio al que la lleva, y que parece menospreciar su valentía. «Sólo dos o tres veces en la vida se tiene ocasión de ser valientes —escribe René Bazin— pero en cambio casi todos los días la de ser cobardes»; ocasión ésta nada gloriosa y que nada aprovecha. La recompensa se obtiene remontándose al origen primero de los deberes, grandes y pequeños, magníficos e insignificantes, y también al origen de la repartición de las tareas entre los cooperadores. Ahí está el bien que pertenece a todos y que todos —gracias a la fraternidad— pueden gustar en sí mismos o en otros.
¿Qué importa, hermano mío, lo que tú y yo hacemos? Hacemos la misma y única cosa, porque en Dios y en su verdad el destino es uno. El soberano ingeniero ha instalado el telar; tú trazas los dibujos; otros retuercen los hilos; yo empujo la lanzadera: la obra que sale es propia de todos y cada uno de nosotros. Para salir bien con orgullo y recibir cada uno la parte que del producto le corresponda, la habilidad y el talento son menos importantes de lo que se cree. Ciertamente intervienen, no hay que negarlo; pero lo que más parte tiene es la fidelidad, la afición a lo que se hace, y una voluntad firme de hacerlo prosperar. Por este medio se puede superar a la vez, en la totalidad de una vida, la propia inferioridad y la suerte.
Había deseado hacer poesía, ¿se nos permitirá al menos, soñar para la humanidad en un porvenir que estas consideraciones nos hacen ver como posible? De hecho el trabajo parece dividir a los hombres debido a un difícil reparto de tareas y a una repartición litigiosa de los productos. ¿No podría también unirlos mediante las ideas que realiza y los sentimientos que suscita? La técnica se generaliza cada vez más; a despecho de los retrógrados autárquicos se va organizando la división internacional del trabajo; y sería normal que, propagándose también el sentido humano del trabajo, se transformase la humanidad poco a poco en un campo laboral, con su unidad y sus funciones, viniendo luego el alma correspondiente a dicho cuerpo, con lo que se daría el último toque a la unidad humana.
Nuestra alma individual empieza a ser después de su cuerpo y en su cuerpo; lo mismo podría esperarse del alma de la humanidad que todavía se encuentra en el limbo. Dicha alma sería —como la otra— una floración, una fuerza de «hominización» y en lugar de la antigua anarquía, después de la prolongada dispersión de las conciencias en una materia humana inorgánica, veríamos nacer una humanidad auténtica, que sería, sin duda alguna, la de los designios divinos y que debe aparecer, en consecuencia, si el hombre no está enteramente corrompido.
Pero sea lo que fuere, el deber de estado tiende siempre a unir e igualar en seguida las condiciones humanas, en el hecho y en el viento de ocupar cada uno el lugar debido, de hacer aquello a que está obligado, y concurrir así —casi por igual— a la tarea común. Si se piensa que las tareas por sí mismas, se relacionan solamente con el tiempo, y que el deber tiene algo eterno, ¿no vendría a ser esta casi igualdad que me refiero una mera igualdad? Sin duda, no ser que se invierta el orden colocando en más alto grado a aquel que realiza con el corazón más elevado, la tarea más ínfima.

