jueves, 18 de agosto de 2011

Tebas, ¡te vas!


Javier Tebas , en la vecina Infocatólica, desliza unos comentarios críticos en su crónica sobre las JMJ:
Me cuesta, me cuesta, me cuesta, pero tengo que entender esto de los carismas. La gente puede vivir su fe bailando sardanas, el twist o un reaggeton, está perfecto. Pero insisto, me revienta esa imagen que estamos dando al televidente medio, y sobre todo, a los demás jóvenes de mi generación que miran esto desde fuera. Venimos labrando un estereotipo de joven católico coreógrafo, cantor y ridículo. Y no ridículo por casto y meapilas, ridículo al estilo fan de Lady Gaga a la puerta de un concierto.
Mis amigos, por ejemplo, que os aseguro que son gente sana y normal, ven al personal haciendo el gil por la tele, y deben pensar que soy un poco palurdo al venir aquí. Y no son del 15M ni anticlericales, son gente normal, con sus dudas de fe, con sus más y sus menos, y su menos práctica. No me lo dicen porque me quieren, pero no se les antoja bailar la macarena ni versionar los hits del verano con el nombre de un teólogo de 84 años. Normal.
¿Pero porqué gana de calle el carisma bailongo entre los millones de jóvenes católicos?. Los movimientos recientes de la Iglesia son los principales focos de movilización de juventud. Ya saben, Opus, Legionarios, Kikos y alguno más. Si algo tienen en común estos movimientos, es que se procura que sus jóvenes crezcan en círculos de amigos cerrados a su carisma y sus actividades, donde por cierto bailan mucho. Y hay que reconocer que tienen un gran éxito, y proliferan estupendas vocaciones y familias cristianas. Pero guste o no, hay un cierto alejamiento de la sociedad que acaba haciéndoles parecer extraños. Raritos. No normales.
Ni lerdo ni perezoso, Luis Fernando ya le ha sacado tarjeta amarilla:
Nos tememos que si Tebas no hace pronto un auto de fe en la JMJ terminará en la calle.

¿Plagiarios?



En lo de Isaac un comentarista sulfurado arremete contra nuestra humilde bitácora por plagiar a Infocatólica. Cualquier lector puede darse cuenta de que no tenemos intención de copiar lo ajeno para presentarlo como propio. Nuestra parodia satiriza una obra sin efecto económico alguno. La alteración del nombre marca una clara diferencia con lo satirizado. No hay mucho más que decir para responder a una memez como es la de acusarnos de plagio.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Prudencia y técnica


La bitácora del Brigante ofrece la traducción de unos textos del p. Deman sobre la prudencia que nos parecen muy recomendables. Destacamos hoy el siguiente:

«En realidad, los hombres no pueden evitar preguntarse sobre lo que deben hacer en la práctica. Todos verifican en su experiencia que las intenciones virtuosas no bastan. Pero no siempre recurren a la prudencia para determinar la acción que van a realizar. La casuística, tal como se la ha denominado, ha intentado usurpar esta función. Figurándose teóricamente los casos, es decir, las situaciones de todo tipo que pueden presentarse a la conciencia, provistos de las variadas circunstancias de las que pueden venir acompañados, la casuística elaboró fórmulas de solución, en la ilusión de que bastaría con ir a buscarlas a los libros para saber cómo actuar. Históricamente ésa fue la mentalidad de la que nacieron, a partir del siglo XVI, los enormes volúmenes de casus conscientiæ. Método perezoso y artificial, que no puede alcanzar a la realidad –a pesar de pretenderlo– y que trata como autómatas a quienes lo adoptan.
Sólo al hombre le corresponde elaborar su acto moral. Que él se informe y que consulte es cosa que se entiende bien: en la docilidad hemos reconocido uno de los elementos de la prudencia. Que busque determinar de antemano, en forma de doctrina, las reglas que se imponen en tal o cual terreno de la acción, también es cosa que se entiende (y la palabra “deontología” se inventó para expresar esa búsqueda). Pero siempre quedará para cada cual el deber de formarse un juicio sobre la acción que pretenda realizar (puesta la mirada sobre la realidad y no sólo sobre las opiniones) y en esa acción su autor comprometerá su propia responsabilidad. La multitud de los doctores jamás podrá ocupar el lugar de la prudencia para el individuo. Sólo educando en sí mismo su inteligencia práctica se pondrá en condiciones de realizar su papel de agente moral. El camino para estar a la altura de la noble tarea de realizar el bien, que ha recibido de la naturaleza y de Dios, pasa por el interior de cada hombre. Él no ha nacido para averiguar las opiniones de los casuistas, sino para formar su propio juicio, de modo que el acto moral surja de él como un fruto maduro y lleno de savia. El hombre aspira al bien y en su deseo de practicarlo realmente se provee de todas las cualidades del espíritu merced a las cuales se hace capaz de elaborar su acción vitalmente y en verdad. La vocación moral del hombre le compromete por entero. Que no espere corresponder a esa vocación si, de entre las facultades de su alma, deja sin usar su inteligencia.»

En la actualidad, la prudencia es una virtud olvidada. A tal punto se ha llegado, que se pretende reemplazarla por la mentalidad técnica. Pero la técnica es una racionalización mediante la cual el hombre somete la naturaleza exterior a la dirección de la razón. Esta racionalización, que se realiza sobre las cosas exteriores, nunca puede ser idéntica a la que la prudencia debe imprimir en las acciones humanas. La mentalidad técnica rechaza toda theoria en su significado correcto de contemplación profunda de la realidad; ni siquiera pretende alcanzar otra nueva y más perfecta, a través de lo que la propia práctica va mostrando. No trata sino de realizar e im­poner un modelo poiéticamente ideado. El riesgo mayor consiste en que nuestra razón llegue a despotenciarse, reduciéndose a mera funcionalidad en busca de lo útil; pues, como había advertido Sciacca:
«Cuando lo ra­cional, entendido como medida y peso de cantidad calculable, es aplicado incluso a la vida estética, moral y religiosa, obtura y expulsa la fantasía, los sentimientos, la fe, adormece todo ím­petu y empeño, seca el amor y hace a los hombres mezquina­mente egoístas, perdidamente empeñados en medir y pesar su propia utilidad para una siempre mediocre felicidad...».

Reemplazar la prudencia por la técnica tiene consecuencias deshumanizadoras y patógenas.

martes, 16 de agosto de 2011

Glosas a un Cardenal "con la sangre en el ojo"


Antonio cardenal Cañizares Llovera, nacido en Utiel el 15 de octubre de 1945, es el actual Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Ex obispo de Ávila y arzobispo de Granada y de Toledo, luego creado cardenal, fue catapultado a la burocracia de la Santa Sede en 2008. Algunos dicen que gracias a su archienemigo de Madrid, ya se sabe, "en la Iglesia los clavos se sacan hacia arriba". Curiosamente, cuando se iniciaron las conversaciones doctrinales formales con la Hermandad Sacerdotal de San Pío X, no integró la delegación vaticana. Y Su Eminencia sangra por la herida.


Cardenal Cañizares: Concilio Vaticano II no interrumpió Tradición de la Iglesia
REDACCIÓN CENTRAL, 12 Ago. 11 / 06:13 pm (ACI). En entrevista concedida a ACI Prensa, el Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el Vaticano, Cardenal Antonio Cañizares, señaló que el Concilio Vaticano II "no ha interrumpido por nada" la Tradición de la Iglesia.
“No ha interrumpido…” la Tradición. ¿Es la Tradición una película? ¿Será el Vaticano II la introducción, el nudo o el desenlace?
Así lo indicó el Purpurado al ser preguntado sobre el principal obstáculo que existe en el proceso de diálogo entre el Vaticano y la Fraternidad San Pío X, luego que el Papa decidiera en 2009 el levantamiento de la excomunión de los cuatro obispos ordenados por el arzobispo francés Marcel Lefebvre en 1991, quien falleció excomulgado.
Nuestros “amigos” de ACI Prensa no iban a dejar pasar la oportunidad de reiterar que Mons. Lefebvre “falleció excomulgado”. Esto es caridad. Suponemos que al referirse a Santa Juana de Arco hacen lo mismo, ¿o no?
El Cardenal Cañizares dijo a ACI Prensa que el principal obstáculo para el diálogo con los lefebvristas está en que estos no acepten "que la tradición no se ha interrumpido por nada, la tradición sigue viva, la tradición sigue abierta, y el Concilio Vaticano II es tradición”.
¿Y los que no somos “lefebvristas” pero no creemos que el Vaticano II ha sido tan inocuo? ¿Empezando por el entonces Cardenal Ratzinger? ¿Y el Instituto del Buen Pastor con su libertad una “crítica seria y constructiva” del Vaticano II? ¿O las conferencias romanas sobre ruptura y continuidad del Concilio organizadas por los Franciscanos de la Inmaculada? ¿O los libros de Mons. Brunero Gherardini?
El Purpurado precisó cuando alguien ignora el Concilio "no podemos seguir todo lo que es la unidad de la Iglesia rompiendo esa Tradición".
En otras palabras: “Trágalo”. El Vaticano II o afuera. ¿Pero no es que el Concilio fue —en palabras papales— un “mero concilio pastoral, razón por la cual no pretendió definir dogmas, ni condenar errores”?
¿Vamos a dejar a alguien fuera de la Iglesia porque no está de acuerdo con una estrategia “pastoral” esquematizada en un mundo —el de la optimista postguerra de principios de los ’60— que ya no existe?
Además, aparentemente Su Eminencia ignora que ha habido concilios ecuménicos que han resultado inocuos en la vida de la Iglesia o, como dijo en alguna ocasión el Cardenal Ratzinger, han sido “poco menos que una pérdida de tiempo”. De hecho, la mayoría. Como dijo el P. John Hunwicke: “el Vaticano II es historia; quiero decir que su relevancia no es para nuestro tiempo, cincuenta años después, no es más relevante que hubiese sido cincuenta años antes. El mismo Vaticano II dijo hablar para el mundo de su propio tiempo: es justo; ese tiempo no es nuestro tiempo, no es nuestro tiempo”.
El Cardenal explicó luego que si bien no conoce los detalles del diálogo con los lefebvristas, aseguró que "sí que sé una cosa, y es que el Papa, la Iglesia tiene una grandísima voluntad, un grandísimo deseo de que se produzca la unidad y el retorno de aquellos quienes han salido fuera de la Iglesia, el retorno a la comunión plena con Ella".
Si el Cardenal no conoce “los detalles del diálogo con los lefebvristas”, lo mejor que podría hacer es no entorpecerlo con declaraciones altisonantes o, incluso, insultantes: “aquellos quienes han salido fuera de la Iglesia”, cuando el Cardenal Castrillón —éste sí pertinente en sus declaraciones, siendo como es presidente emérito de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei—, no menos de una docena de veces por escrito, ha afirmado que la FSSPX no es cismática, no está fuera de la Iglesia, sino en una situación canónica irregular “dentro” de Ella. El mismo Papa Benedicto XVI habló de un asunto interno de la Iglesia.
Nos evitamos el transcribir los tres cuartos restantes de la nota que corresponden a la opinión inexperta y tendenciosa de ACI Prensa sobre la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, Mons. Richard Williamson y el Concilio Vaticano II que, engañosamente, pone bajo el paraguas de este título atribuyéndola tácitamente al Card. Cañizares.
[http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=34366]