martes, 2 de agosto de 2011

Procreacionismo irresponsable


El tema de esta entrada tiene importancia para los matrimonios. Es una síntesis de la doctrina moral católica, con énfasis en algunos aspectos, no siempre bien tratados. Como marco doctrinal, puede ayudar a los esposos cristianos. Sobre todo si han entrado en relación con algunos movimientos que, por reacción contra la mentalidad dominante (contraceptiva, esterilizante y abortiva, propia de sociedades utilitaristas), pueden afectar la vida familiar de los esposos cristianos, mediante una modalidad de voluntarismo que hemos dado en llamar procreacionismo irresponsable.
1. La continencia periódica. Es un método o reglamento de la vida íntima conyugal que consiste en lo siguiente: los esposos no se unen sexualmente en los días en que la concepción es previsible, en tanto que lo hacen en aquellos períodos en que a causa del estado fisiológico natural de la mujer es previsible la infecundidad. El objeto de la continencia periódica en cuanto es abstinencia parcial es el de evitar el nacimiento de la prole; su objeto en cuanto es uso parcial de las relaciones íntimas (en cuanto es periódica y no total) es el de procurarse los bienes y ventajas anejas a este uso, evitando los daños y consecuencias duras de la abstinencia total. Los métodos más conocidos son los del ritmo, de Billings y de la temperatura basal.
Hay que distinguir entre la actitud de los esposos que evitan la concepción, si usan para ello medios intrínsecamente inmorales, pero que consideran eficaces (anticoncepcionismo), de la postura de los que recurren a los días agenésicos con el deseo de que no se siga la concepción de un nuevo hijo (continencia periódica). En el primer caso, se da una decisión clara de los esposos para la cual recurren a medios inmorales que lo evitan. En el segundo, por el contrario, se respetan las leyes de la naturaleza, que en tal situación no es fértil, aunque esto se haga con conocimiento y deliberación de los esposos. En esta circunstancia no se violentan las leyes naturales. El anticoncepcionismo manipula la naturaleza, la continencia periódica la usa; el anticoncepcionismo viola las leyes naturales, la continencia periódica respeta las leyes de la condición de la mujer; el anticoncepcionismo se guía por el instinto, la continencia periódica está de acuerdo con la ciencia. Existe, pues, una diferencia antropológica y moral entre esas dos opciones para vivir la sexualidad conyugal y la determinación de que no se siga la procreación.
2. Moralidad. El que practica la continencia periódica usa de un medio determinado para lograr un fin determinado. Para resolver el problema moral de la continencia periódica hay que considerar la moralidad del medio y la del fin, a saber, evitar la prole o tener una familia reducida. El medio es la abstinencia parcial, que no tiene en sí nada de malo, porque los esposos no están obligados a usar del derecho matrimonial y pueden abstenerse. En la continencia parcial no hay pecado por no ser otra cosa que el uso del derecho conyugal en los días infértiles. El uso de este derecho, aun cuando el acto no tenga efecto genésico, no se ha de considerar como pecado. Basta pensar en el acto realizado por cónyuges ancianos o durante el embarazo. Pero el fin de la conducta continente debe ser bueno y honesto, de modo que sea un motivo suficiente para la abstención.
3. Motivo suficiente. Pío XII juzgó que era lícito el recurso a la continencia si existían «motivos morales suficientes y seguros». El Magisterio ha sufrido variaciones en el modo de expresar estos motivos, por lo que se debe tener cuidado para no caer en formulaciones rigoristas (en la práctica, rara vez habría motivos suficientes) o laxas (cualquier motivo es suficiente).
No es posible dar una regla fija para determinar la suficiencia de los motivos. Los esposos deberán hacer un juicio prudencial, una deliberación ponderada, en relación con tres opciones concretas: tener una familia numerosa, retrasar un nuevo nacimiento durante algún tiempo o evitar un nuevo embarazo por tiempo indefinido. Estas tres opciones requieren que se tomen en cuenta las siguientes circunstancias:
- Las condiciones físicas. Tal puede ser, por ejemplo, el estado de salud de la esposa, la falta o estrechez de la vivienda, etc.
- La situación económica. Se trata de un juicio objetivo y real. No lo es subordinar el tener un hijo a disfrutar de un género de vida en el que se considere como necesario lo que en realidad es superfluo. Pero tampoco es obligatorio imponer a la familia unas condiciones de pobreza franciscana.
- El estado psicológico. Es claro que algunas situaciones psíquicas hacen difícil asumir la responsabilidad de un embarazo o de un nuevo nacimiento.
- Las condiciones sociales. Será preciso atender a la situación social: piénsese, por ejemplo, en tiempo de guerra, ausencias prolongadas del marido, viajes y estancias en el extranjero, convivencia del mismo hogar con los suegros, etc.
- El bien de los hijos habidos o por nacer. Al hijo único se le niega el tener hermanos, pero pueden darse casos en los que el nacimiento sucesivo de hijos subnormales pueda ser criterio para dilatar sine die un nuevo embarazo.
- El bien de la propia familia, de la sociedad y de la Iglesia. No es fácil hacer una casuística de esas diversas situaciones que pueden afectar a entidades tan variadas como universales.
Lo explica Royo Marín:
«…El uso del matrimonio exclusivamente en los días agenésicos, evitándolo deliberadamente en los días fecundos, es lícito si hay causa suficiente para ello…
La Iglesia no ha precisado todavía de una manera terminante y categórica la clase de pecado que cometen los que usan del matrimonio únicamente en los días agenésicos sin motivo o razón suficiente. El papa Pío XII declaró que ese proceder habitual obedece a “motivos extraños a las rectas normas éticas”; pero esa frase genérica no zanja definitivamente la cuestión, ya que puede aplicarse lo mismo al simple pecado venial.» (Teología Moral para seglares. Tomo II, n. 631, p. 701)
4. Importancia del juicio prudencial. Debe entenderse que la castidad conyugal es una virtud moral, que se sitúa en un justo medio circunstanciado, distante de dos extremos viciosos.
La sociedad actual, con su hedonismo, puede incidir en los padres cristianos, y mediante la prudencia de la carne, conducirlos al conformismo, a la búsqueda de la comodidad y el placer desordenado. Pero este es uno de los posibles extremos viciosos. También cabe pensar en el extremo opuesto, en un procreacionismo irresponsable. Porque la moral católica no ha enseñado nunca que los esposos tengan el deber de criar el mayor número posible de hijos, sin ninguna otra consideración. La procreación es una actividad humana, no mera reproducción animal, que se ha de regular con la prudencia cristiana.
La Iglesia elogia a la familia numerosa. Pero en los casos concretos, la decisión de formarla, supone siempre la previa deliberación conyugal. La procreación, como toda obra cristiana, es un don de Dios, que se recibe. El generoso con los padres es Dios, que les concede el regalo de los hijos y lo necesario para educarlos cristianamente. No es que los esposos deban «ser generosos» con Dios proponiéndose el bien de una familia numerosa —con criterio cuantitativo: cuantos más hijos, mayor virtud—, porque como es algo tan bueno, Dios los ayudará con toda seguridad. No es verdad que lo que más cuesta sea lo más meritorio y santificante para los padres. Es la intensidad de la caridad lo que da el mérito al obrar.
El juicio prudencial deben hacerlo los esposos de mutuo acuerdo. Deben confiar en la Providencia, pero no ser providencialistas irresponsables. Pueden consultar sobre su decisión, para saber si hay motivos objetivos o si se han dejado influenciar por motivos ocultos de prudencia carnal. Pero el consejo externo nunca puede sustituir el juicio práctico de los cónyuges, ni este puede ser reemplazado por los criterios casuísticos de un movimiento eclesial o por el mandato de algún iluminado. También para los cónyuges «la conciencia es el primero de todos los vicarios de Cristo» (J. E. Newman).
Bibliografía:
- Fernández, A. Teología moral. Tomo II. Moral de la persona y de la familia. Burgos: 1995.
- Roberti, F. Diccionario de Teología Moral. Barcelona: 1960.
- Royo Marín, A. Teología Moral para seglares. Madrid: 1983.