Munificentísimo Señor

Los últimos días hemos sido testigos de variopintas informaciones acerca de los problemas tenidos por un grupo de “juventutem” para poder celebrar una Misa tradicional en el interior del santuario de Loyola. Las controversias que se leen acerca del asunto, rozan lo delirante. Parecen centrarse en el culpable; que si el obispo les obligaba a concelebrar, que si les decía que no podían celebrarse dos misas simultáneamente (o que no podían celebrarse simultáneamente dos misas en ritos distintos), que si después de la Misa del obispo había una exposición del santísimo en el santuario, que si el demandadero tuvo una confusión y no se dio cuenta de que esa peregrinación coincidía con la Misa del obispo… Se ha hablado de todo menos de lo que hay que hablar.
Puestos a buscar culpables, el máximo culpable es el asesor religioso de ese grupo de “juventutem”, por no saber donde se metía. Lo llamativo no es que no se haya podido celebrar allí una Misa tradicional. Lo llamativo sería que en Loyola se hubiese celebrado. Pero el obispo es bueno, ¿no? Nadie lo duda, majo como un escarabajo. Pero es un obispo discutido por el clero de su diócesis, con probables intenciones de no armar demasiados líos con su clero durante su pontificado, para así discretamente lograr una promoción y dejar atrás la turbia y compleja diócesis de San Sebastián. Obviamente a monseñor Munilla lo que le faltaba era imponerse ante el rector del santuario de Loyola para cumplir las leyes de la Iglesia. Los consejos de presbiterio de San Sebastián podrían metamorfosearse en una comedia de situación. Habrá alguno que piense que “si lo dice el Papa, no habrá problema ¿no?”. La respuesta es: depende. El que piense de otra manera es que no sabe en qué Iglesia vive.
Si se pide permiso para celebrar una Misa, sea la tradicional, la de Pablo VI o el rito siro-malankar, lo que se está preguntando exactamente es lo siguiente: si ese centro de culto, iglesia, capilla o santuario está funcionalmente disponible ese día. Si no lo está, lógicamente habrá que buscar otro sitio. Si se concede el permiso, eso quiere decir que no hay ningún obstáculo físico o moral para esa celebración. Sin embargo, si el que da permiso observa que ese día hay una misa con el obispo. Tiene varias opciones: a) Decirle al obispo que no venga; b) Comunicarle al obispo esa eventualidad, con el fin de que él disponga lo que se ha de hacer; b.1) El obispo no pone problema alguno con que haya otra celebración; b.2) Al obispo no le parece bien que haya dos celebraciones simultáneas, y le indica al rector del santuario que avise a ese grupo para que se desarrollen su celebración en un momento anterior; b.3) Al obispo no le parece bien y conmina al rector del santuario para que no avisen a nadie, y así aprenden de paso; c) Los jesuitas del santuario aprovechan la excusa de la misa del obispo para prohibir cualquier tipo de Misa tradicional en su iglesia, sabiendo que mons. Munilla no les va a desairar; d) Permitirles la celebración y quemar la iglesia con todos dentro.
Un misterioso enigma, que sólo mentes privilegiadas podrán desentrañar. Sorprende que en Infocatólica no haya habido ninguna mención de este acontecimiento; una buena ocasión para manifestar su adhesión a monseñor Munilla ante un minoritario grupúsculo filo-lefebvriano, agresivo y displicente, que tras recibir el permiso para celebrar Misa en una iglesia, se encuentra la puerta cerrada y tiene que contentarse con hacerlo al solano. Chicos deslenguados sin duda. Iba a referirme al tradicionalista oficial de Infocatólica, pero mi punto de lucha en el plan de vida espiritual semanal es no hablar de él.
La respuesta más manida es “no se sabe lo que pasó”, “esperemos una noticia oficial”. Se sabe lo que pasó, ¿cómo que no? Llegaron, puerta cerrada, no hay posibilidad de celebrar en el santuario y ¡hala! a la alegre campiña guipuzcoana. “Esperemos una noticia oficial”, ¿para desmentir qué hechos? Curioso el voluntarismo neocon. Sin saber ni si quiera si va a existir alguna aclaración oficial por parte del obispado o del santuario –que no existirá- ya se rinde obsequiosamente el entendimiento y la voluntad a la misma. Ya digo, curioso.
Seamos positivos. Se dice que monseñor Munilla es buen obispo. Seguramente este acontecimiento, con las subsiguientes críticas en las webs “tradis” le dará muchos puntos en la Conferencia Episcopal. Parece que ya se oye a alguno: “¡Oye, Munilla es de los nuestros!”. En el caso de que reciba el merecido ascenso ya nos puede ir invitando a un asado.
Vueltas por un lado, y vueltas por el otro. Las cien mil glosas que se hacen en internet al Motu Proprio Summorum Pontificum, o a la instrucción Universae Ecclesiae, los cientos de comentarios en conversaciones bloguísticas al respecto, o los sesudos expertos comentadores de tales normativas, se dan de bruces con la realidad eclesial española. Y da igual que el obispo en cuestión sea bueno, malo o regular. La partitura de la sinfonía es siempre la misma aunque cambien los intérpretes.

lunes, 15 de agosto de 2011

ATANASIO SCHNEIDER: ¡OTRO FILOLEFEBVRIANO!


El filolefebvriano de hoy es Athanasius Schneider, obispo auxiliar en Kazajistán. Experto en Patrística e Iglesia primitiva, explicó las diferencias entre la forma de comulgar en la Iglesia primitiva y la actual práctica de la comunión en la mano. Según afirmó, esta costumbre es completamente nueva y no hunde sus raíces en los tiempos de los primeros cristianos, como se ha sostenido con frecuencia. En la Iglesia primitiva había que purificar las manos antes y después del rito, y la mano estaba cubierta con un corporal, de donde se tomaba la forma directamente con la lengua: era más una comunión en la boca que en la mano, afirmó Schneider. De hecho, tras sumir la Sagrada Hostia el fiel debía recoger de la mano con la lengua cualquier mínima partícula consagrada. Un diácono supervisaba esta operación. Jamás se tocaba con los dedos. La comunión en la mano no tiene nada que ver con la Iglesia primitiva, es de origen calvinista.
En la foto siguiente se puede apreciar la dispersión de fragmentos que se sigue de la práctica de la comunión en la mano:

domingo, 14 de agosto de 2011

Correo de un lector: ASIS REDUX


EL CATECISMO DE LA CRISIS (I): ASIS REDUX.
«Oh santa ciudad de Asís, tu nombre es conocido en el mundo entero, por el solo hecho de que en ti nació el "Poverello", tu Santo, lleno de ardor seráfico. ¡Ojalá puedas comprender este privilegio y ofrecer a las gentes el espectáculo de una fidelidad a la tradición cristiana que sea para ti un verdadero honor sin ocaso.» Se pregunta uno: ¿por qué Dios ha dado a Asís este encanto de la naturaleza, esta fascinación de santidad, que está como suspendida en el aire y que el peregrino advierte casi insensiblemente?
»La respuesta es fácil. Para que los hombres, a través de un lenguaje común y universal aprendan a reconocer al Creador y a reconocerse como hermanos los unos a los otros». (Beato Juan XXIII)
La Basílica de San Francisco en Asís y la Santa Iglesia Católica comparten un paralelismo curioso, si no milagroso. En los turbulentos 60’s, modernos expertos decidieron que la Iglesia necesitaba ser urgentemente reconstruída. El enorme edificio no se había tocado por siglos y siglos y se había convertido en el anticuado y obsoleto monumento a una era pasada. Pero había toda una generación de mentes brillantes, mentes luminosas, trabajando con nuevas ideas en una nueva era, con materiales modernos y tecnología de punta, para reconstruir los soportes y crear una nueva iglesia, contemporánea, fuerte, menos dependiente de las viejas formas y las visiones anticuadas, una mayor garantía para la seguridad y el bienestar de la grey.
Todo el trabajo de planeación fué hecho por ingenieros expertos. Estos hombres, ebullentes de ideas, veían todo con nuevos ojos. Y lo que vieron, los llenó de aprensión: la bóveda era sostenida con grandes vigas de madera, en forma cruzada, de lado a lado. Enormes cruces. Esas vigas habían estado allí desde que se construyó la basílica, habían cumplido su cometido magníficamente, contra el clima, los temblores, las tormentas, las termitas, todo.
Esas vigas mantenían el techo en su lugar, protegiendo el Altar Mayor para que el Gran Sacrificio pudiera seguirse celebrando per sécula seculorum. Pero los modernos ingenieros y técnicos sólo vieron peligro, en forma de material inflamable en caso de incendio. La Basílica tenía que ser reconstruída para salvarla. Las vigas se quitaron, sustituyéndolas por concreto armado, seguro, sólido.
El trabajo de reconstrucción terminó satisfactoriamente, en línea con las técnicas ingenieriles más avanzadas y creativas, bajo el ojo científico y supervisión de los mejores en el ramo. Los restauradores se retiraron satisfechos de su trabajo , para continuar con otros proyectos.
Llegamos a octubre 27 de 1986. SS Juan Pablo II anuncia el evento de Asís, a bombo y platillo: 130 líderes religiosos de todo el mundo se reunirián para orar, cada quién por su cuenta, por la paz mundial.
Hubo una amalgama variopinta de hábitos, formas, vestuarios, sabores, colores y olores, donde se aglomeraron católicos, ortodoxos, musulmanes, judíos, budistas, shintoístas, cismáticos, protestantes, hinduístas, shamanes y hasta médicos brujos… y a cada quién le dieron su arbolito.
"...(el Espíritu) se manifiesta de modo particular en la Iglesia y en sus miembros; sin embargo, su presencia y acción son universales, sin límite alguno ni de espacio ni de tiempo" (Juan Pablo II, Redemptoris missio).
Nacía el “espíritu de Asís”. Algunos se opusieron firmemente, inclusive mostrando un abierto boycott, como el entonces cardenal Joseph Ratzinger, para su crédito. Pero el daño ya estaba hecho. Se profanaron los altares, se degollaron gallinas, se puso la estatua de un Buda, se oró con dirección a La Meca, se echaron fuera los crucifijos, se taparon la imágenes sagradas.
Despúes de pasar el evento, el padre Divo Barsotti, teólogo místico y confesor de los últimos papas, escribió dos veces a SS Juan Pablo II, de que había visto una foto del Dalai Lama en Asís 1986, siendo venerado por católicos y que existía el peligro de nublar la distinción y que la gente se extraviara y perdiera la identidad cristiana en la confusión. Todo fue inútil, vendrían todavía Asís 1993 y 2002.
El 26 de septiembre de 1997, dos temblores de tierra afectaron la Italia central. El de las 2:20 A.M., 5.5 en la escala Richter. La Basílica de San Francisco de Asís resultó dañada. Un grupo de líderes cívicos y religiosos se apersonó en la Basílica para estimar los daños a la bóveda y a los murales. De repente, a las 11:30 A.M. vino el segundo temblor , más fuerte que el anterior, derrumbando completamente la bóveda toda, que se vino abajo, destruyendo el Altar Mayor y matando 2 monjes franciscanos y dos inspectores. Dos murales, “Los cuatro evangelistas”, de Cimabue y “Los cuatro doctores de la Iglesia”, de Giotto se hicieron polvo y se perdieron para siempre. Otros murales también resultaron dañados. 11 muertos, 100 heridos, 100 000 desplazados, 2000 casas destruidas.
Mientras tanto, el papa Juan Pablo II no estaba en Roma, sino en Bologna, en un congreso Eucarístico. Y al día siguiente asistía en platea preferencial en el mismísimo escenario , a un concierto de Bob Dylan, cantante folk muy popular. Junto con 250 000 delirantes espectadores, el Santo Padre escuchó las canciones más famosas de Dylan, “Knockin’ at Heaven´s door” y “A Hard rain’s a-gonna fall”.
Los ingenieros “periti” determinaron finalmente que la bóveda de la Basílica de San Francisco se colapsó debido a los trabajos de restauración efectuados en los 60´s. Además descubrieron que el concreto es más propenso a quebrarse en un terremoto, debido a su falta de elastidad y plasticidad, a diferencia de como lo habían hecho las cruces de vigas de humilde madera por tantos siglos.
I.S.

sábado, 13 de agosto de 2011

Personajes literarios


En la conocida novela de Evelyn Waugh, Retorno a Brideshead, uno de los personajes mejor logrados es el de Rex Mottram.

Mottram es un empresario canadiense, un "nouveau riche" que quiere hacerse un lugar entre la alta sociedad británica desposando a una joven heredera, en este caso a lady Julia Flyte. Es ella hija de una vieja familia, venida a menos por las excentricidades del padre y el catolicismo cerrado de la madre; el patrimonio familiar, una mansión en Londres y un palacio en la campiña están comprometidos. No es una muchacha demasiado bella y ya no es tan joven, por lo demás, una inyección de dinero no se desprecia, por lo que para la escéptica Julia este casamiento es conveniente.

El problema es que Rex no es católico. Cosa que a éste no le preocupa demasiado. Hará lo que haya que hacer para hacerse católico.

El caso es que lo envían con el Padre Mowbray, amigo de la familia. Luego de un rápido cursillo, Mottram parece listo.

El cura lo somete entonces a un rápido cuestionario, una mera formalidad. Y he aquí el relato, tal cual lo refiere a Lady Marchmain y su hija Julia.
Entonces le pregunté: '-Suponiendo que el Papa mirara hacia arriba y viera una nube, y dijera: «Está por llover.», ¿debería eso suceder?' '-Oh, sí, Padre.' '-¿Pero supongamos que no llovió?' Pensó un momento y dijo: 'Supongo que sería una especie de lluvia espiritual, sólo que seríamos demasiado pecadores para verla.'
Esto nos recuerda a un lugar de la blogósfera cuyo nombre no quiero acordarme donde cierto bloguero sostiene sin empacho afirmaciones tan disparatadas como las de arriba... o peores.


Es una especie de locura que agarra al neocón extremo cuando queda en estado de éxtasis permanente después de pasarse años leyendo encíclicas juampablistas y apologética yanqui. Podemos llamarlo el «síndrome de Mottram»... o «de Arráiz» que es lo mismo.