lunes, 1 de agosto de 2011

Retratos del estío (III)


Volvía a casa Micaencio. El calor y los acontecimientos parecía que le impedían razonar con claridad. Necesitaba un descanso. Incluso la pipa que fumaba se le hacía demasiado larga. Hasta le había puesto filtro en esta ocasión, en contra de su costumbre habitual. Tenía que escribir una nueva entrada en su blog. Había muchas posibilidades sobre lo que escribir, pero tenía que mantener la línea marcada por el dueño del portal en el que escribía y al mismo tiempo pretendía mantener una postura coherente con su propia opinión. Ahora era el “representante” del “tradicionalismo católico en su blog”. Decidió tomar el aire a la luz de la luna. Y se recostó junto a un árbol que acariciaba la argéntea cara de un lago. Se vio reflejado y tuvo un elocuente diálogo interior:
-¿Qué tienes tesssssoro, estás inquieto mi amorrrr?
-Realmente no sé si lo estoy; al mismo tiempo que en mi portal se mantiene una línea correcta a veces me da la sensación de que he de estar matizando constantemente mi opinión para que no me incluyan en ese ámbito de los filolefebvristas….
-Essss que eressss un filolefebvrisssta en el fondo, tesoro; ¿acaso no te chocó que en la JMJ de Madrid –al contrario que en otras JMJ´s- las únicas celebraciones tradicionales que se han permitido han sido unas misas rezadas a las ocho de la mañana? Reconócelo mi amorrrr sssss, o estás con Rouco o estás contra él.
- Si, realmente me chocó. Iba a escribir algo sobre el tema, pero podría aparecer como un hipercrítico amargado; en el fondo monseñor Rouco es tradicional…. Usa sotana y ha permitido algunas celebraciones…
-SSSSSsssi tesoro, pero ha denegado otrassss; para complacer a algún grupo de nostálgicos elitistas y dessssfasssados, que en el fondo no aceptan el Concilio…. ¿tú lo aceptas?
-Claro; a veces se me hace duro tener que estar constantemente dando pruebas de que no soy un filolefebvrista…
-¡Esssss que lo eressssss corazón! Eressss el último que queda; tienes que revissssar tus propiassss razonessss por la que asssisssstessss a la forma exxxtraordinaria, tesssoro.
-No, no. En mi portal se ataca a los “progres”, estamos en buena línea…
-Ssssssi, y también se censura a los tradissssss que suelen entrar y que no dan motivossss para la censssssura….
-Quizás; tampoco es que esté de acuerdo en todos esos casos. Algunos compañeros se han ido por estar disconformes con ciertas posturas de la dirección…
-Lo vesssss… te esssstassss yendo al lado oscuro; deja todo essssso, para ser un fiel católico tienessssss que ir a vender globossss a la jmj, hacer el baile neocatecumenal y danzar el waka-waka con algunossss frailessss pintorescossss…. La forma extraordinaria essss un mal menor, que no obliga a nadie, tesoro… Con lo mucho que tú valessssss, para que vassss a malgassstar tu reputación de ese modo….Además, la JMJ es un vivero de vocaciones para instituciones personales y de familias de misión para movimientos eclesiales, ¿No tendrássssss algún reparo tessssssoro?
-No sé; a veces lo pienso, todo eso de la Plegaria II, algunos actos ecuménicos, esa taciturnidad ante los abusos litúrgicos… pero el silencio y la contundencia ante la forma extraordinaria...; llego a pensar que las cosas podrían funcionar de otro modo y mucho mejor; lo que me molesta de los que critican algunas opiniones de nuestro portal, son los modos, podrían hacerlo de un modo menos agrio, sin tratar de ridiculizar o de estar siempre sacando punta a todo...
-¡Filolefebvrissssssta!¡Filolefebvrisssssta!
-¡Déjame!¡ déjame…!
Las nubes que aparecieron, llevaron a Micaencio a otros pensamientos. La entrada aún tendría que esperar…