viernes, 12 de agosto de 2011

Espiritualidad laical: el deber de estado es un culto


Continuamos con con la publicación de textos de Sertillanges.
El cristiano debe considerar igual estar en su Banco, en su oficina, en su fábrica, en su finca o en el cielo, pues en todas partes encuentra a Dios. El trabajador cristiano es un adorador... yo diría que un sacerdote. Una mujer que cose con espíritu elevado me sugiere la imagen del destino uniendo las fracciones de la eternidad, y sus tijeras —cayendo en el silencio suplicante— despiertan en mí el recuerdo del toque emocionante de las horas en una Iglesia durante una ceremonia. Establecida la armonía entre el alma y aquello que permanece no hay más que vivir plenamente y poner todo nuestro ser en nuestra obra para de este modo formar parte de lo eterno.
Es una aberración de consecuencias incalculables disociar la vida religiosa de la vida doméstica o profesional. Todo lo que pertenece al hombre es religioso o debe serlo. Me gusta mucho aquella observación de Barrés en sus Cahiers. Contemplando de lo alto de una colina los terrenos de cultivo, escribía: «Tapices amplios, tapices de oración. La oración de cada familia: el pan nuestro de cada día, dánosle hoy».
Se ha reprochado a nuestros clásicos el separar en sí mismos, sintomáticamente, por decirlo así, al autor, al hombre y al cristiano. Esté o no fundado el reproche, más que ellos mismos lo merecemos nosotros, si de hecho separamos —aunque no sea por sistema— al hombre, al cristiano y al profesional de cualquier oficio. El antídoto para tal separación será la noción cristiana del deber de estado.
Noción que descubre el espíritu profesional que rige la obra, pero no al hombre; noción que otorga su lugar correspondiente al espíritu humanista tal como lo conciben Erasmo y Montaigne, espíritu que se refiere al hombre, pero no al cristiano; noción que, sin embargo, se reserva en propiedad el espíritu religioso que impregna de sobrenaturalidad a la nueva naturaleza adaptada y hecha con ello más pura, poniéndose de este modo en condiciones de regirlo todo.
¡Cómo aumentaría nuestra mutua comprensión, y cuántas objeciones desaparecerían si se tuviera en cuenta que la Religión no se propone otra cosa que arrancar y transformar en nuestra vida todo aquello que la extravíe o la amenace!
¿Y por qué ha de transformar sólo alguna cosa siendo así que lo transforma todo? La transformación es la transfiguración de nuestra vida por medio de la sublimación de sus inspiraciones y de la prolongación hasta lo infinito del fin último de sus anhelos.
Mucho tiempo ha que lo dijo el sabio hindú: «El hombre que está satisfecho de su deber, sea el que sea, llegará a la perfección. Escucha, no obstante, cómo llegará. El hombre consigue su perfección glorificando en sus obras a Aquel de quien todos los seres proceden y por quien este Universo ha sido creado. Prefieren cumplir su deber, por muy bajo que sea, antes que el ajeno por mucho que éste le aventaje; y es que no puede pecar el hombre que realiza una obra derivada, por decirlo así, de su propia naturaleza». Ahora bien; ¿será menos sabio que el que esto dijo, el fiel que ha sido ya prevenido por Cristo y escudado por la Iglesia con su doctrina?
No basta —si es que se ha hecho así— que únicamente estén impregnados del espíritu evangélico aquellas facetas de nuestra vida consagradas al culto; es preciso que lo esté nuestra vida entera. Y el deber de estado es precisamente un verdadero culto; es el culto de los días laborables; es la plegaria incesante que Cristo nos pide, siempre que trabajemos en su nombre.
El cristiano que lleva adelante sin desmayo y lo mejor que puede esta vida que Dios le otorgó; que cumple su deber en el hogar, en el astillero, en su estudio o en su despacho de negocios, en el cuartel, en la redacción, en la sociedad y aún en el estadio y en el mismo juego, y que lo hace todo con verdadero espíritu religioso, es decir, con el fin de dar gloria a su Creador y de acercarse más y más a El con los suyos y con todos, a través de la existencia, éste hombre, este cristiano, no cesa de orar; para él se dijo: el que trabaja ora; si bien debe también recordar a su debido tiempo que este proverbio tiene su correspondencia: el que ora trabaja.
La vida es una, pero una en Dios. Dios nos la dio, El que se da a sí mismo en lo más íntimo del corazón y espera entregarse algún día en toda su plenitud. En consecuencia, ningún progreso se presenta hoy tan necesario como éste: esclarecer plenamente en nuestra alma las exigencias de nuestra vida cristiana respecto de nuestras labores cotidianas, de nuestra vocación humana y del lugar que cada uno de nosotros ocupa acá abajo.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Paul Aulagnier: “Hoy monseñor Lefebvre aceptaría un ordinariato”


Quizás pudiera parecer confuso el título que ilustra esta entrada; su pertinencia es meramente referencial, para indicar al blog de Infocatólica al que hace referencia. Es una obviedad decir que cada uno en su blog escribe, edita y censura lo que le parece. Sin embargo, hay que hacer ejercicio de caridad. Para el que esto escribe, el autor del blog al que hacemos referencia, le parece buen chico, probablemente con competencia profesional, y con el que seguramente sería agradable tomarse una cervecita antes de comer. Por esa razón, la caridad me compele a señalarle que debiera aconsejarse un poco o informarse más a la hora de escribir ciertas cosas. Vamos a los hechos. Se dice en la parte final de su entrada: “Porque la oferta no parte ideada de un cardenal, no. Es Pedro quien está llamando a sus hijos pródigos a la Iglesia. Bien haría el resto de la misma de no actuar celosamente, pero bueno, ese es otro tema. Creo que de aquí al 15 de septiembre tenemos mes y diez días para la oración, para que la Iglesia sea generosa con la FSSPX y ésta renuncie a la estrategia de querer ser más “papista que el Papa". Cierto, algunos denunciarán este “acuerdismo", pero esos son los que están más cerca de las puertas. Creo que todo ser sensato seguiría a Monseñor Fellay si se reconociese un estatus canónico para la Hermandad. De los otros, no puedo hablar”.
Reaparecía el pana Arráiz indicando en los comentarios: “Al leer los extractos de esta entrevista sigo viendo el mismo problema fundamental de los lefebvristas, y es creerse la encarnación de la Tradición.
Comentarios como `si Roma quiere solucionar las cosas con la Tradición´ son completamente desacertados. No es Roma la que tiene problemas con la Tradición, son los lefebvristas los que con una noción imperfecta de la Tradición rechazan los legítimos desarrollos de la doctrina cristiana.
Luis Fernando comenta que "el modernismo es el mejor apologeta de la FSSPX, pero sucede también lo contrario, la FSSPX es el mejor apologeta en pro del modernismo”.
Algunos otros comentarios carecen de desperdicio: “Y los seguidores abiertos o de corazón de Monseñor Lefevbre van a reconocer TODA la autoridad de Roma, su magisterio y el rito ordinario? Lo dudo. El Papa nos ha invitado a que aceptemos el rito extraordinario como UNA forma de celebración. Los amigos de Lefevbre aceptarán el Novus Ordo? Vuelvo y lo dudo”.
Otro:Mire como se mire, oingan como se pongan, el grupo lefrebviano tiene que pasar los largos años del desierto del arrepentimiento, el largo puente de la penitencia y la purificación. Ordenar obispos y sacerdotes en contra del deseo del Pontífice(que es lo que hizo Lefebvre) es de suma gravedad”.
Vinuesa plantea la solución del ordinariato apelando a las declaraciones de un ex miembro de la Hermandad de San Pío X, que desde el 2006, con el Abbé Laguerie y otros, dejaron la Hermandad para iniciar lo que conocemos como Instituto del Buen Pastor. Un ejemplo de regularización pacífica y de mesura eclesial. Hemos visto cómo algunos comentaristas señalaban que el problema de la Hermandad de San Pío X es “creerse” la encarnación de la Tradición, o que han de transcurrir años de penitencia pública hasta ser regularizados canónicamente, en el frío invernal de las puertas de Canossa. Que en la Hermandad de San Pío X hay gente soberbia, arrogante o prepotente no es de lo que se disputa. Las virtudes personales no suelen ser motivo de censura canónica u obstáculos para una situación regular en la Iglesia. Kiko Argüello se cree la encarnación de la Iglesia primitiva y de los documentos del último concilio y nadie le abre un proceso por ello.
Pero profundicemos un poco más. Ya son varias las veces que Vinuesa apela al Instituto del Buen Pastor como ejemplos de “tradicionalistas” en situación armónica y regular por la Iglesia. Entiendo por ello, que no tendrá inconveniente en aceptar que los mismos pasos que se dieron con el IBP se den con la FSSPX, ¿verdad?. Pues veamos. El Abbé Aulagnier, hace unos años, escribió un libro sobre la Misa, bastante difundido en ambientes de la Hermandad titulado: La causa de nuestro combate. La Misa católica. Puede consultarse en edición digital en diversos lugares. En esa obrita, Abbé Aulagnier dice cosas como esta: “Ahora bien, en el documento doctrinal de la "Institutio Generalis" no se habla nunca de la presencia real, substancial; no se habla nunca de la cesación completa de la substancias, de la conversión de la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo. Por consiguiente, este texto doctrinal, el cual, según el mismo Papa Pablo VI, toma sus ´líneas directrices del Concilio mismo´, merece una condenación más grave que la que Pío VI dirigió al Sínodo de Pistoya”. Algo más: “Descartemos también ese intento que reaparece continuamente en la Institutio Generalis de introducir expresiones que debilitan la oposición al protestantismo y el sentido sacrificatorio de la Misa, nociones tales como ´cena del Señor´, ´memorial del Señor´. Esto es muy grave pero, dejémoslo de lado”. Otra más: “Pero la parte principal, esencial, del Canon, es decir, la Consagración, no es dicha por el sacerdote en nombre del pueblo presente, sino es pronunciada por el sacerdote exclusivamente en nombre de Nuestro Señor Jesucristo. No podéis admitir sobre ese punto ninguna duda. De modo que lo podéis ver otra vez, ahí se contiene, insidiosamente, una tesis protestante.” Sus conclusiones no dejan su posición en términos ambiguos: “La crítica hecha a esta reforma litúrgica, según su texto doctrinal, os habrá hecho comprender con toda claridad que la reforma litúrgica se aleja de la doctrina católica y, en consecuencia, nos obliga a insistir sobre la sospecha legítima que alcanza a los actuales detentadores de la autoridad apostólica”.
Cuando se regulariza el IBP, no hay constancia alguna de que el Abbé Aulagnier se haya retractado de sus anteriores escritos, ni de que la Santa Sede le haya conminado a ello. Es más, en sus estatutos, aprobados –como ya es sabido- por la Santa Sede, podemos leer: “una entera fidelidad al Magisterio infalible de la Iglesia. Desde un punto de vista doctrinal, conforme al discurso del Papa Benedicto XVI a la Curia Romana el 22 de diciembre de 2005, los miembros del Instituto, son llamados a una ´crítica seria y constructiva´ del Concilio Vaticano II (Estatutos: II, §2)”. No hay Canossa, no hay penitencia pública, no hay mandato de retractación: crítica seria y constructiva del Concilio Vaticano II. Alguno pensará que esto se puede interpretar de mil maneras, y que ahí se da una aceptación global del concilio y una crítica constructiva de las reformas postconciliares. Veamos lo que decía el Abbé Laguerie al respecto –sin que se conozca al respecto ninguna rectificación exigida por parte de la Santa Sede- en el sermón del 10 de septiembre de 2006 en la Iglesia de St. Eloi, en Burdeos, encomendada al nuevo instituto: “Hay cuestiones teológicas puntiagudas, en particular aquellas concernientes al Concilio Vaticano II. Sobre este punto tenemos la obligación, también, lo que es inesperado, de trabajar, bajo la conducción del Papa, pues solamente él puede hacer eso, de restablecer la autenticidad de la doctrina católica. […]
Quiero decir con esas palabras que todo lo que hay de ambiguo, y hasta de falso
[en el Vaticano II] debe ser restablecido por nosotros, teniendo en vista dar por fin una auténtica interpretación de ese Concilio. Lo que supone de otro lado que esa interpretación no existe aún totalmente, y voy dar algunos ejemplos: la libertad religiosa hizo correr mucha tinta, ustedes lo saben, y efectivamente, hay cosas aparentemente y textualmente contradictorias con el Magisterio precedente. El Papa Benedicto XVI, cuando era aún el Cardenal Prefecto da Congregación para la Doctrina de la Fe, rectificó esa doctrina, cuando estuvo en la Argentina en 1988, por ocasión de las consagraciones hechas por Monseñor Lefebvre”. Ambigüedades y falsedades atribuidas al último Concilio, rectificación de la doctrina…;
le preguntaría varias cosas Don Vinuesa y a sus comentaristas: a) ¿Suscribe usted la interpretación de Laguerie y Aulagnier, la cual no ha sido puesta como obstáculo para la regularización canónica del IBP?; b) ¿Suscribe que el mismo procedimiento tomado con el IBP se siga con la FSSPX?;c) Dado que suele ejemplificar al IBP como solución deseable para la FSSPX, ¿Por qué al tratar de la Hermandad se exigen cosas que en su momento no se le exigieron al IBP?

martes, 9 de agosto de 2011

De re matrimoniali (II)


2. El fin del matrimonio. El fin principal del matrimonio es la procreación y educación. Para la Tradición, lo esencialísimo, es lo que Santo Tomás denomina intentio prolis, con expresión precisa, pero no siempre bien entendida. Es esencial la ordinatio ad prolem, no el resultado genésico. Si se hiciera del resultado procreativo lo esencial, el matrimonio de los estériles sería nulo, la esterilidad sobreviviente justificaría la separación y el acto sexual de los cónyuges infértiles sería intrínsecamente inmoral. Los hijos son un don, no pueden ser considerados como objeto de propiedad, lo que conduciría a un pretendido «derecho al hijo».
3. Medio virtuoso. Los teólogos indican que la virtud se sitúa entre dos extremos viciosos, uno por defecto y otro por exceso (in medio virtus); siempre añaden que no hay que confundir el término medio con la mediocridad. La sobriedad en la comida, por ejemplo, no exige una determinada medida para todos, sino proporcional, según la edad, fuerzas y necesidades de cada uno.
Desde esta bitácora criticamos a Iraburu cuando dijo que a la desobediencia post-conciliar había que oponerle una obediencia extrema, no porque lo dijera él, sino porque va contra la naturaleza de la obediencia como virtud moral. De modo semejante, la castidad conyugal, también consiste en un medio virtuoso, y por eso criticamos el procreacionismo extremo.
4. La función de la prudencia. La determinación del medio virtuoso concreto de la castidad conyugal para cada matrimonio corresponde a la virtud de la prudencia. No es un medio matemático que se pueda cuantificar. Ciertamente, la prudencia es una virtud difícil.
Se puede renunciar al juicio prudencial: delegarlo en otra persona, institución, movimiento, etc.; sustituirlo por un criterio casuístico o por una pauta cuantitativa. Esa renuncia puede parecer más «generosa», «esforzada» y hasta «tradicional». Pero se eludiría el martirio de la conciencia personal.
Es también una confusión asimilar la prudencia con el mero cálculo utilitario, una planificación de costes y beneficios. Sin embargo, la prudencia virtuosa incluye la providencia humana de los padres respecto de su descendencia. Y el campo de la providencia humana se ha ampliado, singularmente a partir de la década de 1930, y es posible que sigua creciendo como consecuencia del avance del conocimiento científico. Dios es Autor de la naturaleza, de los ciclos de fertilidad e infertilidad, y ha dotado a los hombres de una inteligencia capaz de conocerlos.
5. La ley del péndulo. Fruto del agere contra, mal entendido, se pretende combatir un error con otro contrario. Así, contra el individualismo, se puede proponer el totalitarismo; contra la erotización de la vida, el puritanismo; y contra la mentalidad contraceptiva, el procreacionismo imprudente.
No se ayuda a salir de un error promoviendo otro de signo contrario, aunque sea menos grave. Hay que exponer la verdad completa y mostrar los posibles errores.
6. Providencialismo. Por confiar en la Providencia no se debe dejar de obrar prudentemente. San Pablo lo dijo con claridad: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. No es recto el abandono en la Providencia cuando se descuida el deber del momento presente; la providencia humana es participación de la divina en una criatura racional. Está en el plan de Dios que crezca el ámbito de la providencia humana de acuerdo con los descubrimientos científicos, en la medida de las posibilidades de cada uno, claro está.
7. La voluntad de Dios. Sería bueno saber cómo conocen la voluntad de Dios los que la invocan en defensa del procreacionismo imprudente. La voluntad divina significada no se ha expresado nunca con un mandato positivo de procrear sin otra consideración. Dios ordena al hombre que cumpla su voluntad de manera ajustada a su naturaleza racional.
«La fecundidad ideal es la fecundidad racional, por la que los hombres ponen en el mundo tantos hijos como pueden educar de manera sana. Este principio es evidente. La moral somete la acción humana a la razón; el instinto sexual, como todo instinto, tiene que estar sometido a la razón, y la fecundidad, por ser consecuencia de las relaciones sexuales, tiene también que doblegarse al imperio de la razón» (LECLERCQ, J. LA FAMILIA SEGÚN EL DERECHO NATURAL. 4ª ed. francesa, 1958; trad. esp. Ventosa, Herder, 1961. P. 202).
8. Fideísmo. Otros han hablado de la fe sencilla, para oponerla a la Teología, a los argumentos de razón, etc. ¿Quién les ha dicho que negándose a pensar serán «más Tradicionales»? El fideísmo está condenado por la Iglesia.
9. Imitación de los santos. La Iglesia propone a los santos para que sean imitados en sus virtudes. No para que se copien maquinalmente los actos de su vida. La Sagrada Familia, modelo de familias cristianas, tuvo un sólo hijo. ¿Acaso es un modelo menos perfecto que la familia numerosa?
10. La mentalidad anticonceptiva. En la entrada anterior rechazamos la mentalidad anticonceptiva de manera expresa, advertimos sobre peligro del egoísmo y la falsa prudencia, resaltamos la importancia de la objetividad y seriedad de los motivos suficientes, etc. En el primer enlace a Pío XII, además, hay una condena fuerte del anticoncepcionismo hedonista. En una bitácora no se pueden tratar todos los temas y mucho menos de manera exhaustiva. Podríamos dedicarle muchas entradas, pero no estamos seguros de tener algo nuevo para agregar a lo ya publicado en miles de páginas.
11. Métodos naturales. No animamos a usar de los «métodos naturales» como si ello fuera un deber moral absoluto. Tampoco nos parece correcto que se los promueva con ligereza, mediante una publicidad frívola; que se destaque unilateralmente su «alta eficacia» con desmedro de su dimensión moral; que se insista en aspectos muy contingentes; que no se mencione la mortificación que implica su uso, etc.
12. La familia numerosa. La Iglesia enseña que el celibato y la vida consagrada, como estados, son superiores al matrimonio. Pero en concreto, para cada uno, lo mejor es lo que Dios le ha concedido; porque ni el celibato, ni los consejos evangélicos, son un precepto. De modo semejante, la enseñanza de la Iglesia elogia a la familia numerosa, como un bien para la familia misma, para la comunidad y para la Iglesia, pero no la impone como un precepto. Vienen al caso las palabras del afamado cardenal Billot: «Es totalmente falso que todos los hombres deban ser invitados sin discriminación a las cosas que son mejores en sí mismas. En el orden de la Providencia de Dios no existe lugar para esa fantasía que la gente llama igualdad. Por el contrario, de la desigualdad de clases, profesiones, oficios y otras cosas de este tipo, surge la perfección necesaria del cuerpo social».
13. Procreacionismo neocon. La gran contradicción de los movimientos neconservadores que se instalan en el procreacionismo extremo está en disociar la moral familiar de la acción social y política. Promueven la familia numerosa al mismo que tiempo que colaboran activamente en la edificación de un orden social y económico que la hace cada vez más difícil: condiciones de trabajo extenuantes y sueldos indignos; supresión o recortes en el salario familiar; pérdida de beneficios para las familias numerosas; viviendas impagables, objeto de especulación financiera; etc.
14. La fotos. Para elegir las fotos buscamos alguna relación, unas veces remota, y otras un tanto arbitraria, con el contenido de la entrada. Si hubiéramos puesto a una familia con muchos niños, alguno habría dicho que estamos en contra de la familia numerosa. Lo mejor hubiera sido no colocar foto alguna. Esperamos que la de hoy no hiera las susceptibilidades de nadie.

lunes, 8 de agosto de 2011

De re matrimoniali (I)


La entrada sobre el procreacionismo irresponsable ha dado lugar a un debate que juzgamos interesante. Hay que reconocer que el título causó malas impresiones y que el uso del término irresponsable ha sido poco feliz. Por responsable queremos significar prudente, lo que puede tener por consecuencia tanto una familia numerosa como una limitación legítima de la prole. Mejor hubiera sido caracterizar al procreacionismo criticado como imprudente, aunque tememos que el significado de la prudencia esté también muy alterado por el utilitarismo dominante.
La entrada ha servido para que salieran a la luz algunos errores que no son exclusivos de los movimientos primaverales. Por caridad hacia los errantes, sin ira, y abiertos a toda réplica razonable, vamos a señalarlos. Por razones de espacio, dividiremos el tema en dos partes. La primera es la que se publica hoy; la segunda, se publicará mañana, y estará abierta a los comentarios.
1. Sobre el Magisterio y la Teología anterior al Vaticano II. Para elaborar la entrada sobre procreacionismo no hemos tenido en cuenta al Vaticano II, ni a los documentos posteriores, a punto tal de que algún lector nos objetó, no sin razón, el habernos saltado la Humanae vitae y los documentos posteriores. Ha sido una omisión deliberada. Se nos podría acusar, con toda justicia, de haber cristalizado el Magisterio en Pío XII y clausurado el desarrollo de la Teología a sus comentadores pre-conciliares.
Volvemos a exponer los puntos fundamentales, con nuevas citas, en un intento por mejorar lo anterior:
Primero. Hay una diferencia radical entre la anticoncepción y la abstinencia en el uso del matrimonio; puesto que la primera es absoluta e intrínsecamente inmoral; mientras que la segunda es de suyo lícita, porque el acto, en lo que depende del hombre, se realiza con normalidad, sobreviniendo el fallo en la generación por defecto de la naturaleza.
Segundo. Con un motivo suficiente se considera lícito que los cónyuges recurran a la continencia periódica. En las enseñanzas de Pío XII, esos motivos, poseen naturaleza diversa (médica, eugenésica, social, económica), son en verdad «bien amplios» y se presentan «no raras veces».
«Para asegurar, por tanto, la licitud [del método de la continencia periódica] se deberá atender a la intención de quien la practica. Si tal intención es la de excluir de manera sistemática y egoísta la procreación, aquel método es irrazonable y no puede siquiera ser “casto” (puesto que la castidad consiste en adecuar la sexualidad a sus fines providenciales)… Si, en cambio, la intención es la de retrasar la procreación en presencia de motivos proporcionados y mientras duran tales motivos, esto es, la intención del todo razonable, e incluso obligatoria, de regular la fecundidad según las normas de una castidad cristianamente prudente, entonces la actividad sexual que se sigue, aunque restringida a tiempos infértiles, no sólo respeta el orden moral intrínseco, sino que es también casta en su finalidad porque no excluye sin razón el don procreativo: si, por tanto, se presentan “serios motivos, como los que no raras veces existen en la llamada indicación médica, eugenésica, económica y social. De aquí se sigue que la observancia de los tiempos infecundos puede ser lícita bajo el aspecto moral; y en las condiciones mencionadas es realmente tal.” [Pío XII, 29-X-1951] No vale la pena, tal vez, enumerar exhaustivamente los motivos singulares que justifican la aplicación del método: “enfermedad, grave debilidad de la madre, serio peligro de aborto, de un parto muy difícil, graves trastornos a causa del embarazo, angustia morbosa por un nuevo parto; probabilidad de una prole con deficiencias físicas o psíquicas; número muy grande de hijos con la siempre creciente dificultad o imposibilidad de darles una educación conveniente (también la educación pertenece al fin primario del matrimonio); pobreza, desocupación, enfermedad o ausencia del padre; vivienda demasiado estrecha o carencia total de una vivienda decente, etc., etc.” [Cfr. J. VISSER, CSSR., Continenza periódica: in Problemi di vita coniugale, Roma 1955, p. 189.].» (Cfr. CABRA, P. - GOFFI, T. Enciclopedia del matrimonio. Queriniana, Brescia. 1960. Ps. 534-535. La traducción nos pertenece.)
La clasificación de los motivos del papa Pacelli no se consideró exhaustiva, razón por la cual los diferentes autores variaban en la cantidad de ejemplos propuestos.
Tercero. El rigorismo, en este asunto tiene su historia:
«Muchos manuales trataron el asunto [de la continencia periódica, durante las primeras tres décadas del siglo XX]. De hecho entre los manualistas había una gran unanimidad en la conclusión práctica de que la práctica sistemática de la continencia periódica con la intención precisa de evitar la concepción era objetivamente lícita, con tal de que los cónyuges tuvieran razones legítimas para esta práctica....
Después de la Casti connubii al final de 1930, con su referencia permisiva al uso de los períodos estériles, el problema de la continencia periódica volvió a tratarse en serio por los teólogos... Una pequeña minoría defendía que el practicar la continencia periódica, por lo menos durante mucho tiempo, sin una razón legítima era pecado mortal. Pero no había ninguna base que permitiera al confesor imponer esta opinión al penitente, teniendo en cuenta que la opinión opuesta, de ser solamente pecado venial, era obviamente probable y sostenida por mayor número de teólogos. Consecuentemente, para la práctica del confesionario, había un acuerdo general en este punto...» (Cfr. FORD, J.; KELLY, G. PROBLEMAS DE TEOLOGIA MORAL CONTEMPORANEA. Vol. II. Santander, 1962. Ps. 339-341
Gracias a las intervenciones de Pío XII ya citadas (octubre y noviembre de 1951), el rigorismo comenzaría a declinar, aunque sin desaparecer por completo. No podemos extendernos más sobre esta cuestión histórica, pues excedería los límites de esta modesta bitácora. El lector interesado encontrará un amplio panorama en la obra ya citada de los pp. Ford y Kelly (Cfr. ps. 333-404).
Cuarto. Royo Marín, en la edición de 1965, anterior a la Humanae vitae, dio el mismo juicio moral que luego repitió en ediciones posteriores. Consideró la cuestión sobre la moralidad del motivo insuficiente de libre discusión entre los teólogos. Puede consultarse aquí.
Conclusión. Nuestra exposición no se ha apartado en nada del Magisterio pre-conciliar, ni ha hecho una presentación sesgada de la Teología moral de la época. Nos sorprende que en algunos comentarios no se haya logrado ver el problema moral de la continencia periódica en su doble aspecto:

- positivo, cuando se tienen motivos suficientes, y la continencia periódica puede ser virtuosa y meritoria;
- negativo, cuando no se dan motivos suficientes, y entonces la continencia puede ser una imperfección o un verdadero pecado.